Crónicas urbanas

La flor púrpura del DF

La Nochebuena tiene una extensa variedad y es producida en Xochimilco, en la Ciudad de México, donde generaciones de familias se dedican a su cultivo y a la floricultura en general.

Habrá que enfilar por un atajo y alejarse del bullicio, un atajo de tierra suelta y verdes matas en sus bordes, mientras las llantas del auto levantan polvo ligero y espeso, hasta aproximarse al destino final, el pueblo de San Luis Tlaxialtemalco, uno de los 14 que integran Xochimilco, que cumple 400 años de su fundación, donde destaca la floricultura, como el cultivo de Nochebuena, cuya raíz profunda tiene su historia en el sureste de México y Guatemala; a través del tiempo ha germinado una variedad que suma 100 de la misma especie, aunque resalta la escarlata, que la distingue y tiñe los días decembrinos en México y otras partes del mundo.

La primera etapa del trayecto casi llega a su fin, después de viajar entre balanceos y remolinos de polvo, y hay que desviarse y caminar bajo carpas de coloridos viveros, cuyas vasijas muestra orgulloso el joven Aldo Barrera —hijo de Luis Antonio y nieto de don Samuel, integrantes de una familia productora de la tradicional flor—, quien dice que existen 50 variedades de Nochebuena, aunque solo nombra unas cuantas, de 10 que aquí hay, desde su punto de vista, las más comerciales de estos rumbos: Prestige, roja, jaspeada, Sonora, Ice Punch y Freedom, entre otras.

—Miren, miren —insiste.

Y camina entre vereditas, a veces bordeadas de hierba, e invita a que los visitantes vayan tras él, "miren, por aquí", dice y señala el camino, y en sus palabras y gestos brilla el orgullo de pertenecer a una estirpe dedicada a vender rosas, que brotan de macetas con pétalos púrpuras en estos campos conservados y alejados del ombligo de una ciudad, donde se pelean por cubrir de asfalto y concreto armado.

Los dos extensos viveros, de macetas blancas, jaspeadas, rojas y algunas de extrañas flores enroscadas, también escarlatas, son protegidos por dos capas de nailon, una transparente y la otra oscura. Esta última es desplegada de manera uniforme, entre las 16:30 a 17:00 horas, con la intención de concentrar el calor sobre las 12 mil macetas.

"Es para la floración", explica Aldo, cuya familia es dueña de Viveros Barrera, uno de los tantos que hay en el pueblo de San Luis, donde la tradición es cultivar la tierra.

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Y más allá, sobre otra vereda sobre la que el carro culebrea entre similar cantidad de polvo aunque menos tumbos, está Lorenzo Cuaxospa Barrera, de 58 años, que además de la Nochebuena, dice, también cosecha hortalizas y diversas plantas: Juanitas, Pensamientos y Dormilonas, que durante el día extienden sus pétalos y por las noches "duermen", dice este hombre, quien asegura que por sus venas circula sangre náhuatl, y para mayor prueba alza la ceja mientras repite su primer apellido: Cuaxospa.

Lorenzo recuerda la forma en que cultivaba las gazanias, flores de tonos dorados, y los chapines, allá por los años 50 y 60, que se envolvían en lodo "y así los vendíamos, porque así se trabajaba, y ahora se comercian en macetas de plástico", dice Cuaxospa, padre de cuatro hijos que estudian. "Yo los traigo para que vean el trabajo que se hace aquí", comenta.

—¿Y qué dicen ellos?

—Sí les gusta el campo, pero les digo que primero estudien y que tengan una carrerita —comenta e invita a que visiten San Juan Acuexcomac, donde "encontrará desde plantas aromáticas hasta orquídeas".

Pero lo que más refulge con sus matices púrpuras, en especial aquí, en San Luis Tlaxialtemalco, es la Nochebuena.

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En la entrada de su vivero, mientras dos gallinas ponedoras rascan la tierra, Lorenzo Cuaxospa Barrera explica:

—Nos dedicamos desde los 8 y 10 años a trabajar lo que es la floricultura. Mis padres nos enseñaron y nuestros abuelitos nos legaron este bonito trabajo, y hasta la fecha lo seguimos cultivando.

—¿Toda la familia?

—Toda mi familia se dedica a producir plantas y también el pueblo entero. El pueblo de San Luis Tlaxialtemalco es productor en plantas de ornato y hortalizas.

—¿Y la Nochebuena, que es de temporada?

—Empezamos a cultivarlas desde el abril. Es un cultivo de ocho, nueve meses de trabajo.

—¿De cuánto es la producción?

—Depende del invernadero. Podemos sembrar 5 mil, 10 mil plantas. Este es de entre 8 mil y 10 mil. Nosotros vimos que esta planta era muy vistosa y se fue dando que en todas las casas se ponía una flor de Nochebuena los días 12 y 24 de diciembre, y ya se hizo una tradición.

—¿Cuántas generaciones se han dedicado al cultivo?

—Varias. Cuatro, cinco, seis generaciones de mi familia. Y son diferentes variedades de Nochebuena: hay la roja, la blanca, la rosa, la amarilla, combinadas. Muchas.

—¿Y la que vende más?

—El rojo, por supuesto.

—¿Cuántas personas del pueblo se dedican al cultivo?

—Muchas. La mitad del pueblo se dedica a producir plantas de ornato, y hortalizas también se llegan a producir aquí.

—¿Y usted cómo se siente?

—Muy bien, porque sabemos que aquí hay campo; pero hay muchos que no conocen Xochimilco, ¿eh?, que no conocen la zona chinampera. Los invitamos que conozcan el pueblo de San Luis. Aquí también hay campesinos.

—Son los campesinos de la ciudad.

—Sí, y productores, ¿eh?

—¿Y sus hijos?

—Solo algunos, porque ya casi todos tienen su profesión.

—¿Y abandonan la tradición?

—No, porque se les inculca que el campo es muy bonito, que esto es una maravilla. Tenerlo y sembrarlo. Nosotros somos pequeños propietarios. Aquí en la zona de Xochimilco es pequeña propiedad.

—¿Y cuánto terrenito tiene usted?

—Bueno, aquí son metros, no hay hectáreas. Aquí algunos tenemos mil metros, 500, 800 metros, mil 500, hasta ahí es la mayor parte que se tiene de terreno.

—¿Y qué otras flores venden?

—Producimos rosal, malvones, crisantemos, gazanias... Plantas de sol. Producimos muchas plantas, mucha variedad de plantas, como es la planta medicinal, y también la hierbabuena, el epazote, plantas aromáticas, como tés.

Y se escucha el canto de un gallo, y luego de otro, mientras una gallina ponedora de color blanco, que contrasta con la alfombra de macetas rojas, rasca y picotea entre el inmenso vivero de Nochebuena.