Crónicas urbanas

El negocio de la muerte

Es técnico en necropsias y embalsamador. Su vocación por este oficio —en un principio quería ser médico forense— germinó durante la infancia y se reforzó hace dos años, cuando murió su abuela, pues conoció el trabajo de quienes más tarde serían sus colegas. Fue cuando Samuel García tomó la determinación de estudiar y convertirse en un experto en el manejo de herramientas propias de esa labor.

Y allá va Samuel.

Maneja su auto sobre avenida Central, que nace en San Juan de Aragón, Distrito Federal, y pasa por una parte del municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México, para más tarde adentrarse a la jurisdicción de Ecatepec de Morelos.

Cae la noche.

Escasas luces parpadean en los bordes de la amplia arteria. La llovizna no se apacigua. Samuel llega a Embalsamadores Osiris, en la colonia Jardines de Aragón, y saluda a sus compañeros. Está todo en calma.

Habrá que esperar.

Samuel saca una bandeja de aluminio, mientras sus compañeros hacen otras labores, y acomoda, uno tras otro, de manera escrupulosa, instrumentos tales como fórceps y bisturís, que usará en su primera intervención.

—¿Es lo que querías ser?

—Se acerca mucho a lo que era mi sueño original —responde sin solemnidades este hombre de tez blanca y mirada aguda— porque desde siempre me ha intrigado la muerte.

—¿Miedo?

—Absolutamente ningún miedo.

—¿Cuántos cuerpos llegan?

—De seis, ocho cuerpos en promedio, aunque hay días que llegan hasta 20; el promedio mensual en temporada regular es alrededor de 500 al mes, y en la más alta se han registrado hasta mil 200 en un mes.

—¿Cuál es la temporada alta?

—Es la última recta del año y enero; no sabemos por qué, pero en esa temporada es cuando la gente fallece más: gente que murió en un hospital, por alguna enfermedad, pero también llega gente que les gusta mucho suicidarse, también llegan por homicidios y por accidentes. La hora cuando más cuerpos arriban es durante la noche-madrugada: uno tras otro.

—¿Qué sientes cuando haces tu trabajo?

—Mi objetivo es dar ciento por ciento en mi trabajo para que la familia se pueda despedir dignamente de su familiar.

***

En la manzana 2, lote 5, de la extensa avenida Central, está la Embalsamadora Osiris. Es la noche de un jueves. En el momento que observa el cuerpo, cuyas causas de muerte ya conoce, Samuel García sabe la técnica que aplicará.

Una carroza se estaciona  frente a la embalsamadora. Dos empleados de una funeraria bajan una camilla, en la que traen un cuerpo en una bolsa, y la introducen en el local. Samuel y otro de sus compañeros lo depositan en la plancha, retiran las mortajas, lo exploran y se preparan para iniciar su tarea.

Los cadáveres llegan del Servicio Médico Forense o de una agencia de Ministerio Público con la necropsia ya practicada.

Samuel detalla:

—El embalsamamiento consiste básicamente en un intercambio de fluidos corporales por una serie de sustancias que forman una solución con el propósito de conservarlo y darle un toque de estética para que la familia se pueda despedir bien.

Y comienza la escrupulosa labor,  en momentos a cuatro manos, si es necesario, y tardará entre 40 y 45 minutos; habrá otras, sin embargo, que demoren hasta dos horas, pues hay cuerpos que llegan en estado de descomposición.

Es el cuerpo de una mujer.

Realizan una incisión, inyectan una solución a través de una vena, por la que se inicia un proceso de drenaje, colocan separadores y pinzas, suturan vasos y conectan una cánula con infusión para embalsamar. Casi una hora.

Visten el cuerpo, le colocan un rosario en el cuello, lo peinan con suavidad, aplican algo de maquillaje  y lo acomodan en el ataúd de caoba; lo observan, lo vuelven a peinar, echan el último vistazo y cierran la caja.

Y avisan a los empleados de la funeraria, quienes hacían antesala, e ingresan al cuarto, levantan el féretro y lo meten en una carroza que espera sobre la avenida.

En otros casos trasladan los cuerpos a un anexo, donde la embalsamadora tienen un velatorio, como sucede con el segundo cuerpo.

***

—¿Qué tipo de material utilizan para maquillarlo?

—Se llegan a utilizar ceras especiales para reconstrucción en caso de que sea necesario; para el maquillaje se puede usar cualquier tipo de cosmético, siempre que sea a petición de la familia, porque muchas veces no quieren que vaya maquillado; otras, incluso, no quieren que se rasure…

—Es a petición familiar…

—Sí, nos han tocado casos donde la familia prefiere, y generalmente es así,  una apariencia más natural. De hecho, la solución con la cual nosotros preservamos al cadáver, le da tersura y consistencia natural al tejido y a la piel; por eso muchas veces ni siquiera es necesario el uso de un maquillaje adicional.

—¿Cuánto tiempo te llevas en un cuerpo?

—En los casos más sencillos, entre 40 y 45 minutos, pero hay otros más complicados; por ejemplo, nos llegan casos que se les dicen legales, porque ya traen una necropsia, por lo  que se hace un proceso diferente y con ellos nos llegamos a tardar hora y media; dos o  tres horas, en los casos más complicados.

—Pero al final todos quedan bien.

—Sí. Es el valor que tiene nuestro trabajo, porque gracias a lo que nosotros hacemos es que la familia puede ver a su pariente como si estuviera dormido.

—¿Te ha tocado algún caso que te haya impresionado?

—El de un operador de un camión de carga que sufrió un accidente: el camión comenzó a incendiarse, el operador ya no pudo salir y lamentablemente falleció ahí dentro, todo quemado, que es una de las muertes más espantosas. El cuerpo, cuando llegó, estaba irreconocible y se pudo embalsamar.

—¿Qué dice tu familia de este oficio que realizas?

—Mi madre se siente muy orgullosa y mi esposa también se quiere involucrar de alguna manera en esto. En algún momento pensamos formar nuestro negocio.

—¿Es, como se podría decir, el negocio de la muerte?

—El negocio de la muerte, vivimos de la muerte.

Samuel termina su labor con el primer cuerpo. Llega otro, el de una anciana, del que se ocupa uno de sus compañeros.

Lo más probable es que traigan más cadáveres. Y una vez más este hombre practicará lo que soñó hacer desde que era niño.