Crónicas urbanas

De oficio detective

"Matador" es un investigador privado. Un curtido sabueso que durante 25 años ha resuelto casos de atracos y fraudes. Su reciente hazaña fue el hallazgo de un cargamento robado de 48 mil 480 cajas.

De joven quería ser agente de la policía, pero su novia le dio un ultimátum y no tuvo más alternativa que retroceder de su terca intención. Lo hizo después de escuchar el tajante sermón que lo haría reflexionar.

—O eres policía o estás conmigo…

La miró en silencio.

Y escuchó más:

—No puedes ser las dos cosas.

Y se quedaría con ella.

Eran los años 80, cuando existía la temible División de Investigación para la Prevención de la Delincuencia, la DIPD, comandada por Arturo El Negro Durazo Moreno, época en la que cualquiera podía ser policía.

La novia del aspirante a detective tenía motivos para detener en seco al espigado joven con cuerpo de torero —por eso el apodo que años después le pondría un amigo—, quien caería en la cuenta de que ella estaba en lo cierto.

“Era fácil hacerse policía, pero con maneras muy rudas, poco claras, y había que ser muy agresivo con la gente; y no, esa parte no”, recordaría.

Y en noviembre de 1992 ingresó al área de investigaciones de una institución bancaria, donde recibió cursos, como el relacionado con la Kinésica, disciplina que estudia el lenguaje no verbal; es decir, movimiento de ojos, manos, etcétera.

En los bancos descubrió que lo más común eran los faltantes reportados por cajeros, pues empleados se autofinancian mediante la recepción de pagos por parte del cliente, hasta formar una especie de cadena.

En aquellos años atestiguó el auge de sujetos armados que ingresaban a bancos y sometían a empleados y clientes y sustraían dinero en efectivo, fajos de billetes; también estaba de moda asaltos de un individuo que entregaba un pedazo de papel escrito en el que amenazaba a la cajera para que entregara el dinero.

Todo eso lo vivió Matador.

Pasó el tiempo y observó que ese tipo de asaltos empezó a disminuir “de manera muy considerable”, recuerda, y en su lugar aumentó el robo a transporte con mercancía, cuyo número  abultaba estadísticas oficiales de incidencias delictivas.

***

Matador parece entrar en la mente del delincuente y analiza el cambio de estrategia de quienes asaltaban bancos, algo que se volvió más riesgoso para estas personas, acostumbradas a vivir al margen de la ley, por lo que de ese rubro pasaron al del robo a transportes con mercancías.

—Es curioso ese cambio.

—Sí —responde— y entiendo que valoran esa parte, porque… ¿qué necesidad de arriesgar todo por una suma determinada si ahora tengo la opción de robar un transporte con mercancías? La mercancía completita la entrego y a lo mejor tardo más,  pero más o menos me llevo la misma suma promedio, 300, 400, medio millón de pesos, en función del tipo de mercancía que se trate, y sin riesgo.

La charla con el investigador, de cuerpo correoso, sombrerito para el sol y gafas oscuras, es a bordo de un auto. Su forma de vestir, a pesar de que él no pretenda ser un personaje de novela negra, le da un toque misterioso. De hecho ni siquiera es aficionado a películas de ese género, ni a series policiacas.

Está a gusto con su trabajo.

Y por eso, porque le gusta y porque aprendió bien las técnicas de investigación, desde hace un tiempo se mueve de manera independiente.

Y le va bien.

Es un curtido sabueso que en casi 25 años ha resuelto casos de robos y fraudes. Su reciente hazaña fue el descubrimiento de un cargamento robado de 48 mil 480 cajas.

—¿Cuál sería la zona donde más ocurre ese tipo de asaltos?

—Le pegan en la salida de la calzada Zaragoza, rumbo a Puebla; en la zona conurbada que va para Ecatepec, la vía Morelos, y la zona de Vallejo, porque son rutas muy obligadas para el transporte de mercancías.

—¿Y qué tipo de mercancía?

—Tiende a ser mercancía que se puede revender en muy buen precio, como es perfumería, vinos y licores, cigarros y lo que son electrodomésticos. El asaltante no necesita andarla promoviendo; en cuanto él dice “tengo tal mercancía”,  prácticamente se la pagan hasta por adelantado, y la vas a encontrar desde la Central de Abasto, en Iztapalapa, hasta en tianguis grandes, famosos, como el de la San Felipe, la Vicente Guerrero, sobre Eje 6 y Periférico, el de las Torres, el Santa Cruz…

—¿Es lo que llaman la mercancía caliente?

—Sí, que es de muy fácil colocación y venta y que el consumidor tiene conocimiento expreso de la procedencia, pero que en la mayoría de los casos viene a menos de su costo de producción y resulta muy atractivo adquirirla.

—Hace poco hiciste un descubrimiento en la Central de Abasto.

—Sí, recibimos la instrucción de un cliente que se dedica a la producción, entre otros artículos, de bebidas energéticas. En este caso en particular, afortunadamente, el cliente tiene el control sobre el lote producido, de tal manera que a la hora de reportar el siniestro, nos dice, eran 30 tarimas.

—¿De cuánto?

—Con más o menos 20 mil 20 cajas, de 24 piezas cada caja, dividida en dos lotes. Habían visto mercancía con estas especificaciones en la Central de Abasto. Pudimos darnos cuenta, a través de contacto visual, que casaba con el reporte y solicitamos el apoyo de la Procuraduría General de Justicia del DF, con oficinas ahí en la Central,  y nos dieron todo el apoyo. El cliente, obviamente, tenía muy bien identificada su mercancía, de otra manera habría sido más complejo, y nos fue muy bien.

***

Matador habla de nuevos tipos de robo y la forma en que la delincuencia, “la maña”,  se infiltra en algunas empresas con la intención de perpetrar robos o fraudes.

—¿Qué recomiendas?

—Que inviertan en seguridad y habrá menor riesgo para sus productos, para su empresa, para sus empleados; porque el delincuente, al ver candados, al ver este tipo de medidas, desvía su atención hacia, desafortunadamente, otras que no tengan estas medidas.

La vez que Matador estuvo en peligro, recuerda, fue en 1994, en Monterrey, Nuevo León, cuando investigaba a un defraudador cuya residencia abarcaba tres manzanas, por lo que para tomar fotos se subió en el toldo de una camioneta a la que se emparejó otra, cuyo conductor preguntó si necesitaba “algo” y él respondió que no y se fue; en el hotel, ya por la noche, sintió pasos, pero logró escabullirse.

La intuición, además del aprendizaje, es algo primordial para Matador, quien adquirió la habilidad de memorizar hasta 16 dígitos, como lo hizo en su última hazaña y como lo ha hecho durante su exitosa carrera.

—¿Y qué más?

—El sentido común.

—¿Por ejemplo?

—No le rasques los huevos al león.

Y se escuchan carcajadas.