Peor para la verdad

Autodefensas y estado de derecho

El accidente de José Manuel Mireles, líder de autodefensas en el estado de Michoacán, ha puesto en el centro del debate la multiplicación de estas organizaciones locales que han surgido en diversos estados de la República, ante la ola de inseguridad provocada por el avance del crimen organizado.

El incremento de secuestros, extorsiones, cobros de derecho de piso y asaltos ha llevado a que en al menos 13 entidades cuenten con presencia de grupos de seguridad civiles.  Evidentemente, esto es resultado de una autoridad rebasada que no ha podido brindar a los habitantes de estas zonas  condiciones de seguridad ni ha podido contener al crimen organizado.

Este fenómeno no es nuevo en nuestro país. En años pasados, tuvo lugar el surgimiento de las denominadas “guardias blancas” en el sureste mexicano.  

En otras zonas del país, como en la huasteca, se registraron casos de ajusticiamiento e incluso linchamientos.En el estado de Guerrero, las policías comunitarias son instituciones sociales indígenas, con base en sus usos y costumbres, sobre todo en poblaciones de la región de la Montaña y la Costa Chica.  

Hay que señalar que si bien es cierto que la relación de estas organizaciones con las autoridades ha sido tensa, con el paso de los años han logrado reconocimiento legal y político.

Pero los elementos que las conforman, no usan máscaras ni pasamontañas.Caso contrario al que se está generando en Michoacán e incluso en varias zonas de Guerrero, principalmente, en donde la organización de autodefensas surgen del incremento de secuestros y extorsiones, y en donde los patrullajes de estos grupos que pueden ser catalogados como paramilitares llegan incluso a la instalación de retenes o al cerco completo de comunidades.

Sin embargo, lo que ha llamado la atención tanto de la opinión pública como de las autoridades federales es el armamento con que cuentan, sobre todo en algunos municipios de la región de Tierra Caliente de Michoacán, por lo que algunos integrantes han sido detenidos e incluso son investigados por su posible relación con la delincuencia organizada.

Ante el crecimiento desmedido de este fenómeno, es importante que tanto el Gobierno Federal como los gobiernos estatales en donde se presentan estos grupos, se genere la coordinación necesaria para el restablecimiento del estado de Derecho, toda vez que ante su crecimiento, se pueden generar otro tipo de situaciones, como autogobiernos e incluso grupos de guerrillas.

En Colombia, en la década de los noventa, surgieron grupos civiles de defensa para defenderse de la guerrilla de las FARC, pero derivó en paramilitarismo que realizó incluso acciones propias de un grupo terrorista, vinculado con el narcotráfico y que terminó realizando los mismos delitos para los que fueron organizados en un principio.

Ahora que los líderes están comenzando a ser públicos, como el caso del Dr. Mireles, es el momento de sumar esfuerzos y que el Gobierno Federal pueda contar con la información que estos grupos tienen.

Lo que no se debe de permitir, es que se siga permitiendo su proliferación.  

El caso colombiano nos muestra claramente como este fenómeno puede salirse de control y generar mayores problemas que los ya existentes.

Esta situación es un llamado de atención de que la seguridad sigue siendo el principal problema de nuestro país.

Es el momento de actuar antes de que las autodefensas se conviertan en una pesadilla, ¿no cree usted?