Crónicas urbanas

Observatorio-Olivar, la ruta del terror

Los delincuentes operan en esa zona de la delegación Álvaro Obregón, donde los vecinos colocan mantas y advierten sobre la inseguridad. Las redes sociales ventilan denuncias y orientan a usuarios.

La situación de inseguridad explotó en septiembre pasado. Lo percibieron en la colonia Olivar del Conde y otras cercanas, en la delegación Álvaro Obregón, donde la delincuencia pareció escalar barrancas y calles; entonces se desató ante la abulia de las autoridades y la desesperación de vecinos, quienes empezaron a organizarse, primero en la iglesia del Sagrado Corazón y luego en redes sociales.

Los asaltantes someten a viandantes, pasajeros de colectivos y automovilistas, de manera especial a quienes viajan en los derroteros Observatorio-Mixcoac del Metro, que bajan y suben sobre esos rumbos, donde algunos vecinos han colocado mantas en las que advierten sobre la inseguridad. Las redes sociales ventilan denuncias y orientan a usuarios, pero ya surgió el temor de que puedan ser infiltradas.

Las frecuentes incursiones de asaltantes pusieron en alerta a vecinos, algunos todavía temerosos, pues han sufrido atracos en descampado, por lo que el miedo se apoderó de esa zona, con tradición pacífica, sin que ello no significara el surgimiento de esporádicos pleitos, como en cualquier barrio, pero no con la violencia que ha permeado en los últimos meses. Lo experimentó una familia.

Y de ahí otras.

Y la cascada no cesa.

Sucedió el pasado febrero.

La familia, integrada por un matrimonio de tres hijos, había salido de una fiesta, y, como siempre lo hacían, caminaron uno tras otro hacia su casa, sobre Calle 24, pero al llegar a la esquina con la Norte, vieron salir de entre los autos a un sujeto con pantalón corto, chamarra y gorra, que caminó hacia ellos, sacó una pistola, cortó cartucho y colocó el cañón en la cabeza de uno de los jóvenes.

—Ya valió madres, no corran; sus celulares y carteras —exigió, mientras los apuraba a obedecer.

El delincuente agarraba lo que no era suyo con la mano izquierda, sin dejar de apuntar con la derecha, y metía el botín a las bolsas de sus pantalones guangos.

Terminó el atraco.

—Ya váyanse y no volteen —ordenó el delincuente y caminó hacia la parte de arriba.

A sus espaldas, sobre la Norte, las víctimas escucharon el chirrido de un auto. Sospecharon que un cómplice motorizado esperaba al atracador.

Llegaron a casa y hablaron al 066 para reportar el hecho. A los 15 minutos, algo excepcional, llegó una patrulla. Hicieron una búsqueda, pero el asaltante se había esfumado, quizá a bordo del auto que había quemado llantas.

***

Y empezaron a organizarse y colgaron letreros: Vecinos Unidos Contra la Delincuencia. Dicen que el aire rasgó la manta y optaron por quitarla; otros letreros, según versiones diversas, han sido desprendidos por policías.

Entonces se organizaron en redes sociales y en la propia iglesia del barrio, donde la primera convocatoria reunió a 200 vecinos, y fue ahí donde se dieron cuenta que los asaltos son continuos, no solo en esa colonia, sino en zonas contiguas.

"Antes podíamos andar de noche y no sucedía nada", dice una madre de familia, quien organizó un grupo en WhatsApp que intercambia información.

"La delegación no apoya; solo vienen cuando hay elecciones", se queja quien coincide con uno de los administradores de la página de Facebook Olivar del Conde Oficial —entrevistado aparte—, que no solo ha sido receptor de un sinnúmero de quejas, sino de amenazas, y le han enviado videos de asaltantes golpeados.

Dice que no se imaginó recibir tantos mensajes sobre la presencia de asaltantes en la zona, ni quejas de víctimas, pues su intención original fue crear una página para reportar los malos servicios.

Fue a partir de septiembre de 2015 cuando las cosas cambiaron, dice, y ahora, ante el cúmulo de quejas, palpa indignación vecinal, la cual se refleja cada vez más en esta red social, a tal grado que está convencido de que llegará el día en que haya un linchamiento debido al hartazgo de la gente.

—¿De veras lo crees?

—Estoy seguro —comenta— porque hay grupos que se han empezado a contactar para que en el momento en que agarren a un tipo, dicen, lo van a linchar; señalan que lo quieren colgar para poner un ejemplo. Es lo que me preocupa, y lo que quisiera es que la autoridad atendiera el problema de raíz para evitar eso.

—¿Todavía es tiempo?

—Aún estamos a tiempo.

—¿Cuánto?

—No sabemos pero todavía hay tiempo.

***

—¿Cuándo detectan todo esto?

—Podría decir que en septiembre hubo un detonante en información de violencia. La gente pedía que no calláramos y que no dejáramos de comunicar lo que pasaba, porque con la información que publicábamos ellos empezaron a tomar rutas alternas, a tener cuidado en ciertos horarios, y de ahí se vino todo lo demás.

— ¿Qué fue lo primero que les informaron?

—Un enfrentamiento entre dos grupos de jóvenes que se dio por la Calle 27, y nos mandaron un video de cómo uno de los chicos quedó herido; bueno, se puede observar que trae heridas de arma blanca, o sea, picaduras, está por todos lados golpeado, y llegan los paramédicos.

—Y de ahí el torrente.

—De ahí ya no paramos, reportamos mínimo dos asaltos al día, cuando bien nos va, y cuando decimos bien nos va es porque son casos menores. Robaron al automovilista por la zona de bancos, o donde ya sabes que asaltan, que es una intersección, pero a eso se suman los que andan en motocicletas y los que se suben al transporte público. La Ruta 15 ha sido de las más golpeadas.

—La gente se queja mucho.

—Ha sido una espiral en el reclamo. La gente optaba por escribir directamente a la página oficial de Faceboock o de Twitter, pero las autoridades bloqueaban a esa gente. El siguiente paso fue que los vecinos se empezaron a reunir en la iglesia de la Calle 22, del Sagrado Corazón, y otras juntas en la Secundaria 111. Hay un hartazgo social.

—¿Es insuficiente la policía o ha aumentado la delincuencia?

—Sí ha aumentado; los reportes de los mismos vecinos hablan de que son grupos de jóvenes, desafortunadamente, chicos de 15 a 18 años, los que más repiten ese tipo de actos delictivos. Y de las autoridades... parece que hay una indolencia ante la situación, porque no hay investigación, no hay inteligencia.

—¿Crees que también los delincuentes intervienen en la página?

—Sí creemos que ellos están sondeando la página, y además recibimos amenazas; alguna vez, por cruce de información, dimos cuenta que son ellos y familiares los que están amenazando. No, no los motivamos a un diálogo nosotros, no entablamos diálogo porque es absurdo. El problema es cuando los usuarios de la página, de la comunidad, empiezan a atacarse: "Sabes qué, te voy a encontrar y te voy a matar, pinche naco", y entonces los mismos delincuentes le suben fotos de cuando están con su hijo, con su perro, con quién sabe qué

—Y es que además es un riego...

—Sí es un riesgo. Le comentamos a la gente que tenga el valor de denunciar ante el Ministerio Público. Somos un medio, un canal de comunicación para exponer. Y yo le haría un exhorto a las autoridades, sobre todo a las delegacionales, para que atienda la problemática porque los vecinos, en su hartazgo, van terminar por matar o a linchar a un inocente o a un ratero, ¿no?, cuando creo que estamos en un estado de derecho, y es lo debe prevalecer.