Crónicas urbanas

Street Art en la Doctores

El guía del periplo es Roberto Yuichi Shimizu Kinoshita, y comienza en la azotea de un antiguo edificio marcado con el número 15 de la calle Doctor Olvera, donde él nació hace 33 años, y desde ahí distingues parte de la ciudad, ahora grisácea, y palpas muestras de hiperrealismo de artistas cuya imaginación desciende por escaleras y campea en muros de esta colonia, la Doctores, más conocida por su mala fama que por la creatividad plasmada en sus escarapelados muros.

Y habrá que girar en torno a esto que semeja una escenografía, y ojear en los alrededores, siempre orientados por Yuichi Shimizu —recuerda al actor japonés Toshiro Mifume, paisano de sus abuelos—, mientras describe pinturas que parecen calcadas de rostros infantiles y adultos que asoman entre cables y fragmentos de muros en este popular barrio formado con trazos puntiagudos.

“Desde muy pequeños nuestro abuelo nos inculcó el agradecimiento y el aprecio por nuestro país, México, sobre todo por nuestra colonia Doctores”, comenta Roberto Yuichi, promotor de Street Art, cuyos padres y hermanos nacieron y crecieron entre el bullicio de lo que era Niño Perdido, ahora Eje Central Lázaro Cárdenas.

Era el año 2006 cuando nació Distrito de Arte Doctores, que incluye el proyecto de Azotea Mujam,  un espacio “escondido y secreto dentro de la colonia”, como él lo define, que ha servido de plataforma para artistas en desarrollo, mexicanos y extranjeros, como Daniel Buschbaum, NabsD Jos, Paola Delfin, Román, Oro de Neta, Geurch, Alina Kiliwa, entre otros tantos, decenas.

La intención del colectivo Street Art es fomentar, mediante el arte, la convivencia y el bienestar social, que van de la mano de artistas y dueños de inmuebles, barda o muro, y así transformar y mejorar su entorno, explica este curador de arte urbano, de profesión arquitecto.

Desde pequeño ha recorrido el mercado Hidalgo, jugado en el Parque de las Artes Gráficas y degustado gorditas de chicharrón, así como  los famosos panuchos, comenta Yuichi Shimizu,  en el patio del edificio donde nació, espacio en el que Sebastián, artista de origen belga, colorea la figura de un guerrero jaguar con máscara de luchador.

“Fue al Museo de Antropología e Historia”, dice Roberto, sobre el artista belga, quien ahora se concentra en los detalles de su obra.

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En el año 2012, recuerda Yuichi Shimizu Kinoshita, fundó el festival “más importante de arte urbano en Ciudad de México, que reunió a ocho de los mejores exponentes de Street Art en la actualidad”, como Herakut, Interesni Kaski, El Mac, Vhils, Escif, Roa, Aryz, Sego y Saner, quienes pintaron muros en Bucareli, Polanco, Paseo de la Reforma y el edificio Chihuahua, en Tlatelolco, entre otros.

Yuichi ha participado en exposiciones de arte urbano en diferentes partes del país, acompañado de artistas mexicanos y extranjeros, que han pintado muros de hospitales, edificios públicos y privados.

El Distrito de Arte Doctores “es un proyecto cultural en una de las zonas más importantes del país, y que más ha sido violentada en los últimos años”, describe este curador de arte urbano. “Nuestro principal objetivo es comunitario y sociocultural, regenerando espacios en abandono o vandalizados en la colonia,  rehabilitándolos con murales y con conexiones sociales entre los habitantes de la zona”.

Su colectivo tiene poco más de diez años de experiencia en la regeneración de espacios públicos de Ciudad de México, empezando por el circuito Doctores-Roma-Obrera-Buenos Aires, con la producción de murales temáticos, dice Yuichi, quien clama: “¡Este proyecto necesita ayuda!”

Y es que, asegura, la principal intención es “transformar la calle en una galería urbana dentro del corazón de la ciudad”.

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Roberto Yuichi, cuyos padres tenían aquí una papelería llamada La Primavera, refiere que su familia llegó hace más de 90 años, “y siempre mi abuelo nos inculcó un amor muy profundo por México; siempre nos dijo que fuéramos agradecidos con este país, con esta colonia, que nos había dado muchas cosas”.

—En la azotea intervienen varios artistas.

—Un promedio de 70, y dentro de todo el recinto, 90: de Nueva York, Francia, Los Ángeles, España, de Galicia, de Valencia; tenemos también muchísimos de Alemania, Argentina, Chile; Guadalajara, Durango, Chihuahua, Mérida. Realmente se ha convertido aquí en una embajada del arte urbano en México. 

—¿Y de la colonia?

—Trabajamos con varios colectivos, sobre todo estamos en ese constante diálogo de tregua a través del arte. Al principio, muchos de los murales amanecían con “bombas”, grafiteados, y con el tiempo ellos empezaron a ver que la calidad del arte iba subiendo.

—¿Los han respetado?

—Sí; es increíble que al final hemos logrado hablar ese lenguaje, ese diálogo de de paz, de respetar el arte de cada uno y cada quien respetar su espacio.

En un recorrido por la colonia se pueden observar varios, como los murales de Noé Vázquez y de Conny, de Cristina Maya, sobre el Eje 2, Doctor Olvera, y en la calle Doctor Andrade, Eje Central y Doctor Barragán.

Y por allá hay murales con viñeta mexicana de un cómic; otro más, en la parte de arriba el mural, de Noé Vázquez, una alegoría a Ciudad de México: la guadalupana, un Quetzalcóatl, indigentes, rascacielos.

—Y también hay grafiteros.

—Hemos tenido murales que también han sido “bombardeados” —formas de globos— con diferentes tipos de grafitos; pero también hemos logrado que respeten muchas de nuestras pintas. Es, por ejemplo, el que está en Gutiérrez Nájera y Eje Central, donde pintaron toda la parte de abajo del primer piso de un edificio y los grafiteros, en vez de pintar encima, lo hicieron alrededor del mural de Muertitos de hambre, que dice: “Buenos días”.

Uno más que fue vandalizado es el de Spencer Keeton Kuninhan, un artista de San Francisco, California, autor de varias obras en Estados Unidos, quien, recuerda Yuichi Shimizu, “mientras pintaba tuvo el acercamiento de una persona,  ahora sí que maleante de la zona, que quería a fuerzas pintar un escudo del América”.

Keeton, quien intervenía el muro de un viejo edificio, entre las calles Garciadiego y Andrade, pintaba una parte en color negro y la otra en rojo, simbolizadas por Estados Unidos y México, con tacos, refrescos, sopes, tlacoyos, tortas; del lado gringo, zapatos tenis, donas, hamburguesas, la avaricia por el dinero, las armas, la guerra.  

—¿Y qué pasó?

—Al no cumplirle su deseo banal de pintarle una tontería de ese tamaño, optó por salir en la noche y poner un escudo de este equipo, y realmente es patético —dice Yuichi, frente al mural.

Y ahí, del lado derecho, en la parte de abajo, permanece algo parecido al mencionado escudo, hecho por un presunto delincuente que desde hace tiempo purga una condena, no por ese hecho, aclara Yuichi, sino quizá por otros delitos graves. 

Yuichi dice que la mayoría de las pinturas son respetadas por los vecinos, incluso algunos de ellos, como se observa, han pedido que ilustren sus comercios; aunque no falta quien pretenda sabotear con jeroglíficos, que al final son opacados por la calidad de la obra, que ya se expande más allá de la Doctores.