Crónicas urbanas

La herencia de Pancho de la Cruz

Habla Felipe, uno de los nuevos diputados del partido Movimiento Regeneración Nacional e hijo del famoso líder fundador del Campamento 2 de Octubre, en los años 70, en la delegación Iztacalco.

Hace poco más de 45 años nació el Movimiento Urbano Popular, uno de cuyos principales líderes, Francisco de la Cruz, Pancho de la Cruz,  un oaxaqueño que llegó muy joven a la Ciudad de México, donde se inició como boxeador, novillero y estudiante de leyes, emprendió una larga lucha al frente de precaristas, que fundarían el Campamento 2 de Octubre, aún sin regularizar en su totalidad.

Entre los hijos del líder estaba el niño Felipe, quien, junto a su madre Daría y otros hermanos, acompañaba el movimiento y atestiguaría un incendio en el campamento donde murieron algunas personas, y más tarde el arresto del padre, un hombre de carácter duro, intrépido, tanto al interior de su casa  como hacia fuera, pues se había propuesto llevar su lucha sin importar riesgos.

Esas características observó aquel joven de su padre,  por años perseguido, quien de manera paralela dejaba enseñanzas como luchador social, que los haría moverse hacia la izquierda, dentro del PRD, al que Felipe Félix de la Cruz Menez renunciaría, para brincar hacia Morena, formación desde la que ganó una diputación local por Iztacalco, donde dirige una agrupación de taxistas.

—Qué les queda de su padre.

—Las enseñanzas —dice Felipe, de 52 años, siempre anteponiendo el “don” o simplemente “Pancho” cuando se refiere a su padre, que tiene 96 años.

—Don Pancho…

—Sí, don Pancho; nosotros pensábamos que su compromiso mayúsculo era más con la gente que con nosotros —dice en su domicilio de avenida Juan Álvarez.

—¿Cómo eran sus padres?

—Mi madre  —ya fallecida— nos enseñó a tener cuidado; pero él iba más a la confrontación: rápido y radical.

—¿Qué les decía?

—Decía: “Aquí todos nos tenemos que romper la madre; aquí no hay familia, aquí somos iguales”.

—¿Qué edad tenían?

—Desde chavos. Nos llevaba a apegarle al costal y a correr a Chapultepec. De ahí nos llevaba a almorzar y después nos decía: “Ahora sí pueden ir a jugar”. Pero estábamos muy cansados.

En el campamento, recuerda Felipe, había un jardín de niños construido por los propios colonos. También estaba cercado por la policía.

El 2 de agosto de 1974 realizaron una marcha, incluidos niños y mujeres, rumbo a la Cámara de Diputados, pero los regresaron del Viaducto.

Dos años después, un 25 de enero, hubo un incendio y mueren tres niños; más tarde, una incursión de policías a caballo y agentes.  “Es cuando matan a Miguel García”, recuerda, cuyo nombre pondrían a una calle de la colonia, igual que el de Genaro Vázquez, Che Guevara, Rubén Jaramillo, Pablo Alvarado, muerto en la cárcel de Lecumberri, y Rodolfo Aguilar, de Monterrey, Nuevo León.

Y así creció.

***

El Campamento 2 de Octubre se formó con gente de provincia, sobre todo, algunos asentados cerca de La Viga y otros en Iztapalapa y la propia delegación Iztacalco. Eran personas que vivían de manera precaria.

—Y hay una quemazón.

—Sí, y la gente se reagrupa  —responde Felipe, quien estudio en la Facultad de Derecho de la UNAM—, pero a los cinco días vuelve una andanada de represión, y es cuando matan a Miguel García, pues lo confunden con Pancho, que tiene que salir del campamento por espacio de un año.

“Hay una etapa muy rara y se radicaliza la lucha”, recuerda Felipe. “En el 81 más de 7 mil policías rodean todo el campamento, desde La Viga a Eje 3 Francisco del Paso y de Canal de Tezontle a Canal de Apatlaco; a don Pancho lo detienen haciendo una gestión en la delegación Iztacalco y lo trasladan al Reclusorio Norte, con otros 40 compañeros, entre hombres y mujeres”.

—¿Cuánto tiempo estuvo?

—En esa etapa casi se avienta los 10 años, nueve años y ocho meses.

—¿Y de qué lo acusaron?

—Pues de casi todo el Código Penal, excepto homicidio y violación: despojo, daño en propiedad ajena, robo, pero estas denuncias las sustenta un grupo opositor, que tiene ciertos nexos con el gobierno de la ciudad de aquel entonces… Don Pancho logra su excarcelación hasta la etapa de gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

***

Eran los años ochenta. Uno de los resultados de aquel movimiento fue la regularización de predios del campamento.

—¿Cuántos predios se habían regu-
larizado?

—Digamos que casi la mitad, porque a la fecha hay un problema de irregularidad: hay mil 700 lotes sin escriturar.

—¿De cuántos?

—De 5 mil 500 predios; son 72 hectáreas de lo que se hablaría propiamente del Campamento 2 de Octubre, la colonia.

—¿Tienen todos los servicios?

—Sí, y en un tiempo fue por  la autogestión y  el trabajo comunitario que se  generaba en el campamento; cuando hablamos de los años 70, nosotros nos encargábamos de hacer las cepas, introducir las tuberías para jalar el agua,  porque no teníamos mucha movilidad, ya  que estuvimos cercados por la policía.

—¿Cuánto tiempo?

—Por espacio de tres años.

—Los hijos crecen y se dedican a diferentes profesiones y militancia. ¿Ustedes entran al PRD?

—Sí, militamos en el PRD hasta hace dos años y medio, tres años; nos retiramos porque no estamos de acuerdo cómo se está manejando el asunto de la política con el orden federal y entonces nos incorporamos a una nueva lucha.

—Que es Morena.

—Sí, que es en Morena.

—¿Y sigue la gestión?

—Sí, hay una organización de taxis que de alguna manera se ha desarrollado con la lucha; hubo un tiempo, incluso, en que el mismo movimiento fue acotado por los mismos partidos políticos, porque pues no les interesa que la sociedad sea autogestiva, más bien quieren que todo se canalice a través del mismo partido y nosotros en Morena hemos encontrado esa facilidad de hacer el trabajo con la comunidad. Asesoramos a un amplio grupo de taxistas.

—¿Entonces, la lucha sigue?

—Sí, tenemos que seguir dándole a la lucha porque la sociedad lo reclama.

—¿Imaginaron el triunfo en Morena?

—Teníamos idea, pero no tanto que fuera de ese tamaño —responde en la azotea de su  casa, construida sin lujos, quien ganó por 478 votos, en el distrito 15 de Iztacalco, a Juan Ayala Rivero, líder del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno del Distrito Federal.

—¿Y ahora?

—A trabajar. Estamos en la idea de que regrese la esperanza con Andrés Manuel, y aprovechar los errores de nuestros adversarios.

Es uno de los nuevos diputados de Morena, hijo de Pancho de la Cruz, como se le conocía al popular líder, radicado en Morelos; aunque de vez en cuando visita esta colonia, donde aún persisten sus huellas.