Crónicas urbanas

“Tepito, cabrón y frágil a la vez”

tiene 75 años de edad y es de esa zona. Está convencido de que el arte redime. Por eso, con el apoyo de autoridades locales y federales lanza un proyecto fraguado durante años: Casa Barrio.

El sueño de Luis Arévalo Venegas, de 75 años, aterrizará en el cascarón de un inmueble que fue la escuela primaria Vasco de Quiroga, en la colonia Morelos-Tepito, delegación Venustiano Carranza, abandonado desde hace tiempo.

Es un proyecto fraguado durante años, con el tesón de un hombre que a los 13 supo que la perseverancia tiene sus frutos: un día, cumplidos los 12 meses en una fábrica de zapatos, el patrón convocó a los trabajadores.

Arévalo escuchó atento al propietario, un judío, que se dirigía a ellos para preguntarles quién de los presentes podía sustituirlo, pues por cuestiones personales estaría ausente una temporada.

Y al notar que nadie respondía, el jovencito alzó la mano y dijo que él se haría cargo, pero el propietario parecía ignorarlo o hacía que no lo veía; en cambio, miraba hacia los demás en busca de respuesta.

El muchacho, quien vivía en la calle de Rivero, franja de prostitución en aquellos años, no dejaba de subir y bajar la mano en señal de que él se haría cargo del changarro, pero terminó la junta y aquello quedó desierto.

Después el patrón lo llamó para preguntarle si hablaba en serio; él dijo que sí y lo ascendió de puesto, y desde ahí observó que el comercio era desordenado en el barrio. Su familia tenía un taller de zapatos, donde perfeccionó el oficio.

Nacería en aquellos años la agrupación Tepito Arte Acá, de la que formó parte, junto con su amigo Daniel Manrique, artista plástico del barrio, y otros más que fundarían el colectivo que trascendió fronteras. Todos soñaban.

En medio de ese movimiento surgiría la frase "Tepito, cabrón y frágil a la vez", atribuida a Manrique, una síntesis de lo que es el barrio, en cuyos muros plasmó murales, en uno de los cuales acuñó otra síntesis de su filosofía barrial: "Si todos jaláramos parejo, la vida sería más chida".

Luis Arévalo decidió jubilarse en los años 90 y se dedicó a la promoción cultural desde el Taller Libre de Tepito del Arte del Calzado; en esa misma década, incluso, diseñó botas para milicianos zapatistas.

Participó en una muestra de zapatos estilizados en la galería José María Velasco, en esa misma zona, y continúa como promotor cultural en el barrio y otras colonias, donde impulsa diversos oficios, sobre todo talleres de calzado.

Para entonces ya le había echado el ojo a un inmueble en que había una escuela primaria, la Vasco de Quiroga, ubicada entre avenida del Trabajo y Jarcería, delegación Venustiano Carranza, colonia Morelos-Tepito.

Y llegó el momento.

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Había nacido Casa Barrio —"Es el momento de Tepito", reza el eslogan—, una Red de Espacios Culturales, "un sueño que unifica toda la cultura de Tepito en un espacio común", anunciaban sus promotores.

"Ya hemos recorrido buena parte del camino, y el sueño está cada vez más cerca", se lee en las presentaciones. "Tenemos la gente, la motivación, el talento y la ubicación perfecta en el corazón de la Ciudad de México".

Y diseñaron una "Propuesta de colaboración en el Proyecto de Recuperación de la escuela Vasco de Quiroga entre la delegación Venustiano Carranza, el Programa Nacional de Prevención del Delito, de la Secretaría de Gobernación, y la Red de Espacios Culturales de Tepito".

Algunos espacios públicos funcionan más como espacios privados, dice el proyecto, "otros son convertidos en basureros, y algunos, simplemente están abandonados, tal es el caso del inmueble que ocupa la escuela primaria Vasco de Quiroga..."

Dicho inmueble sería el corazón del que derivaría un abanico de actividades, compuesta por varios puntos, que incluye "caravanas culturales callejeras", la "creación del Corredor Cultural Tepito y una serie de intervenciones artísticas colaborativas en la colonia Morelos".

Y mucho más.

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Y el proyecto está en camino, pues ya hay pláticas con autoridades federales y locales, en especial de Venustiano Carranza, la SEP y Gobernación.

"Si cambiamos la imagen del barrio, cambiará la actitud de la gente", dice un curtido Luis Arévalo, en la esquina de Vidal Alcocer y Eje 1 Norte, un espacio al aire libre donde imparten diversos talleres, enmarcado por uno de las últimas obras de Daniel Manrique —año 2004—, en la que muestra los oficios populares y sus herramientas.

"Nace el nuevo tepiteño en manos de un hombre", describe Arévalo, la mirada fija en el muro, mientras observa la figura de una mujer durante el parto y el hombre que recibe al recién nacido.

—Por fin el sueño se hizo realidad.

—Parece que sí –responde.

—¿Y en qué consiste ese sueño?

—Poner al barrio de Tepito en el mapa cultural. Casa Barrio es un sueño que unifica toda la cultura en un espacio común. Ya tenemos recorrido buena parte del camino. Tenemos la gente, la motivación, el talento y la ubicación perfecta en el corazón de la Ciudad de México. Bienvenidos a Casa Barrio.

—¿Y tiene la suficiente fuerza?

—Tenemos todo un trabajo cultural, sabedores de que el problema del barrio de Tepito y todos los barrios de la ciudad es de cultura. Tenemos jóvenes con talento y también jóvenes que andan en la mala onda, todo generado por un comercio desordenado; pero no se trata de pelear con nadie, se trata ya de hacer las paces, sentarnos en una mesa y proponer un proyecto como el de Casa Barrio.

—Todavía se puede rescatar.

—Tengo 75 años de vida y cuerda como para poner mucho de mi parte y que Tepito salga adelante.

—Esa escuela se abandona por la falta de población estudiantil.

—Lo que pasa es que los chavos, al verse reflejados en su maestro, que trae la chamarrita todo el año y los zapatos todos desgastados, pos como que ya no le entra la onda del estudio, la preparación, ¿no?, y ven en el barrio lo fácil de adquirir el dinero; pero esa forma de adquirirlo, sin cultura ni educación y sin capacitación, los lleva a los vicios de conducta que se dan en el barrio, que son violencia y adicciones.

—¿Y sí hay ánimo en el barrio para entrarle al proyecto?

—Claro que sí. Nos hemos dado a la tarea de hacer entrevistas y la gente está muy dispuesta a apoyar, y algunos de mi edad, que también fueron a esa escuela, sueñan con rescatarla y que vuelva a funcionar, ahora como Casa Barrio, donde se dé la cultura, donde se den los oficios, donde se dé el arte, porque estamos convencidos de que el arte humaniza, el arte cambia una vida.

—Ustedes ya presentaron la propuesta.

—Ya tuvimos pláticas en Venustiano Carranza y tienen por ahí una frase que dice "Llegando y trabajando", y están echándole ganas al proyecto, al grado de que ya acordamos que el día del niño abrimos la escuela, esperando remozarla, porque nosotros somos de acción: sabemos que barriendo el salón y trapeándolo, ya podemos trabajar.

—Entonces resurge Tepito. Un sueño...

—...hecho realidad, sí, que no permitimos que se convierta en pesadilla. Manrique decía: "Si todos jaláramos parejos la vida sería más chida". Y tiene por ahí otra que dice: "Tepito es cabrón y frágil a la vez", Y, bueno, hablando de Daniel, él fue el ideólogo del barrio y seguimos su legado; muy duro de seguir y en esa estamos.

—¿Con quiénes se han reunido?

—Tuve reuniones con Conaculta en la galería José María Velasco, pero no llegamos a nada; luego convocamos al delegado en Venustiano Carranza, el señor Israel Moreno, y él acepta muy bien el proyecto. La neta.

—Y también Gobernación.

—Y Gobernación, claro. Ellos tienen la casa y nosotros tenemos el proyecto.

—Están felices.

—Así es. El 30 de abril, día del niño, lo abrimos; ya tenemos qué presentar ahí, ya tenemos una exposición de fotografía con niños...

El proyecto está a punto de cuajar en esta cuna de boxeadores, artistas y artesanos, de comercio y creatividad; también, cierto, con otra parte oscura que podría barrer un aire a punto de soplar. Parece que es la intención principal.