Peor para la verdad

Crisis electoral en Honduras

El resultado de las elecciones presidenciales en Honduras celebradas el pasado 26 de noviembre ha derivado en una crisis política y social que llevó incluso la implementación de toque de queda ante los disturbios ocasionados por las manifestaciones de protesta que llenaron calles de la ciudad de Tegucigalpa.

El Presidente de Honduras y aspirante a la reelección, Juan Orlando Hernández, contendió contra Salvador Nasralla, candidato de la Alianza de Oposición contra la Dictadura, en una cerrada competencia en la que el Tribunal Supremo Electoral anunció con varios días de retraso la ventaja del mandatario, con un 42.98%, frente al 41.39 del candidato opositor.

La actuación de la autoridad electoral de Honduras es la que ha estado en el ojo del huracán, porque el retraso con el que dio el resultado generó un clima de tensión e inconformidad que se expresó en manifestaciones públicas que tuvieron que ser controladas por las fuerzas de seguridad.

Las impugnaciones que se han presentado estarían obligando a una revisión prácticamente completa de las actas, con el agregado de que Nasralla ha solicitado la realización de una segunda vuelta electoral, figura que no está contemplada en la Constitución hondureña.

A esta posición hay que añadir que la misión de observadores de la OEA ha determinado en su informe que ante el estrecho margen de los resultados, así como las numerosas irregularidades y problemas que rodearon al proceso electoral, no le permiten tener certeza sobre los resultados.

Ante esta situación, los gobiernos de Argentina, Chile, Colombia, Guatemala, México, Paraguay, Perú y Uruguay hicieron un llamado conjunto a la población hondureña a que esperen de manera pacífica el recuento de los votos y expresaron su apoyo a la gestión del Tribunal Supremo Electoral.

Ahora, lo que falta esperar es una actuación responsable de sus líderes, para que en el marco de la ley se pueda contar con un resultadoelectoral legítimo, mismo que debe de ser aceptado por ambos candidatos.

Nuevamente, el fantasma del fraude electoral y la desconfianza en las autoridades está obstaculizando el mandato de las mayorías. La democracia no puede consolidarse si no cuenta con autoridades electorales fuertes y con autoridad moral. No se debe permitir que el cuestionamiento a su actuación genere molestia social, ¿no cree Usted?