Peor para la verdad

Canadá: lecciones de democracia

Esta semana se celebraron elecciones en Canadá, donde ganó el candidato del Partido Liberal Justin Trudeau, con una amplia mayoría, con lo que se convertirá en el próximo Primer Ministro, al haber obtenido 39.7% de los votos y 183 de los 338 escaños de la Cámara Baja del Parlamento.

 Su opositor y Primer Ministro saliente, Etephen Harper, reconoció el mismo día su derrota y ofreció su completa cooperación para la transferencia del poder, al mismo tiempo que su partido, el Conservador, emitía un comunicado donde informaba de la dimisión de su líder, John Walsh.

 La postura de ambos políticos demuestra como después de una contienda, en una democracia se deben de respetar los resultados y aceptar que la voluntad popular es la que manda, premiando y castigando con el sentido de su voto.

 La madurez de ambos, pero sobre todo del líder conservador, es de reconocerse. Una derrota no puede ni debe de disfrazarse o utilizarse. Es un resultado reprobatorio a una gestión o a un mal trabajo. Eso lo evalúan los electores y el sufragio es la calificación.

 La llegada de un liberal al poder en Canadá permitirá que la relación bilateral mejore, porque en los últimos años no ha pasado por su mejor momento, como lo demuestra la decisión de imponer visas para viajes de turistas, requisito que antes no existía.

 Debemos reconocer que a pesar de la importancia comercial que tiene nuestra relación con Canadá, siempre queda relegada a un segundo plano por el papel que tiene Estados Unidos. Pero en estos momentos de diversificación económica, habrá que voltear más al norte y pensar en Canadá.

 Además, hay que reconocer que los electores le están dando total apoyo al nuevo Primer Ministro, ya que también contará con una cómoda mayoría en el Parlamento, lo que le permitirá gobernar prácticamente con su partido.

 Ese escenario, que es tan proco frecuente en los resultados electorales de la mayoría de las democracias modernas, en donde no es común obtener cheques en blanco por parte de la población, deberá de ser aprovechado por los liberales, que tienen la enorme oportunidad de demostrar en los hechos porque pueden marcar la diferencia.

 Ojalá que estas estampas de procesos democráticos sean vistas y entendidas en México, en donde en la consolidación de nuestra democracia, aún seguimos estancados en los reclamos poselectorales, poniendo piedras en el camino a los ganadores y tratando de desligitimar a los adversarios. Desde la sociedad, debemos de poner el ejemplo y decirles que una vez terminadas las campañas, cada quien se ponga en el lugar que les corresponde y que se esperen hasta las próximas elecciones, ¿no cree usted?