Crónicas urbanas

Lo que mató a los perros

En el Parque México la incertidumbre crece debido a la muerte de varios canes. El más reciente ocurrió el pasado jueves tras encontrar una ardilla sin vida y residuos de estricnina concentrada.

La intoxicación y muerte de perros comenzó en agosto pasado, cuando fallecieron dos canes en situaciones extrañas. Los vecinos creyeron que había sido un simple accidente y no una operación concertada, por lo que no trascendió fuera de la zona; pero días después, el 29 de septiembre, murieron varios con síntomas similares a los anteriores, cuyos dueños tenían la costumbre de pasearlos en la misma franja del Parque México, de la colonia Hipódromo Condesa, donde la comunidad sigue recelosa y dolida por una tragedia sin paralelo que todavía tiene secuelas.

Pasan los días y las preguntas saltan en el interior y más allá del rectángulo frondoso, edificado en los años 20, con arquitectura art déco, donde cuidadores y dueños de perros tienen precaución de no dejarlos jugar en jardineras, pues trozos de comida esparcidos hicieron estragos en 19 animales, con dolorosa agonía, cuyos cadáveres fueron conducidos a laboratorios especializados. La autoridad, mientras tanto, se propuso investigar y dar con los responsables del hecho, que algunas personas justifican, ya sea de manera abierta o en voz baja.

—Es que se cagan y no levantan la caca —argumenta una persona, refiriéndose a los perros y sus dueños, ya fuera de la zona cero, delimitada por cintas.

Otro, de sopetón, bufa:

—¿Y por qué no matan a todos?

Enseguida finge disculparse, entre sonrisitas, y se retira encorvado, después de comer e ingerir alcoholes en uno de los restaurantes situados alrededor del parque, ahora sembrado con letreros de "Alerta roja: envenenamiento fulminante de perros en el Parque México. Extremo cuidado con los niños. Colocar correa a los perros".

Y transcurren los días.

El jueves por la mañana, mientras tanto, se informó de la muerte de otra mascota, ahora frente al 4 de Uzuluama, misma calle —pero a la altura del número 11— donde aparecieron nueve de los 19 reportados como fallecidos en la zona; aunque la cifra negra indica que suman alrededor de 21.

Los primeros análisis revelan que la sustancia que causó la muerte de los animales es conocida como "estricnina", distribuida en porciones "concentradas". Es la misma que también fulminó a una ardilla, localizada el jueves en uno de los pasillos, lo que encendió más las alarmas y provocó el cierre total del parque, por primera vez en su historia, para que la Secretaría de Salud del DF esterilice toda la zona.

Y el pesar continúa.

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En muchas personas el amor por los animales empieza durante la niñez. Es el caso de la joven Milly Velasco, quien ha tenido varios cachorros. Todos han sido adoptados.

El último fue rescatado por su novio hace año y medio en el Desierto de los Leones. Le pusieron Cosmo. Este perro mestizo, parecido a un pastor alemán, fue uno de los que sufrió los estragos de la estricnina concentrada.

—Qué pasó con Cosmo?

—Ese día salimos de mi casa para caminar por aquí —yo siempre lo traía con correa, pero él era muy fuerte— y me percaté que me jaló para agarrar algo, intenté sacarle una como bolita negra, no sé bien qué, pues era de noche, y se la tragó, pero la verdad nunca me imaginé qué fuera, supongo que fue el veneno porque en todo el demás recorrido jamás me jaló para agarrar algo del piso.

—¿Cuáles fueron los síntomas?

—Fueron como dos horas y media después. Llegamos a la casa como a las nueve; cené y él estuvo jugando; me aventaba su huesito favorito, estaba muy alegre todavía; después empezó a vomitar y yo supuse que algo le había caído mal, pero jamás imaginé que fuera veneno o algo más. Un ratito después empezó a correr como loco, a chocar contra todo; convulsionó y se quedó en el piso.

—¿Qué pensaste?

—Le llamé al doctor y le dije: "Qué hago, está pasando esto, ¿pueden venir por él o me lo llevo?" Y me dijo: "Al parecer son síntomas de intoxicación". Todavía pensé que lo podía rescatar y lo llevamos en su camita. Lo sacaron y nos tuvieron como 15 minutos esperando a mi papá y a mí. Yo tenía la esperanza de que estuviera desmayado o algo, pero el veterinario nos dijo que había fallecido, que lo más probable es que eran síntomas de envenenamiento.

—¿Y qué pasó con el cuerpo?

—Lo tienen en la UNAM para hacerle pruebas toxicológicas. El veterinario me dijo que podría ser un raticida, que no estaban seguros porque necesitaban hacerle pruebas.

—¿Tendrás otro perro?

—Por ahora no quiero porque estoy como en un duelo muy fuerte —continúa, a punto de llorar—, pues sufrí mucho, y lo que más me duele es la forma en que murió, eso, porque amo a los perros, y mi vida sin uno, pues como que no la concibo tan feliz.

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Alexánder Segovia, de 36 años, adoptó hace cuatro meses a Romi, una cachorrita de la raza pitbull, durante una reunión dominguera en la UNAM.

"Le cambiamos la vida", dice, "pues era una perrita que habían comprado para regalarla en un Día de Reyes y la familia que la recibió, al final, al enterarse de que era una pitbull, tuvo miedo y la abandonó".

—¿Notas algo extraño cuando vas paseando con tu mascota?

—Nada que no haya pasado en otras ocasiones: íbamos por la calle, ella oliendo jardineras; finalmente la solté en el área exclusiva para perros, donde estuvo jugando por 40 minutos, sin nada raro; lo raro fue cuando regresamos a casa, ahí empezó con un vómito; después —añade el cirujano oncólogo— perdió el control de esfínteres, se hizo pipí, hizo popó; presentó hiperactividad, chocó contra las paredes, contra los muebles. Presentó tres crisis convulsivas y falleció. Le dimos asistencia respiratoria, cardiaca, llegamos todavía a la veterinaria y ahí, a pesar de los medicamentos que le pusieron, ya no recompuso ese corazón.

—¿Qué dijo el veterinario?

—Pues que era una probable causa de envenenamiento y nos solicitaron permiso para hacer estudios de patología; dijimos que sí y que, además, queríamos un estudio toxicológico.

—¿Qué piensas de todo eso?

—Es llevar una postura a niveles radicales, con atentados de este tipo. Esperamos que se haga justicia y que no se vuelva a repetir porque es un problema de salud pública; no solamente los perritos eran los afectados, había niños jugando en el área, había niños en casa de estos perritos que enfermaron. Hay un caso documentado donde el perrito, al lamer el vómito del otro, se envenenó. Lo mismo pudo haber pasado con los hijos de estas familias.

En el Parque México todavía quedan muchas preguntas. Ahora, cuidadores y dueños de perros tienen más precaución en esta zona donde el fantasma de la muerte aún ronda. Y los deudos esperan castigo para quien resulte responsable.