Crónicas urbanas

El día que se casó Porfirio Díaz

El ex presidente contrajo matrimonio por segunda vez con Carmen Romero Rubio y Castelló, de 17 años, en 1881, según consta en el Registro Civil del DF, donde hay otras actas de más personajes.

En el Registro Civil de la Ciudad de México, ubicado en la calle Arcos de Belén, se acumulan 28 millones de documentos, que van de 1859 hasta la fecha, donde se encuentra parte de la historia del país en pergaminos.

Una bóveda especial alberga el acervo histórico, entre actas de nacimiento, de matrimonio y defunción de personajes, entre éstos ex presidentes, como Porfirio Díaz Mori, que en diversos periodos —de 1876 a 1911— gobernó el país.

Los anaqueles están al fondo de uno de los pisos del inmueble, inaugurado el 18 de julio de 1963, por el entonces presidente de la República Adolfo López Mateos y donde se atiende un promedio de 5 mil personas cada día.

Las instalaciones son remodeladas. La primera etapa consistió en darle una nueva presentación a la fachada. En las segunda y tercera, según las autoridades, se modernizarán “por completo las oficinas” y se realizará “la creación de un museo virtual donde los usuarios podrán conocer los tesoros del Registro Civil”.

Y esos “tesoros” serán actas de nacimiento, de matrimonio y defunción de personajes “que han marcado la historia de nuestro país”, como Juárez, Madero, Frida Kahlo, Elena Poniatowska, Pedro Infante, Jorge Negrete, Juan Rulfo y Porfirio Díaz, cuya muerte cumplió este mes 100 años.

Los documentos, mientras tanto, son protegidos por diversas técnicas y manos expertas, que los cuidan y atesoran.

“Tenemos un programa de restauración de documentos históricos de personajes célebres y gente famosa, como escultores, pintores, jugadores de futbol y ex presidentes; entre éstos, el de don Porfirio Díaz”, dice Héctor Maldonado San Germán, director del Registro Civil.

—El acta matrimonial…

—Sí, se dice que fue un escribano muy famoso el que realizó esa acta y que obviamente se guarda en esta bóveda y que es parte de este proceso de restauración que tenemos desde hace ocho años. Esta modernización nos ha permitido localizar cerca de 28 millones de atestados, 98 por ciento casi del acervo histórico desde 1859 hasta 2015; la bóveda guarda un clima especial y se les da mantenimiento a este tipo de actas, para que puedan conservar su originalidad y no se manchen.

—¿Y cuál es la peculiaridad de algunas actas?

—Pues de Francisco I. Madero, por ejemplo, tenemos su acta de defunción, donde, por cierto, hay un comentario que dice que falleció de muerte natural, hablando que fue de siete balazos; también está la de matrimonio de Frida Kahlo y Diego Rivera, donde viene un dato muy especial, cuando dice ocupación de Diego Rivera, aparece “pintor”, y de Frida Kahlo, “esposa” de Diego Rivera…

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María Teresa Dorantes, especialista en archivos públicos y conservadora del Registro Civil de la Ciudad de México, se emociona cuando detalla las características del personaje histórico y el documento, que muestra ya restaurado.

“El acta de matrimonio de Porfirio Díaz”, describe, “está conformado por un material que no era de buena calidad, sino de celulosa, y tenía un grado muy importante de lignina, lo que fue amarilleando el papel y haciéndolo ácido; cuando lo diagnosticamos se encontraba en un riesgo muy alto de pulverización; entonces, para su conservación, procedimos a estabilizar los soportes, a darle una carga alcalina y salvarlo. La restauración se hizo con papel coso, importado de Japón, de alta calidad; es un material que garantiza la salvaguarda de estos soportes.

—¿Qué recuerda usted cuando vio el acta de matrimonio de Porfirio Díaz?

—Bueno, toda una época, toda una historia, tanto del país como de estos personajes, ¿no?, de Porfirio Díaz y de su segunda esposa, Carmen Romero Rubio.

—¿Qué pidió él de especial?

—La dispensa.

—¿Qué significa?

—Bueno, se tenía que publicar la pretensión de contraer matrimonio donde se encontraba el juez y en los lugares más importantes de la Ciudad de México, eso en la ley de 1859.

—¿Y se le dio la dispensa?

—Sí.

—Pero en esa época él no era presidente.

—No, pero era un ciudadano como otros que podía pedir la dispensa.

—¿Por qué cree que lo pidió?

—Bueno, seguramente por el alto nivel político, tanto del que iba a ser su suegro como de su futura esposa, y de él mismo, porque él seguía siendo un personaje.

—¿Lo casan pero él pide un acta especial?

—No precisamente especial, sino que el personaje que se dice hace las capitulares, es decir, la cabeza del acta, fue un amigo de Porfirio Díaz y se llamaba Silvano García; él era escribano, el último del Estado de México, y el notario número uno, y por amistad se traslada y efectúa las capitulares. Lo hemos podido constatar por una carta que Amada Díaz, la hija de Porfirio Díaz, años después le manda a Silvano, donde le dice que si todavía conserva la plumilla con la que hizo las capitulares del acta de su padre y él le contesta que sí.

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—¿Ese día que se casa por segunda ocasión también hubo otro matrimonio?

—Sí, el de Virginia Saviñón con José Flores Guerrero, se casan a las 11 de la mañana de ese día, 5 de noviembre, y don Porfirio Díaz y Carmen Romero Rubio a las siete de la noche. El ex presidente es uno de los personajes más polémicos en la historia de México, por la sencilla razón de que es héroe y villano, que tiene admiradores y detractores, con esa misma intensidad que fue la que lo vio crecer, desarrollarse y llegar a ser el hombre más poderoso de este país, dueño de voluntades. Es uno de los grandes mexicanos que ha sido olvidado…

—¿Qué sintió usted cuando estaba restaurando ese documento?

—Mucha pena, porque era un libro deteriorado y con un grado de daño importante, con una ausencia de protección del patrimonio; luego, analizando la importancia del personaje, que había que salvarlo de inmediato con los recursos que se tenían. Entonces se logró obtener el papel japonés, porque fue de los primeros libros que se restauraron, que se rescataron, ya como patrimonio documental del Registro Civil del Distrito Federal y de México.

El 5 de noviembre de 1881, el general Porfirio Díaz, de 51 años, que dio como domicilio el número 8 de la calle Humbolt, llegó a una casona del centro, donde vivía su novia, Carmen Romero y Castelló, de 17 años, y, ante testigos y familiares, los casó el juez Felipe Buenrostro.