Crónicas urbanas

Policía, cuentista e instructor

Es funcionario en la SSP y ha sido parte de la auxiliar y granadero; estudió para maestro y ganó un premio literario; ahora capacita a sus compañeros para el nuevo sistema de justicia penal acusatorio.

Hace tres años, cuando estudiaba para ejercer la docencia en una escuela del magisterio, Érick Josué Arenas Hernández, que en ese momento laboraba en el Agrupamiento de Granaderos Poniente, descubrió un anuncio en los pasillos de la estación Revolución del Metro, en el que invitaban a participar en el concurso de Cuento Campirano, signado por la Universidad Autónoma Chapingo; anotó los datos y envió un texto, titulado "Los primeros perros", que obtuvo el primer lugar.

La primera que supo la noticia fue su esposa, quien había descubierto el aviso en internet, y fue lo primero que le comunicó al marido en cuanto éste llegó del trabajo. El hombre, admirador de Julio Cortázar y de Juan Rulfo, no lo podía creer, y no porque dudara de su trabajo, sino porque en otros años habían ganado experimentados autores; por lo tanto demoraría en asimilar aquella noticia, más aún cuando supo que el monto del estímulo económico ascendía a 50 mil pesos.

El primer trabajo que tuvo Arenas Hernández, oriundo de la Huasteca hidalguense, fue de policía auxiliar; más tarde ingresó como preventivo en la Secretaría de Seguridad Pública, donde formó parte de un grupo de supervisión y se interesó en la literatura; de 2001 a 2005 estudió la licenciatura en administración policial en el Instituto Técnico de Formación Policial y ascendió como subdirector en el sector Benito Juárez, donde estuvo seis años.

De ahí lo movieron al cuerpo de granaderos y fue cuando tuvo la oportunidad de ingresar al Centro de Actualización del Magisterio, donde formó parte de la quinta y última generación de profesores, con la especialidad en telesecundaria. Era una inquietud que le venía de familia, pues su papá es profesor de educación primaria rural, igual que su abuelo, hermanos, primos y primas.

Y es ahí cuando, en el primer año, conoció a una maestra que impartía la asignatura Estrategias de la Comunicación, quien lo acercó a las obras de Juan Rulfo, Juan José Arreola y Julio Cortázar, pues la mentora percibe que algunos de sus textos tienen semejanza con la de esos autores, recuerda Arena Hernández, y "me empezó a apasionar la escritura y así lo he tomado..."

—¿En qué momento participa en el concurso?

—Fue en 2013, cuando ya me faltaba un año para terminar la carrera. Todavía tenía contacto con mi maestra, aunque ya no me daba clases.

—¿Y cómo se da cuenta del concurso?

—Fue en un trayecto de mi casa a la Normal, en la estación Revolución del Metro, cuando veo en un pizarrón de anuncios que había una convocatoria de la Universidad de Chapingo para concursar a escala nacional con un cuento, y decido participar. Le comento a mi maestra y ella me dice: "Adelante, tú puedes hacerlo".

—Y le entra....

—Sí. El requisito era que debía ser de corte campirano y las historias que versen sobre esa temática. Y la historia que se me ocurre realizar es la de un maestro que llega a mi pueblo para dar clases y se encuentra con una persona, que es quien la guía; curiosamente esa persona tiene una sobrina de la cual se enamora, ella también ha sido pretendida por el tío... Y ahí empieza la trama.

—Y en qué momento le dicen que ganó.

—Ingreso a mi trabajo en junio, una semana antes de que cerrara la convocatoria, que se abre de abril a junio, y por agosto estaban informando, vía internet; no me entero ese día, fue mi esposa quien se enteró en la mañana, yo estaba precisamente aquí en el instituto. Para mi —sonríe— se me hizo como si me estuvieran jugando una broma.

—Y sus jefes qué le dicen.

—En ese momento estaba en el agrupamiento de granaderos; gustosos, sí; mi jefe es de las personas que le gusta superarse también; él, mi jefe Daniel, es campeón de tiro.

***

Fragmento:

Le dije que se anduviera con cuidado, que no se fiara de la justicia, se lo dije pero no me quiso creer; sabía que le pasaría, ya luego que lo vi supe que le pasaría. Su cara de chamaco tierno le iba bien con ese cuerpo que mostraba su sonsera, esa que no es de los que no son de por aquí.

Lo conocí en la cuesta que lleva al pueblo, en tiempo de esos calores que se prolongan hasta entrada la noche. Cuando escuché los ruidos rápidamente alucé para ver de dónde provenían, lo descubrí tentando con manos y pies, tratando de abrirse paso, arañando la vereda como si fuera un tlacuache queriendo huir. Lo escuché jadeando, abriendo su boca y buscando el aire que la oscuridad le escondía; le pregunté adónde se dirigía y me contestó que a dar clases, le dije que adónde y me respondió que de primaria; mejor dejé que jalara más aire y que ordenara su hablar, cuando se hubo calmado me dijo:

—Voy a Yahualica, me dijeron que subiera el cerro, que no importaba el camino que tomara, cualquiera que subiera me llevaría al pueblo y así lo hice, solo que se me hizo tarde y la noche no me ha dejado avanzar.

***

Érick Josué Arenas Hernández, que en 1992, a los 16 años, llegó a la Ciudad de México, estudió la preparatoria en Pachuca, Hidalgo.

La entrevista se lleva a cabo en las instalaciones del Instituto Técnico de Formación Policial, donde imparte "capacitación sobre el primer respondiente, con esto del nuevo sistema penal acusatorio".

—¿De qué se trata?

—Se amplían las actividades para el policía, sí; el primer respondiente es la primera autoridad que llega al lugar de la intervención.

—¿Será la función del policía...?

—Sí. En un delito ya consumado, en flagrancia; posteriormente, si lo requiere la autoridad, de que estemos en la etapa final del juicio, pues lo estaremos, pero de inicio nuestra actividad es preservar la escena del crimen, que los indicios no se pierdan, que no se alteren, que no se modifiquen.

Es una de las principales funciones de los policías preventivos, que se confirma con este nuevo sistema penal.

—¿Y qué hace en el momento que hay una manifestación?

—Hacer mi trabajo de la mejor manera posible. Si es brindar seguridad al ciudadano en algún evento cultural, deportivo, a eso estamos; si es para contener una manifestación, pues igual; vamos a las órdenes del mando y lo mejor posible que salga el trabajo.

—¿Qué piensa cuando les gritan los manifestantes?

—Estamos acostumbrados a recibir ese tipo de consignas que lanzan; por lo tanto, pues ya no nos hacen... vamos...

—Mella.

—Claro.

—Hay ofensas.

—Ofensas siempre ha habido, las consignas que lanzan, pues es eso: quieren desestabilizar emocionalmente.

—¿Ha pensado escribir sobre esas experiencias?

—Sí, dentro de la policía preventiva hay muchísimo material, muchísimas historias que retomar para irlas moldeando, darles ese toque personal de cada uno; me siento con esa responsabilidad de escribir algo para la institución.

—Entonces: subinspector y catedrático.

—Docente.

Este hombre, que pertenece a una estirpe de profesores de la Huasteca hidalguense, piensa seguir en su labor policial y de manera paralela perfeccionar el oficio de escritor, y ya tiene algunos borradores de sus nuevas obras: El Teteyote.

—De qué trata.

—Es una pieza arqueológica de mi pueblo, Yahualica, que data de 1890, una figura sagrada en forma de falo, que mide alrededor de dos metros, 60 centímetros de grosor, al que le danzaban mis ancestros para las buenas cosechas, los buenos augurios...