Crónicas urbanas

Trata de hombres

Es un tipo de delito del que poco se habla. Brigada Callejera ha combatido ese problema que raya en el esclavismo sexual, incluso con menores de edad; las víctimas temen denunciarlo por amenazas.

En el país hay diferentes tipos de trata. El más conocido es el de la explotación sexual de mujeres. Otros son de jornaleros agrícolas y jóvenes que han sido obligados a matar o usados como servidumbre  por criminales. Pero existe uno más que poco se menciona: la prostitución de muchachos. La delincuencia utiliza enganchadores que seducen a sus víctimas y las obligan a prostituirse en casas y clubes.

Lo dice Elvira Madrid y su colectivo Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, una asociación civil con cerca de 25 años de ayudar a víctimas. En ese mismo periodo han encarcelado a explotadores de prostitutas, quienes a veces temen realizar denuncias, pues viven amenazadas por sus verdugos, muchos asentados en el Distrito Federal, Guadalajara y Monterrey, en especial, sin descartar otras ciudades.

Integrantes del colectivo, quienes viajan por todo el país, ya sea a impartir cursos de capacitación o a participar en seminarios, han escuchado varios testimonios; por lo tanto, tienen un vasto diagnóstico al respecto. Pero es necesario guardar discreción en las indagaciones, pues existe riesgo de que los delincuentes estén de acuerdo con policías. Por eso deben recibir ayuda de investigadores confiables.

En dos casos han denunciado y recluido a criminales relacionados con la explotación sexual de jóvenes, entre los que había menores de edad. Para algunos, entre éstos las víctimas, es un tema tabú, dice Madrid, por todo lo que implica.

La primera vez que intervinieron en una situación con estas características sucedió hace años.

Los criminales tenían enclaustradas a sus víctimas en hoteles próximos a la calzada de Tlalpan, una habitual zona de prostitución callejera, donde la policía ha desmantelado otras bandas, éstas dirigidas por madrotas y padrotes; el segundo caso, más reciente, tuvo como escenario un gimnasio de la colonia Roma.

—¿Cómo atraen a las víctimas?

—Normalmente los enganchadores son guapos, fornidos; tienen el suficiente carisma para atrapar hombres, que a veces también deben atender mujeres –describe Elvira Madrid.

—¿Qué pasó en Tlalpan?

—Ahí era en departamentos. Había tres chicos que se encargaban de atender a los clientes. Pagaban las rentas y otros servicios. La policía agarró a los tres y rescató a nueve víctimas. Eran más, pero por temor no quisieron denunciar.

—¿Y en la Roma?

—Ese fue más reciente. Tenía la fachada de gimnasio. Era un club. Había un montón de cámaras. Al que atendía le dijimos que buscábamos a una persona que había pedido un servicio. Nos dijo que esperáramos. A los 15 minutos regresó. Venía con el chico que habían obligado a hacer cosas que no quería.

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—¿Cuántos tipos de trata hay?

—Está la trata con fines sexuales; la que tiene que ver con los jornaleros agrícolas; la que utiliza el crimen organizado con jóvenes que privan de su libertad para ponerlos como sicarios, halcones o hacer trabajo donde ellos están, como la cocina o sistemas de cómputo…

La entrevista con Elvira Madrid es en una oficina de La Merced, quizá el perímetro de la ciudad donde la prostitución es más abierta y extensa; también en la que Brigada Callejera más ha atendido a víctimas de trata.

Y es donde la experimentada activista se jacta de haber metido en la cárcel a famosos explotadores, algunos aún con tentáculos en esta zona.

—Hay un tema que parece tabú…

—Sí, hemos tenido conocimiento de varios casos de los que no se habla mucho, pero uno que sí nos marcó bastante fue el de un chico que se ponía a enamorar a otros jovencitos menores de edad, de entre 16 años y 18 años.

—¿Qué les decía?

—Les ofrecía cosas y se los llevaba a su casa; después de un mes, los ponía a trabajar. Ellos decían que los quería mucho porque nunca quiso tener relaciones sexuales con ellos. Lo que él hacia era que les hablaba bonito, los acariciaba, los escuchaba. Después,  para hacerlos dependientes de lo que él les dijera que tenían que hacer, venía la penetración. Los ponía a trabajar en casas de citas.

—¿En qué parte de la ciudad fue eso?

—Pues ellos tenían casas que contrataban, según; este muchacho tenía alrededor de tres y cinco diferentes departamentos y casas.

—¿Y cómo era la conexión?

—Por teléfono. Él conseguía clientes y ellos atendían a las personas; la mayoría eran menores de edad, desgraciadamente. Fue lo que nos impactó. La mayoría de estos casos se ve más en la mujer. Es que pocos hombres lo denuncian.

—¿Y cómo lo supieron ustedes?

—Nos llegó de una chica que había denunciado que uno de sus amigos estaba siendo objeto de trata.

—¿Y qué pasó después?

—El responsable quedó encarcelado. Los chicos se reunieron con sus familias, que tenían que atestiguar; pero las mamás no sabían en qué estaban sus hijos y pues fue muy duro para ellas cuando se enteraron… Muchas madres eran de extrema pobreza; se dedicaban a lavar ropa, a hacer limpieza; y es ahí donde también aquellos utilizan la necesidad y las carencias…

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—¿Qué tipo de clientes eran?

—De clase media y alta.

—¿Esto puede existir en varias partes de la República?

—De hecho existe en diferentes lugares. Hay estéticas que atienden a mujeres y otras a hombres. También clubes disfrazados donde vas a hacer ejercicio y resulta que también se dedican a lo mismo. Ya me han tocado varios casos de estos lugares donde te cobran una mensualidad de… diez mil pesos.

—¿Eso sí era netamente trata?

—Claro que sí, porque era con engaños, porque los cooptaban y trasladaban; se veía todo el modus operandi para inducirlos a hacer cosas que ellos no querían; y ya en el club, los grababan; él enganchó a este chico, pero también lo grabó teniendo relaciones sexuales.

—¿Lo videograbó?

—Sí, y eso fue como un chantaje para él, que no quería hacer cosas, no quería trabajar de eso; y, sin embargo, lo tuvo que hacer porque aquél lo amenazó con que le iba a llegar esa información a su familia. Y el chico accedió a hacerlo.

—¿Será que tienen más cuidado en el caso de trata de hombres?

—No, no es más cuidado, sino que les avergüenza denunciarlo, por que son hombres, me entiendes; ellos me han dicho: ‘es que me daba pena decirlo porque qué iban a pensar de mí, ajá, que si yo era gay o no era...’ Porque aquí no hay necesidad de que tengas una preferencia, sino que más bien te utilizaron para hacer cosas que tú no querías; atender a hombres, por ejemplo. Entonces ahí queda su miedo a que digan, ‘ay, cómo que es gay, cómo que es bisexual’. Era el miedo...