Crónicas urbanas

El club de las "biclas" cromadas

Es un grupo que pedalea sus bicicletas en el Distrito Federal. El gremio de jinetes chilangos, surgido en el año 2000, tiene influencia de mexicanos nacidos en Estados Unidos.

En los años 60 y después, según cuentan, sus padres manejaban retozones autos del otro lado de la frontera norte, de preferencia en Los Ángeles, California, donde hacían brincar sus ranflas de carrocerías largas, al ritmo de “Tequila” y otras canciones, una de éstas, en especial, interpretada por la banda War.

Los vehículos, la mayoría largos, tenían un peculiar sistema de muelles que los hacían ladear, brincar, cabriolar. Les decían lowrider. Sus domadores eran cholos. Homies. De pañuelos en la cabeza y locuciones en las que mezclaban palabras en inglés y español. Era su habla. Un jerga que los diferenciaba.

De allá viene la influencia de este grupo, los Únicos Lowrider Bike Club, como se hace llamar, que pedalean sus cromadas bicis en las calles, donde es difícil que pasen inadvertidos con sus negras cachuchas, pantalones guangos, camisas holgadas, las manos de remos, como si paletearan.

Es un club de jinetes chilangos, surgido en el año 2000, cuyos líderes, Iván Galicia, Buda, y Jesús Galicia, Chuy, de Tlalpan y la Morelos, llevan la batuta; aunque, viéndolo bien, entre ellos no es importante insinuar grados, ya que los hermana una afición por estas bicis de diseño especial.

Buda tiene 35 años y es padre de un niño de 3; se dedica a la compra y venta de autos. Una de sus bicis se llama Twista.

Toda su familia vive en Carolina del Norte, Estados Unidos, país al que va y viene desde que emigró, a los 16, cuando escuchó decir al padre que tanto él como su abuelo, durante la juventud, hicieron  retozar sus Ford Galaxie y Chevrolet Impala. De ellos heredó el estilo cholo y el gusto por las bicis adornadas.

Los acompaña Jesús Velázquez, Gran sombra, de 24 años, a quien desde niño le gustaron las bicicletas, pero no podía tener una debido a su situación económica. “Mi sueño era tener una bici de montaña, pero nunca se me hizo”, dice este joven de Tlaxcala, quien hace 14 años llegó a la ciudad con su madre.

Y comenzó a trabajar duro.

Entonces compró una planchaduría y luego una bici, que vistió como él quiso y quiere: abrillantada, con cadena de plata y cruz.

“Es tanto el gusto por la bici, que lo llevamos en la piel”, comenta este jinete de gorra negra con las letras LA en la frente, y uniforme del grupo: camisa gris rata, pantalón perla holgado, “o tumbado”, y zapatos tenis negros.

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El punto de reunión es el centro de Coyoacán, alrededor del quiosco, donde la gente pasa, echa un vistazo y admira las pulidas bicis en batería.

—¿Cuándo empiezan con este club?

—El club lo iniciamos en el año 2000: un fundador, un homie de aquí, que es Chuy; otro amigo, que viene de Los Ángeles, y un servidor, Buda.

—¿Y cómo nace la idea?

—Traemos una cultura de familiares mexicanoamericanos y ahí es donde surge el movimiento que nos gusta, que nosotros manejamos: el Lowrider.

—¿Ustedes hacen sus bicis?

—Nosotros importamos las piezas de Estados Unidos porque manejamos la originalidad Lowrider y cada quien pide las piezas conforme su estilo y gusto de querer su bicicleta; hasta en canciones marca la originalidad el cromo, los cuadros, el tipo de piezas torcidas, el tipo de colores, porque manejamos unos colores muy vistosos. Eso es lo que distingue a una bicicleta Lowrider.

—¿Cuánto cuesta una bicicleta?

—Pues a una de mis bicicletas le he invertido casi 35 mil pesos.

—¿Y cómo se conocieron con Buda? —se le pregunta a Chuy.

—Por medio de una página de Facebook —responde Chuy, que bautizó a su bici como La Bandana—, ahora sí que yo los empecé a seguir; después les mandé fotos de mi bicicleta, me invitaron a hacer un paseo en Reforma, como se hace los domingos, y de ahí ya fue constante seguir saliendo, y ahora sí que desde esa fecha hasta ahorita.

—¿Cuál es tu influencia de los cholos?

—Desde los 12, 13 años me empecé a meter en esta onda del cholo y  ahorita ya me enfoqué más a lo que es el movimiento Lowrider, y entonces me empezaron a gustar más todavía; para empezar, era de bajos recursos y no podía; y ya fue de adulto cuando decidí comprar mi bicicleta y hacerla a mi gusto. Y no solo tengo una, sino tres.

—¿Va unido el rap con el gusto por la bicicleta?

—Sí, inclusive en videoclips siempre sacan lo que son bicicletas y autos lowrider, todos van dando el cruising,  vas escuchando música, moviendo la cabeza, como todos decimos; y eso va de la mano, ya sea rap pandillero, mexicano, chicano, lo que sea, igual que el funk, los oldies, la música de los 50, los 60, lo que escuchaban los pachucos, igual con sus bombillas y sus ranflas...

—¿Es difícil entrar al club?

—Nos fijamos en la constancia del aspirante a ser miembro: que si vamos a hacer una junta; que si le interesa, pues  tiene que presentarse; que si vamos a hacer una playera o una camisa, como las que traemos, él tiene que entrarle y va a aportar su dinero; y cuando nosotros hagamos rodadas o los cruising, como le decimos, igual que se presente…

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Carlos Limón, de 25 años, tiene tres meses de haber entrado al club. Vive en el oriente de la ciudad. Su bici es dorada y teñida de rojo y gris, con sillín cubierto de velour, una tela similar al terciopelo, usado en casi todos los asientos. “Nuestro estilo es bajito”, dice mientras señala su bici, que lleva el nombre de Strictly Business.

—¿Por qué?

—Es lo contrario a los carros de carrera de Estados Unidos —dice Limón, quien en el antebrazo derecho luce un tatuaje con figuras de golondrinas, que es “una manera de representar a mi familia; es la libertad que me han dado”.

Otros de los miembros es Ríchard Burbuja Pedraza, de La Polvorilla, en Iztapalapa, que invirtió 16 mil pesos en “hermosear” su bici, cromada de azul, mientras que Ricardo Rock, “sonsacado por mi amigo Limón para entrar al club”, también de la misma delegación, hace cuentas de su inversión:

—Seis mil pesos en rines y 10 mil en accesorios como tijeras, espejos, faros, en restauración de piezas y el asiento de velour.

—Son “personalizadas”, decías.

—Así es. Plasmas tu estilo en piezas y algunas posiciones de accesorios, como espejos, faros, manubrios, volantes de cadena, un rasgo que las caracteriza, así como la altura: bajitas, como los automóviles Lowriders; o sea, rodando bajo.

Y allá van, ufanos, con sus camisas y pantalones guangos y gorras ajustadas, moviendo las manos, como si remaran.