Peor para la verdad

Brasil: vamos a hacer historia

Hablar de Brasil hoy en día es hablar de futbol, de la FIFA, de la inseguridad, así como de la pobreza, las desigualdades sociales, la marginación, las “favelas” y las grandes promesas de desarrollo por las reformas realizadas por los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff. El gigante sudamericano mantiene muy presente en la imagen al exterior su origen esclavista. Cuando Portugal se establece en América, los territorios del actual Brasil fueron trabajados por miles de esclavos que fueron traídos desde África, así como por muchos originarios, lo que devino en una mezcla cultural muy rica.  Aún hoy en Lisboa puede apreciarse el su majestuosidad, su arquitectura señorial, descuidada por el paso del tiempo y una mala situación económica. Brasil por su parte ha tenido una terrible historia de inestabilidad política, que incluyeron dictaduras militares, como en otros países sudamericanos.

Es en los años recientes cuando la estabilidad política deviene en la proyección de una mejor imagen del país, lo que le permitió atraer importantes inversiones e incluso ser considerados como sede del Mundial del Futbol y de las Olimpiadas dentro de dos años. Este Campeonato de Fútbol ha permitido a los medios de comunicación del mundo conocer más del Brasil de hoy, revisar su pasado y entender su situación actual.  Rodeado de países que no hablan el mismo idioma, su grandeza territorial, tres veces el tamaño de nuestro país, y su riqueza natural no han sido elementos suficientes para mejorar la situación económica de millones de brasileños. Las míticas “favelas”, barrios marginales con altos niveles de violencia, ahora se encuentran en una relativa paz por autogobiernos, con todo lo que esto significa. Tierra de nadie en donde el narcotráfico, el crimen y la prostitución son cosa común. Nuevamente, la contradicción de las diferencias sociales, en donde la distribución de la riqueza aún sigue esperando mejores tiempos. Pero sin embargo, a pesar de la realidad social, es merecido reconocer la contribución que ha hecho Brasil al mundo en el plano cultural, como el talento de João Gilberto, cantante y músico al que debemos la bossa-nova.  Hoy, la modernidad, la democracia, la libertad y la economía de mercado intentan ser un modelo más justo, más humano, igualador... ¿Se está consiguiendo? El mercado, ese nuevo monstruo de mil cabezas, se resiste a que la riqueza se reparta de modo igualitario, como sucede en Brasil y en muchas otras economías emergentes del mundo, incluyendo México. Porque por los orígenes de colonización de ambos países, no podemos dejar de lado una posible comparación entre el momento actual que atraviesan ambas naciones. El largo y sinuoso camino de la construcción de la democracia ha sido muy similar. Ahora la búsqueda de mejoría económica esta en la premisa de los actuales gobiernos.

La apuesta social a que se logre un mejor desarrollo está presente. Como lo están las asimetrías que existen entre ambos países. Mientras tanto, en lo que la política y la economía avanzan en sus inesperados caminos, hoy es extraordinario ver el  colorido de los aficionados del futbol apoyando a sus respectivos paises, cada uno con su identidad, folcklor, rasgos, emociones.  Resulta fascinante que la diversidad y el deporte unan al mundo, nos permita vernos más de cerca, reconocer nuestras diferencias y al mismo tiempo lo parecidos que somos desde nuestra humanidad. Cada día, en cada partido y en cada cancha de los cuestionados estadios brasileños, cada país, con su propio pasado, está viviendo los retos de su presente y sus propios esfuerzos para construir un mejor futuro. Así regresaran a sus propias tierras. A pesar de que las doctrinas económicas señalen otra cosa, cuando en competencias como la que estamos viendo gana el “no favorito”, no podemos dejar de verlo como un canto a la esperanza, que nos permite seguir luchando, porque nos recuerda que nada es previsible. Pero sobre todo, que se puede hacer historia desde la libre competencia del deporte, con buenos árbitros entre los equipos. Remontémonos a los orígenes y disfrutemos la competencia justa, la diversidad al adversario. Que viva el “fair play”, porque sólo con juego limpio es como las competencias internacionales pueden ser el ejemplo, brindándonos otra dimensión del mundo del cual todos formamos parte, ¿no cree usted?