Crónicas urbanas

"Swingers": sexo por sexo y más sexo

Los clubes son variados. Pueden ser casas particulares, departamentos, hoteles o lugares exclusivos. Es un intercambio consensuado de parejas con reglas precisas.

Es el preludio de una reunión swingers. Conversan en voz baja. Media luz y cuchicheos. Tirarán los dados. Pero primero un brindis. Previo escarceo. Habrá tocamientos. Caerán la ropa y la tarde. Correrá la adrenalina. La cámara de Austin danzará. Culebreará lenta. Enfocará pliegues y claroscuros, siluetas y contorsiones. Pausado será el manejo. Labios y manos. Torneados cuerpos en el sillón. Se esfumará la lencería.

Ahora están en un piso de la colonia Del Valle. Previo acuerdo. Conocen los códigos. Todo lo tienen claro y no admiten confusiones. Es un estilo de vida, diferente al poliamor, esa otra tendencia que consiste en la relación afectiva  de parejas bajo un mismo techo; los swingers, en cambio, partícipes de fiestas exclusivas, están ahí por el placer carnal, sin mezclar sentimientos. Es sensación y gozo.

Se trata del regodeo sexual en grupo. Sexo por sexo y más sexo. Las relaciones íntimas quedan fuera, como si abandonaran los zapatos antes de entrar al lugar del regodeo. Las parejas escogen y acuerdan. En la Ciudad de México hay clubes en diversas colonias que los fines de semana reúnen a seguidores, desde Polanco a la Doctores, pasando por la Del Valle, Centro y Juárez.

En algunas reuniones también hay espectáculos. Esta vez no, aunque hay una pareja que los ofrece en otras presentaciones.

Y empieza el juego.

Tiran los dados.

El que pierda se quitará la ropa, y así. Pierde Silvia y Antonio, su novio, quien la besa, mientras Calia ayuda a desvestirlo y lo besuquea. Los observa Alex, esposo de Calia, cuyo torso queda desnudo.

Los cuatro comienzan a desvestirse. Hay tanteos y se tocan.  Pasarán varios minutos. La cámara de Austin explorará.

***

Calia es menudita y Alex fornido y alto. Trabajan en un restaurante de la colonia Roma. Se conocieron en un cibercafé. Estudiaban la prepa. Tienen cinco años como pareja y dos de vivir juntos. “Me gustó físicamente”, recuerda Alex de Calia. “Me llamó la atención porque tenía cara de perversa”, dice y sonríe.

El sexo entre dos personas siempre sale bien; el sexo grupal “cobra importancia y es más excitante, que es lo que buscamos”, añade Alex.

—¿Y cómo empieza todo?

—Uy, mi esposa tenía la inquietud de interactuar con otras personas, en específico mujeres, pues ella es bisexual, y desde siempre ha tenido la inquietud, y un día me comentó que quería probar algo más y empezamos a buscar en redes sociales intercambio de parejas, contactos sexuales, etcétera, y ahí fue cuando empezamos, y tuvimos nuestra primera experiencia en un intercambio.

—¿Hay una hermandad entre swinger y poliamor?

—No, no tanto como hermandad, se ha catalogado mucho que son vinculadas, pero no es así, porque poliamor es vincular sentimientos y en la tendencia swinger es simplemente intercambio de pareja, solamente sexo; no, no buscamos involucrarnos sentimentalmente con nadie, solo sexo.

—¿Siempre hay un acuerdo entre parejas?

—Sí, de hecho, antes de que comience todo, platicamos cinco o diez minutos para saber hasta dónde se puede llegar, porque hay parejas que toleran mucho y otras solamente prefieren el intercambio de las chicas, etcétera, y todos esos límites se platican previamente. La regla es que cuando alguien dice no, o basta, se termina todo.

Calia, su compañera, dice que desde los 17 años ha tenido fantasías eróticas. “Siempre he tenido ganas de hacer table dance, ser escort o hacer pelis porno. Un día me desperté y dije: hoy tengo ganas de hacerlo”.

—¿Hay una relación entre swingers y poliamor?

—Yo creo que van separados, porque poliamor involucra sentimientos, mientras que la relación swinger es solo intercambio sexual, cómo beneficiarte con placer sexual, nada más.

—¿Entonces hay una combinación perfecta?

—Sí. A él le gusta y a mi me gusta, porque hacemos intercambio de parejas,  y a mí me gustan mucho las mujeres; entonces él lo disfruta, yo lo disfruto, los dos disfrutamos; y también las otras parejas lo disfrutan.

—En cuantos encuentros swingers has participado?

—Hemos participado como en ocho encuentros swinger; pero yo sola también he tenido otras experiencias.

—¿Cómo ves en México esa tendencia?

—Todavía no despunta como tal, pero yo creo que debería tomar más fuerza, porque he tenido la oportunidad de platicar con muchas personas y tienen ese tipo de fantasías y no se animan por cuestiones morales u otras ideas; pienso que solo es cosa de dar rienda suelta a tus fantasías, siempre y cuando estés de acuerdo con tu pareja y no afectes a nadie. Es una experiencia bastante padre.

***

Silvia y Antonio forman una pareja sentimental y trabajan como profesionales en reuniones swingers, donde montan un espectáculo erótico.

“Nuestra tirada es hacer shows de sexo en vivo e interactuar con más gente; una casa swinger nos ofreció hacer un show para ellos, donde ya tenemos cómo interactuar con la gente y todo, porque pues a eso va la gente swinger, a querer tocar: toca, juega y aprende con otras personas”, comenta Silvia, quien fue escort, trabajó en un table dance y ahora incursiona en el cine porno con su novio.

—¿No hay celos?

—Sí, sí los hay; pero no son celos de que “ay, me lo va a quitar”, sino que tal vez lo llene sexualmente otra persona, pero no hemos tenido cuestiones fuera de llegar a otros límites, porque todo es de común acuerdo y hemos estado juntos; o sea, nunca fue así de vete solo y hazlo, no, hemos estado ahí presentes.

—¿Te lleva a los swingers?

—A lo swinger, sí, pero es más ir por  inquietud de él; nunca lo había captado así, de “ay, quiero intercambiar a mi pareja”, no, o sea me dijo “sabes qué, tengo ganas de este…” y dije sí, por qué no, vamos a probarlo y ya.

—¿Y el poliamor?

—No, puedo compartir a mi pareja sexualmente pero amorosamente no, porque tengo la creencia de que la fidelidad es sentimental, en mi caso, y no carnal, entonces sí en el poliamor no me meto.

Antonio y Silvia forman una pareja sentimental y tienen los mismos intereses profesionales. Se conocieron durante la filmación de una película porno. Desde hace cuatro meses participan en shows swingers.

—¿Y cómo les va?

—Hemos sido bien aceptados por el público y al final de cada show se toman fotos con nosotros, piden que les firmemos gorras, playeras, pósters, servilletas, lo que encuentran, hasta sus propios cuerpos nos dicen que les firmemos.

—¿Crees que la sociedad mexicana reprima sus fantasías?

—No creo, porque al final de cuentas todo el mundo lo hace; que unos lo hagan a escondidas y otros público es la gran diferencia; y nosotros, como lo hacemos en público, es así de “ay no, los impuros”, ¿no?, por así decirlo, y nosotros así, “de no inventes, si todo el mundo lo hace…”

Las fiestas swingers son ya una tendencia en la Ciudad de México y los lugares donde se realizan se localizan en zonas populares y colonias de clases media y alta. Los participantes conocen las reglas antes de entregarse a los placeres.