Crónicas urbanas

La "boutique" del horror

Dicen que no es una moda, sino un estilo que llegó para quedarse en el DF, y por eso han surgido diseñadores de ropa gótica, dark y punk, que se iniciaron en tianguis populares; les incomoda que les llamen tribu urbana.

Les incomoda el término de tribu urbana, como se describía a su clientela, pues les parece despectivo; también rechazan que por su aspecto y gustos se les asocie con algo maléfico, como sucedió en el pasado, cuando los involucraban con los llamados emos. Es evidente, sin embargo, que no dejan de llamar la atención, ya que en sus diseños predomina lo oscuro y algunos matices de morado y escarlata.

Admiten, eso sí,  que forman parte de un boom que  surgió hace años, a partir de películas relacionadas con el vampirismo y aquellas que describen pasajes de la época medieval. En la Ciudad de México, de manera especial en el Centro Histórico, hay tiendas que ofrecen indumentaria cuyo perfil es muy definido, desde que se pusieron de moda esos temas, a tal grado de que ya es una tendencia.

Por eso han surgido modistos chilangos, para vestir a jóvenes, sobre todo mujeres, muchas de las cuales eligen corsés  que moldearán sus talles y elevarán sus pechos; otras optarán  por cuellos erguidos y ribetes que parecen escalar sus vestidos, y habrá adolescentes que prefieran minifaldas, estilo muñecas japonesas.

Entre sus clientes no solo hay jóvenes, sino adultos, que también adquieren bolsos, botas, pantalones y chamarras de plástico negro.

Diseñadores como Ariel y Óscar optaron por ese estilo, que ya es una forma de vida, y no solo han estado en el Tianguis del Chopo, que reúne una variedad de tribus urbanas, sino que crearon sus propios negocios, uno de los cuales, incluso, se inició en mercados tan populares como el de la colonia San Felipe de Jesús.

Y habrá que subir por las escaleras de un antiguo edificio, ubicado en la calle de Guatemala, esquina con Brasil, y llegar hasta el cuarto piso, donde está una de las tiendas, compartida desde hace 10 años por los dos diseñadores, quienes expenden modelos propios y atienden clientes de diferentes partes.

Hay piezas de satín, terciopelo y tul; sobresale, por ejemplo, un vestido descrito como victoriano, compuesto por tres piezas, en colores rojo, negro y morado, así como una chaqueta oscura, “para caballero”, angosta, con pliegues; una camisa roja y pantalón negro, de cuya pretina cuelgan cadenitas y objetos de metales.

Un blanco maniquí de torso femenino, embutido en corpiño negro y salpicado de bolitas blancas y moño rojo, parece mirar desde el balcón del cuarto piso hacia el Monte de Piedad y los portales del Zócalo.

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Del lado izquierdo del taller está el de Ariel Méndez, de 33 años, quien empezó a los 19 como modisto. Dice que diseñaba solo para amigos. En ese entonces vendía ropa tipo dark, gótico y punk en un espacio del popularísimo tianguis de la colonia San Felipe de Jesús. “Al principio nos costó mucho trabajo”, recuerda.

—¿Por qué?

—Pues porque compartíamos un puesto con una señora que vendía carpetas floreadas, mientras nosotros ofrecíamos ropa oscura. Después se empezó a abrir el mercado, la moda oscura, gótica, subterránea, varios estilos.

Ariel confecciona un vestido estilo Anime,  personaje de caricatura japonesa, para una quinceañera, quien lo pidió así, como si se tratara de una muñeca, con moñitos, cuyas características coinciden con los usados por jovencitas niponas con zapatos y tobilleras de escolares.

Las edades de su clientela van de los 14, 15, 20 y 30 años. Sí, admite Méndez, “el mercado ha crecido, igual que la competencia; hace algunos años, éramos menos, menos tiendas; ahora hay un poco más de propuestas, cada quien tiene como que su estilo; por ejemplo, yo me enfoco más al estilo gótico clásico”.

—¿Y qué tipo de gente viene?

—Un poco de todo, pero la mayoría es gente más joven, que con el tiempo buscan como que adaptarse a algún grupo,  y siento que las necesidades de los chavos son como para expresarse en la onda gótica.

—Estás diseñando un vestido de quinceañera…

—Sí, este vestido, por ejemplo, es para unos 15 años góticos.

—¿Y tienes alguna influencia de algún diseñador?

—Mmmm..., pues en general, me gusta mucho el trabajo de Alexander McQueen, que ha hecho colecciones a escala mundial; tiene un toque muy oscuro.

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El otro diseñador, Óscar Maya, con 18 años en el negocio de ropa, empezó en el mercado de La Lagunilla, donde vendía mezclilla; ahora prefiere vinyl, charol, licra y objetos metálicos. “Echando a perder se aprende”, dice este hombre, de lentes oscuros, con vestuario punk, cuya esposa y su pequeño hijo usan similar vestuario.

Hace 10 años, recuerda Óscar, “era muy poca la gente que se dedicaba a diseñar este tipo de ropa, como que era, ¿cómo decir?”

—¿Marginal?

—Sí, de cierta forma, porque no había tanta difusión, ni tampoco tanto conocimiento; ahora no, pues hay internet, medios de comunicación, y la misma gente se involucra y se interesa para saber más, y quiere conocer más acerca de esto que para mí no es un movimiento, sino un estilo de vida.

—¿Tanto?

—Vaya, así lo tomé hace 25 años; a mi casi me tocó el boom, se podría decir, del underground, del movimiento gótico.

—¿Y como diseñador?

—Este movimiento me ha estimulado a crear más diseños; y siento que este momento ha sido algo muy importante de mi vida. Confecciono desde un arnés  hasta algo muy sofisticado o elaborado porque la ropa,  en primera,  es como la segunda piel, y ya al estar en la persona, causa esa, no sé, esa cuestión de que voltees, ¿no?

—¿Y qué es lo que más te piden?

—Híjole, ahorita he estado vendiendo mucho el corsé, pero los que son de vinyl; la verdad, elaboro más para la chica, porque es la que consume más, la mujer adquiere demasiado en comparación con el hombre, que es más…

—¿Austero?

—Sí, porque se retiene un poquito más; pero la mujer, la mujer… has de cuenta: agarra, te pide el diseño y quiere más, andan buscando algo así como… inocente, un vestuario inocente pero que a la vez sea sensual, entonces vienen chavitas que tienen 15, 16, 18 años, y pues se les hace, vaya, se les elabora.

Son las tendencias dark, gótico y punk, que ya es una forma de vestir en la ciudad, donde sobresalen ropa, calzado y accesorios, cuyos diseñadores son chilangos que imponen su estilo muy personal.

Una asidua clienta de Iztapalapa está de visita. Es Silvia Armijo, de 18 años, de indumentaria negra: pantalones de licra entallados y blusa escotada; calza gruesas botas con estoperoles. Dice que así se viste desde que tenía 14 años.