Crónicas urbanas

Triay, Bíos y el calzado alternativo

Se unieron en el amor y en el trabajo; primero fueron distribuidores y luego abrieron su propio negocio, donde apenas cabían... tropezaron con algunos problemas, pero no se rindieron.

Hace años empezaron a vender botas en el tianguis del Chopo, pero vieron que la clientela crecía y el proveedor no tenía la suficiente producción, por lo que emprendieron su propio negocio y tuvieron que abrirse paso entre obstáculos que parecían infranqueables.

El problema es que antes de formalizar su taller, donde ahora fabrican una variedad de calzados y diseños personalizados, la pareja se vio en aprietos, empezando porque no tenían la mínima experiencia como fabricantes, al mismo tiempo que se aproximaba el momento de entrega.

La idea fue de ella, Tere Triay, quien le dijo a su compañero, Bíos Rodríguez Juárez, que lo mejor era manufacturar el producto, pues la lista de pedidos crecía y no podían reembolsar el dinero, de modo que encontraron a un joven zapatero, Agustín, que sería fundamental tabla de salvación.

Lo cierto es que, ya metidos en el dilema, Rodríguez Juárez tuvo la idea de visitar Tepito para ir en busca de asesoría, pero topó con gente del oficio, ya grande de edad, que lo veía con algo de escepticismo, pues lo que él planteaba parecía no estar al alcance de quienes hicieron calzado tradicional.

Y también lo veían raro, según percibió, porque les llamaba la atención que un tipo pelón y tatuado —tiene la figura de un micrófono en el cuello— hiciera preguntas sobre la confección de botas. Ignoraban la urgencia del hombre, quien por fin encontró al indicado: Luis Arévalo.

Arévalo, zapatero de oficio, también dedicado a impartir talleres de diseño y confección de calzado, además de promotor cultural y activista de la colonia Morelos, comentó a la pareja que él se encargaría de enseñarles.

"Claro que sí se puede hacer, todo se puede hacer", los animó después de que le explicaran lo que querían.

Y hubo un respiro.

Estaban frente a un conocedor, que les enseñaría todo lo que querían saber sobre el zapato y nunca imaginaron, "porque nosotros no teníamos ni la menor idea", recuerda Rodríguez Juárez —ex cantante de Nacidos del odio, una banda punk—, quien añade:

"Nosotros, dentro de la distribución, de pronto se nos ocurrían ideas, porque al estar en contacto con la gente, la gente decía: 'Oyes, quiero un verde, quiero un azul, quiero un morado, quiero estas partes así', y cuando nosotros le decíamos al proveedor, 'oyes, necesitamos las botas así', y entre que no se podía y ya no surtían, pues nos vimos en la necesidad de buscar hacerlos".

—Y qué tal el aprendizaje.

—Híjole, tuvo que ser extremadamente rápido, porque ya veníamos arrastrando unos pedidos y una deuda de personas que nos habían encargado, no sé, 200 pedidos, y no teníamos ni un par hecho y decidimos aprender rápido. Lo bueno que nos topamos con un amigo que sabía, que trabaja con nosotros, y él nos ayuda.

El otro paso fue improvisar un taller en su departamento de San Juan de Aragón, con maquinaria usada, donde la mercancía y los utensilios de trabajo estaban en todas partes, incluso en la sala y recámaras. Así estuvieron varios meses. Hace año y medio se trasladaron al último piso de un inmueble de la Magdalena Mixhuca.

***

En el taller diseñan y confeccionan botas de diferentes modelos, colores y figuras, al gusto del cliente, con acabados finos. También hacen choclos y ya piensan en bolsos de llantas recicladas.

"Estamos inmersos en las escenas alternativas", dice Triay. "Fue así como ahora tenemos un equipo de ocho personas, entre cortador, vendedores, ayudantes generales, maquinista, adornador, etcétera, lo necesario para responder a nuestros clientes".

De los diseños se encarga la propia Tere Triay, autora de la marca, "Un puto insulto al buen gusto", que corona dos alas desplegadas, cuya imagen, con un corazón en medio, lleva tatuada en el tórax.

La frase "deviene de una estrofa de la canción 'Balada inculta', de La Polla Récords", explica, y la eligió "porque contiene mucho del sentido que queremos dar a través de los diseños de las botas".

Es decir, agrega, "que se contrapone a las reglas estéticas del 'deber ser'. No creemos que el buen gusto sea solo uno, dictaminado por unos cuantos, basándose en reglas del mero consumo estandarizado y uniformado".

Ella —también se pone Tereska— trabajaba hace años como gerente de capacitación en un banco, pero los protocolos, "los códigos de vestimenta, y demás reglamentaciones no me acomodaban. Entonces abandono ese trabajo y me veo sin dinero..."

Había estudiado una maestría en comunicación y política en la UAM Xochimilco y ahora se veía sin trabajo y sin dinero. Fue cuando decidió vender calzado alternativo en el Tianguis Cultural del Chopo, donde conoció a Bíos.

Y juntos volaron.

***

—Se unen en el amor y en el trabajo.

—Así es... —responde Tere.

—Y en los gustos.

—Y en los gustos, porque hay mucha afinidad con la banda anarquista, con la banda antifascista. Entonces eso da pie a que no hagamos calzado tan comercial, tan convencional, sino como podamos darles gusto a otros sectores.

—¿Cuál es el tipo de clientes?

—Son bienvenidos todos, excepto fascistas, neonazis, ja ja, o esas cosas, no son bienvenidos acá, pero toda la demás banda puede encontrar cosas a su gusto, incluyendo punks, darketos, rastafaris, skinheads. En fin.

—¿Es mucha la población?

—Es más de lo que se podría pensar. Inclusive hasta a señoras les gustan algunas cosas y ahora se ven como más libres y como con más apertura.

Las expenden en Plaza Revolución, Lagunilla y tianguis del Chopo. Los modelos de botas son similares a las inglesas, pero más baratas.

—¿Ustedes hicieron unas botas para Real de Catorce?

—Pues Paty Aguirre, una linda persona, nos conoce en un local que teníamos en Pericoapa; le gustaron las botas y me propone hacer ese intercambio comercial y pues sí, superentrañable la banda de Real de Catorce. Y ahorita también se nos acercó Ranitas, de Víctimas del Doctor Cerebro, para hacerles ahí algunas creaciones especiales.

—Y también hacen para veganos.

—Pues sí, viendo las necesidades de estas escenas que muchos de ellos son antifascistas, anarquistas, comunistas; entonces, toda esa efervescencia como que converge en los derechos de los animales, y muchos de ellos son como muy estrictos y no consumen ni pieles ni carnes —dice, para luego comentar que reciclan llantas de autos para hacer bolsas y botas.

Es una historia de una pareja emprendedora, con dos hijos, que a pesar de los riesgos, decidió instalar su propio negocio, siempre con la mirada puesta más allá de lo convencional y apresurados por los encargos.