Crónicas urbanas

El coleccionista de cámaras

Gustavo Coss, compadre de Pipino Cuevas, es dueño de mil 300 aparatos, distribuidos en dos cuartos, donde se acumulan miles de recuerdos; los primeros retratos los tomó de niño...  a sus abuelos.

En su casa del sur de la ciudad, Gustavo Coss, quien nació en Guanajuato, creció en la colonia Morelos, Distrito Federal, y se desarrolló en Ecatepec, Estado de México, desgrana recuerdos de fotógrafo aficionado, de cuando era niño,  y coleccionista de cámaras, a partir de 1973, año durante el que negoció la primera compra con un fotógrafo ambulante de la Villa de Guadalupe; y entonces comenzó una afición que ahora se refleja en apartamentos, cuyas vitrinas exhiben mil 300 máquinas que datan desde 1896 y otras de épocas en las que fueron usadas por espías.

Estudió en la escuela primaria Abraham Castellanos, colonia Morelos; entre sus compañeros estaba Édgar Vivar, que años después se convertiría en comediante, recuerda Coss, mientras muestra una fotografía en la que aparecen, en 1960, los integrantes de aquella generación; tres años más tarde, en Parácuaro, Guanajuato, apretaría por primera vez el obturador de una cámara frente a sus abuelos.

—Y a partir de ahí…

—Sí, y esto ya no se quita, eh; al contrario: se va haciendo como un vicio —responde e invita a visitar otra zona exclusiva.

Y es ahí, en un tercer compartimento, contiguo a su oficina, donde tiene 384 álbumes con 58 mil 600 fotos de familiares, clasificadas en anaqueles y digitalizadas en 42 discos, empezando por unas placas del año 1888, y las de su abuelo Mariano Coss, de niño y adulto, entre éstas las que él le tomó.

Uno de los fotógrafos que le ha surtido de cámaras es Juan Ponce, su amigo, a quien conoció por medio de su compadre Pipino Cuevas, boxeador, originario de la colonia Vasco de Quiroga, cerca de La Villa, en la que también vivió Gustavo Coss, apasionado conversador, amigo de famosos pugilistas y grandes fotógrafos, como el propio Ponce y Antonio Caballero, entre otros, y reporteros de la vieja guardia.

El recorrido por el museo incluye detenerse a observar un proyector francés que usaron los hermanos Lumiére; al fondo, una cámara de estudio fotográfico, marca Noba, acrónimo que viene del nombre de su creador, Eugenio Espino Barro; y al lado, sobre una mesa, un libro que cuenta la historia de Espino, cuya cámara está hecha de madera fina, de metro y medio. Semeja una guillotina.

***

—¿Cuáles le llaman la atención?

—La Leika es, fue y será la número uno; a mí, en lo particular, la Nikon, la Canon y todo lo que es alemán; la cámara alemana me gusta mucho.

—Hay unas que usaban los espías.

—Bueno, sí, en los años 60 había cámaras chiquitas, la Minox, de las más famosas; y una que se detenía, como los lentes, muy robustos, grandes; había un adaptador para una Minox, para ajustar binoculares.

—¿Cuál sería la cámara más vieja?

—Hay varias de 1800, de 1880, varias…

—¿Y la más reciente?

—Pues una Nikon D600

—¿Y funcionan?

—Sí, más de 95 por ciento, pues hemos tenido el cuidado de que las cámaras sirvan; las que podamos arreglar, las mandamos al taller, y las que de a tiro no sirven, excepto que sean muy raras, las tenemos aquí; son pocas.

—¿Le regalaron una cámara muy parecida con la que retrataron a Marilyn Monroe? —se le pregunta, al mismo tiempo que señala aquella famosa fotografía de la actriz estadunidense, autografiada para él por Caballero.

—Sí, cómo no, esa famosísima foto es de mi gran amigo Antonio Caballero, Toño; él vino a ver las cámaras a casa —ha venido muchas veces aquí— y nos indicó con cuál cámara, una similar, idéntica, le tomó esa foto a Marilyn Monroe, en 1956; y tengo la cámara de don Humberto Zendejas Vargas, que ese mismo día, en el hotel Continental Hilton, también tomó fotos; esa cámara sí la tengo, la de don Humberto, se la vendió él a Juan Ponce y me la pasó a mí.

—Usted tiene esa foto autografiada.

—Sí, por Toño Caballero, sí, como le dije, somos amigos —responde, emocionado, mientras observa la famosa foto de Marilyn sentada.

—¿Con qué tipo de cámaras le tomaron esas fotos a Marilyn Monroe?

—La de Toño fue con una Yashika y la de don Humberto con una Rolley Flex.

—¿Son históricas esas cámaras?

—Pues sí, sobre todo por el evento que hubo en ese momento, y, pues, sin querer Toño, porque él mismo dice que fue un chiripazo, cuando tomó la foto, y no se dio cuenta, hasta que estuvo en el cuarto de revelado, de que Marilyn, al cruzar la pierna, no traía ropa interior; entonces ahí se crea el mito de que si era rubia o no, y esa foto le ha dado la vuelta al mundo.

—Sin embargo, dicen que le robaron el negativo.

—Sí, un amigo de él se lo robó; pero a Toño Caballero le dan el crédito porque había muchos fotógrafos ese día del evento, y todos constatan y lo constataron; por eso, el crédito es de Toño.

***

—¿Cuál sería su máxima aspiración de tener una cámara que no ha tenido? ¿Cuál sería su sueño?

—A mí me gustaría tener un poco más de Leikas, porque, le vuelvo a repetir, son lo mejor que ha habido y es muy difícil conseguirlas.

—Háblenos de las donaciones.

—Bueno, pues hemos recibido muchas donaciones de amigos, en Ecatepec, sobre todo, del señor López Mejía, de tantos otros, de mi amigo Pepe Quintana, de don Ernesto García Chaires, en fin, hemos recibido muchas donaciones; de una sobrina de don Carlos Madrazo.

—Carlos Madrazo…

—Sí, ella me regaló su cámara, y de cine y de 35milímetros. Esas, todas, cámaras tienen una historia de familia…

El señor Coss camina de aquí para allá, de sala a sala, y con cuidado y delicadeza abre vitrinas y saca alguna cámara, entre éstas una de las usadas por espías europeos, o señala con el índice la obsequiada por su amigo el columnista policiaco Mario Munguía, Matarili, quien compró esa cámara, según le contaba, porque había días en que no iba el fotógrafo, pues amanecía con resaca, y entonces él tenía que tomar las fotos para sus notas.

Lo acompaña Juan Ponce.

Coss se emociona.

—La fotografía —explica— tiene mucha potencia, porque no solamente le va a revelar una imagen, sino también una época; cómo se vestían, por ejemplo; la moda, los muebles; le revela si en ese momento era una felicidad o una tristeza… Creo que todos en el mundo deberíamos tener un álbum familiar, porque eso le gusta a la familia, lo disfruta; por eso digo que cada cámara tiene una historia.