Peor para la verdad

Caminos de Michoacán

Michoacán continúa siendo el centro de atención nacional.

Primero por el nivel de violencia que generó la presencia del denominado cártel de los Templarios, que dominaban regiones completas de la entidad.

El surgimiento de autodefensas desde hace meses agravó la situación, que generó el nombramiento de un Comisionado especial por parte del Gobierno Federal.

Si bien es cierto que durante las semanas que lleva el operativo encabezado por el Comisionado Castillo, municipios completos han dejado de ser territorios de los “templarios” para pasar a la custodia del ejército, restableciendo el Estado de Derecho que había sido vulnerado. 

En esta tarea, las autodefensas han sido un factor importante, en principio por el conocimiento que tienen de la región, pero además porque de modo tácito las autoridades tanto locales como federales las reconocieron y les autorizaron operar con competa libertad, incluso dándoles crédito en las acciones que se han venido realizado. 

Sin embargo, en pocas semanas hemos visto desfilar a varios líderes de estos grupos paramilitares, en una pasarela que además se ha visto plagada de descalificaciones y acusaciones. Además, los señalamientos de supuestos vínculos con bandas criminales siempre han estado presentes. 

Ahora, el Gobierno Federal se encuentra en una situación complicada, porque la exposición mediática a la que han sido expuestos estos grupos ha llevado a que no se tenga un debido control ni de sus declaraciones ni de sus movimientos, difundiéndose ahora más la problemática que existe entre los líderes que las acciones en que se supone iban a colaborar.

Hay que recordar que el surgimiento de estos grupos denominados “autodefensas” se dio al margen de la ley, contando con armamento de grueso calibre.  

Este origen ilegal es lo que ha descompuesto su actuación, porque ahora empiezan a surgir orígenes, en los que todos se echan la culpa de los problemas que existen y ventilan los nexos delincuenciales de los adversarios. 

Hay que recordar que desde el inicio el Gobierno Federal ha exigido el desarme de las autodefensas, pero unos lo aceptaron otros no.

Esto ha generado que se señale como responsable al gobierno, señalándolo de condescendiente con unos y duro con otros, que se dicen inocentes. 

El armamento con que cuentan y la duración de este movimiento, que requiere de un fuerte financiamiento, hace difícil de creer que sea un levantamiento civil desinteresado, donde el único propósito sea salvaguardarse.

Parecería que hay otros intereses con propósitos distintos, como señalan ellos mismos en sus mutuas acusaciones. Los movimientos de autodefensas, comentamos en este mismo espacio, según experiencias en otros países como Colombia, no han tenido un desenlace afortunado.

Al contrario, los grupos civiles armados han degenerado invariablemente en grupos que generan conflictos y desestabilización social, justamente lo contrario para lo que se supone fueron creados. 

Ante la pasarela de líderes de autodefensas, que declaran lo mismo a periódicos que a programas de radio o televisión, es importante reflexionar sobre el daño que hace al Estado de Derecho su existencia, porque al final de cuentas estamos llegando a un punto en donde se empieza generar confusión porque no se sabe los intereses para los que están trabajando, además de que resulta inadmisible que se continúe con una estrategia de combate a la ilegalidad, con grupos ilegales.  

Es una situación que no podemos permitir, porque ya han surgido en otras entidades como en Oaxaca y el Estado de México, e incluso en la zona rural de la Ciudad de México, grupos de “autodefensas” que reclaman mayor seguridad.

No permitamos que así como en Michoacán todas las autoridades fueron rebasadas por la delincuencia, se replique la situación en otras entidades.  

El camino para que se restablezca la paz social en diversas zonas del país no es combatir a la delincuencia con ilegalidad, porque al final, se genera confusión y eso justamente es lo que quieren los delincuentes, para poder mover sus piezas y quedarse nuevamente con los controles de sus regiones.

No lo permitamos, ¿no cree usted?