Crónicas urbanas

Los suicidas navideños

Lo que por años fue el Servicio Médico Forense, en el DF, se convirtió en Instituto de Ciencias Forenses y cambió de domicilio, a pocos metros del primero, sobre la calle Niños Héroes, colonia Doctores. El nuevo edificio de hormigón, con varios pisos, impecable, nada tiene que ver con aquel inmueble de poco más de medio siglo y en cuya explanada aún está una escultura con la imagen de la diosa Coatlicue.

Cada piso tiene su especialidad, donde se mueven estudiantes de medicina, practicantes, peritos, psicólogos y médicos forenses, entre otros expertos, quienes realizan necropsias y estudian las causas de muerte que, aunque “paradójico”, según ha dicho el magistrado Édgar Elías Azar, “debe servir para mejorar nuestras condiciones de vida”.

Y habrá que entrar a ese piso con planchas, palanganas y camas de acero inoxidable, que el año pasado fue el destino de 4 mil 751 cuerpos, cuyas principales causas de expiración fueron mil 162 por hechos de tránsito; homicidio, mil 111; muerte natural, mil 4; suicidio, 455. De ese total general, 3 mil 844 eran hombres.

En los primero ocho meses de este año, añade la más actualizada información del Tribunal Superior de Justicia del DF, el número de suicidios fue de 334, de los cuales 274 fueron del sexo masculino. Los hombres siguen siendo mayoría en ese tipo de decisiones.

Los que están en el rango de suicidas consumados, planean su propia muerte y hacen todo lo posible por no fallar en su cometido; el neurótico, en cambio,  es el que “no tiene ganas de matarse, pero hace el intento para llamar la atención con la esperanza de que lo salven”, dice la perito en psicología forense Regina de Juambelz Asúnsolo,

No se sabe en cuál de las dos categorías podría encajar el caso del joven que en diciembre de 1970 decidió quitarse la vida con una “fuerte dosis de barbitúricos”, como describe el gran fotógrafo Enrique Metinides, quien logró captar una instantánea mientras el hombre estaba hincado con la mitad de su cuerpo sobre la tumba de su padre luego de colocar un manuscrito bajo una piedra.

“Desde que nací la vida me enseñó toda su rudeza y crueldad”, se leía en papel arrugado. “Ya tuve todo lo que ambicionaba tener, ya no deseo nada. Siempre he estado solo y solo moriré. Tengo apenas 19 años pero en esos 19 años he vivido más de ½ siglo, he vivido muy rápido ya aprendí todo lo que tenía que aprender (…)

He soportado muchos golpes y todos los había recibido fuerte, pero este último es peor y no lo puedo soportar (…)

Voy a reunirme con mi padre en la eternidad en donde no hay maldades, no existe la crueldad la avaricia ni el deseo. En una sola palabra en el Descanso Eterno.

Adiós y gracias a todos”.

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Y habrá que volver a las páginas de El Don y la Palabra. Un estudio socioantropológico de los mensajes póstumos del suicida, coordinado por el investigador Víctor A. Payá (UNAM-Juan Pablos Editor), donde estudian 672 expedientes y 121 cartas póstumas, proporcionados por el entonces Servicio Médico Forense (2012), entre los que está el manuscrito de un novio rechazado (Caso 21) que decide suicidarse el día del aniversario de conocer a su pareja:

Amanezco diferente Mariana, te quiero, te amo, te adoro, hasta el último suspiro de mí. El amor existe y mata ¿lo ves? Te cuidaré hasta el final, ya ves que sí hago todo por mi amor enfermizo, sacrifico todo por ti. Aniversario 20 de octubre de 2005, todos los aniversarios 20 lo recordarás.

Diferente es la situación de una anciana de 82 años (Caso 118) que decide quitarse la vida en el baño de su casa, donde la encuentra en posición “sedente” sobre la taza. “En el piso se observa una navaja de rasurar de doble filo”, establece el expediente. Se corta las venas “a la altura del pliegue del codo derecho, y corte en el antabrazo izquierdo”.

Deja el recado póstumo:

“Pido perdón a mi familia y a las personas que me conocen, porque tomo esta decisión. Me quito la vida porque no es posible aguantar  tanto dolor, la osteoporosis y las várices me están matando, que Dios los bendiga (firma)” 

De Juambelz Asúnsolo establece diferencias entre los suicidas que dejan mensajes póstumos.

“Está el suicida neurótico, que es el que no tiene ganas de matarse, pero hace el intento con la esperanza de que lo salven; y a veces no lo logran, les falla, algo sucede, y acaban consumando el suicidio, pero su intención real era el de llamar la atención de familiares, a lo mejor de una ex pareja, de alguien que era importante para ellos”, describe la estudiosa en su oficina del Instituto de Ciencias Forenses del DF.

—¿Y el otro? —se le pregunta. 

—Es el suicida consumado, el que sí planea y tiene toda la intención de cometerlo y es muy poco probable que alcancen a detenerlo o que lo salven cuando hace este tipo de acción; el mensaje, por lo general, tiene que ver con el motivo por el cual está realizando esta acción: pueden ser mensajes con la intención de culpar a la persona que hacen responsable de su sufrimiento, de su depresión, de la situación que está viviendo, de la necesidad de acabar con su vida. Entonces es un poquito como la última venganza, de decir: tú tienes la culpa, tú eres quien provocó que muriera y ahora tú vas a vivir el resto de tu vida responsabilizándote de esta situación.

—¿Y hay otros?

—Por lo general son el consumado y el neurótico. Hay gente que incluso manda de viaje a sus familiares y nadie lo pueda rescatar; y hay gente que en lugar de planear esa parte, lo hacen pocos minutos antes de que llegue la familia para que lo encuentren todavía con vida y entonces se hagan las operaciones médicas necesarias y para que lo puedan salvar.

—¿Cuál es la época del año en que hay más suicidios?

—Cerca de épocas navideñas, porque muchas personas, sobre todo  las de mayor edad, están solas, ya sea porque los hijos los abandonaron, o porque no tienen con quién pasar estas fechas, que son significativas; igual en aniversarios de bodas o en cumpleaños. En  acontecimiento de ese tipo puede ser el detonante.

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El fotógrafo Metinides relata en un libro que el joven que había ingerido barbitúricos para morir arrodillado en la tumba de su padre, finalmente sobrevivió, pues varias personas que ese día visitaban el panteón de San Joaquín, se percataron que el muchacho estaba inconsciente y llamaron a la Cruz Roja.

Los socorristas llegaron a la fosa 326 de la avenida 25 del camposanto  y lo trasladaron al hospital, “donde en la noche se le declaró fuera de peligro”.