Crónicas urbanas

“No sirve de nada, pero ponga la denuncia”

Ante la abulia de las autoridades, Jorge Fausto Arce, de 63 años,  emprende la búsqueda de su camioneta robada en un asalto en el Estado de México. No halla su auto, pero sí una zona de atracos.

El 5 de octubre de 2013, a las 6:30 de la mañana, una camioneta Chevrolet, modelo 2000, con capacidad para tres toneladas, circulaba sobre Vía López Portillo y desviación Lechería, en Ecatepec, Estado de México, cuando fue interceptada por presuntos policías. El vehículo, color verde, placas 6237, del DF, transportaba 16 mil 800 latas de atún. Ese día fue la última vez que lo vio su dueño.

Era uno de los miles de automotores que transitan por esa zona, donde algunos han sufrido similares ilícitos: unas veces son encontrados en algún sitio de la entidad; otros dueños, sin embargo, deben emprender una búsqueda, ante el desdén oficial, como sucedió con Jorge Fausto Arce García, de 63 años.

Pero el hombre ha topado con algunas sorpresas en esa parte del Estado de México, entidad que, según México Unido contra la Delincuencia, se acerca cada vez más a otras donde los gobiernos han sido rebasados por el crimen.

Las personas que iban en la camioneta  notaron que otro auto los seguía, sin hacer mucho caso, pero las sospechas crecieron en el momento que les cerraron el paso, mientras mostraban supuestas chapas de policías y uno de ellos, pistola en mano, ordenaba, advertía:

—¡Bájense, hijos de la chingada, porque vamos a hacer una revisión! ¡Dicen que por aquí hay muchos robos!

Y frenaron.

—¿Qué transportas?

—Latas…

—¡Abre la puerta!

En la cabina de la Chevrolet iban José Luis y Jesús; el primero, al volante; y Arturo, atrás, sobre la caja, quien fue bajado con golpes en la cabeza; el otro cómplice esperaba tras el volante del auto VW, tipo Passat, del que lograrían anotar las placas: MLE1611, Estado de México.

Uno de los presuntos policías hablaba —o simulaba hablar— con otra persona, a la que llamaba “comandante”, grado que repetía en voz alta: “Sí, comandante, no comandante; están cooperando, comandante”.

Los despojaron de celulares, carteras y otras pertenencias, y  les ordenaron subir a la parte trasera del auto Passat; otros delincuentes, por su lado,  abordaron la Chevrolet que llevaba mercancía tasada en 149 mil 671 pesos.

Y ambos vehículos enfilaron hacia un lugar conocido como Puente de Fierro, ubicado entre la carretera Texcoco-Lechería, que se localiza cerca de la unidad habitacional Héroes Tecámac, donde dejaron a las tres víctimas.

Y empezó el peregrinar.

***

La avenida López Portillo abarca Tlalnepantla, Coacalco, Ecatepec y Tultitlán. En este último municipio,  ese mismo día, Jorge Fausto Arce hizo la denuncia ante la agente del Ministerio Público Raquel Zamudio Trejo.

De ahí lo enviaron a una oficina de la Policía Ministerial, donde lo entrevistó el comandante Alberto Hernández, quien le prometió buscar el auto Passat VW MLE1611, color arena. Y que él le avisaría sobre el curso de las investigaciones.

La agente ministerial Zamudio le informó que el próximo paso era seguir los trámites en la Fiscalía de Robo de Vehículos de la Procuraduría en Cuautitlán Izcalli.

El 28 de octubre fue con la agente del Ministerio Público Laura Cecilia Turcotte Peláez, quien le comentó, según Arce García, que no tenía caso buscar el coche de los asaltantes, porque podía ser robado y para las autoridades era una pérdida de tiempo, y que ya no tenía caso regresar a esa la Fiscalía, pues su asunto le correspondía a su homónima de Coacalco.

“No va a servir de nada, pero póngala”, le dijo la funcionaria, según Arce García, quien inició una búsqueda por su propia cuenta.

El 12 de noviembre se dirigió a la Fiscalía de Robo de Vehículos de Coacalco, Sector Oriente, con la “licenciada Miriam”, agente del Ministerio Público, quien le dijo que tenía que localizar al comandante de la Policía Ministerial, pero éste no lo atendió.

En su lugar llegó un agente de esa misma corporación y le pidió copia del acta y su teléfono. “Yo le hablo”, le dijo, pero nunca le habló.

Y él siguió pistas.

***

Del 15 al 28 de diciembre, Jorge Fausto Arce y su esposa, un matrimonio que lleva toda su vida en el transporte de mercancía, se propusieron investigar por su cuenta y riesgo, de modo que se trasladaron a la avenida López Portillo, desviación Texcoco-Lechería, y se dieron cuenta que entre las 5 y 7 de la mañana esa zona carece de vigilancia.

La pareja permanecía en su auto, discreta, desde el cual, durante una semana, atestiguó cuatro asaltos a camionetas con “cajas secas” de 3.5 toneladas, y en ese momento marcó el 066, número telefónico de emergencia, pero  ni una patrulla se presentó.

Ese tramo, de unos dos kilómetros, sin luz, es propicio para que los asaltantes incursionen sin ningún problema, asegura Jorge Fausto Arce, no obstante que hay un módulo de policía a 250 metros, que por las noches permanece cerrado.

El agraviado solicitó estadísticas sobre el robo a transporte en la zona, por donde los conductores de tráileres, para evitar ser asaltados, pasan a velocidades que van de 120 y 130 kilómetros por hora, pero nadie le dio información.

“Si a usted le roban un vehículo en alguno de esos municipios”, comenta Arce, “tiene que recorrer 15 corralones; y si quiere preguntar si han recibido la unidad, los policías le niegan información.

Y también recorrió seis corralones de cinco municipios de la zona oriente del Estado de México. Los domingos, durante mes y medio, desde las 6:00 horas, su esposa y él transitaron calles y brechas de los municipios de Ecatepec, Texcoco, Chalco y Coacalco, con la intención  de encontrar su camioneta.

Un día, recuerda Arce, le dijeron: “¿Por qué no te vas a un pueblo de Texcoco, donde supuestamente tiran las unidades desvalijadas”.

Y fue.

—¿Y qué vio? —se le pregunta a este hombre que vive en la Ciudad de México.

—Calles solas; a lo lejos, una patrulla, se acercó y el patrullero nos preguntó qué andábamos buscando y yo le dije que mi camioneta. Nos dijo: ‘sabe qué, por qué no se va, es que aquí le pueden dar en la madre’. Le volví a decir que andaba buscando mi camioneta y él me dijo: ‘sí, pero aquí no es bien vista la gente extraña’.

Y decidieron salir.

Y ya cuando iban sobre la carretera Texcoco-Lechería, relata el señor Arce,  comentaron su problema a patrulleros de la Policía Federal, quienes “mostraron mucha disposición”, pues les ofrecieron ayuda. “En cuanto sepan algo, háblenme, porque nosotros sí podemos entrar a auxiliarlos”,  le dijo el oficial Miranda, apoyado por Ramírez.

Hace poco fue atendido por un funcionario de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México, León Salvador Vázquez Ramírez, fiscal Especializado en la Investigación del Delito de Robo de Vehículo Zona Norte, quien ordenó una investigación y encargó el caso al agente David Patiño Rivera.

Patiño Rivera informó a su jefe en un escrito que no encontró el domicilio en Valle de Chalco, donde está registrado el auto Passat,  y que, además, éste no tiene reporte de robo, pero sí supo que está a nombre de Luis Alfonso Rodríguez Lozano, por lo que Jorge Fausto Arce le propuso buscar a este hombre.

Pero todo quedó en suspenso.

Y aquí está Arce, de 63 años, que todos los días madruga para continuar en su ocupación del transporte de mercancía, pero, dice: “Los años pesan y los huesos se cansan. Ya no es lo mismo”.