Crónicas urbanas

Sexoservicio, prohibición y trata

Desde el barrio La Merced, el colectivo Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer combate la trata de personas. Con dos décadas de labor, cuestiona los refugios oficiales para víctimas y critica a los abolicionistas.

Están recién desempacados de Bangkok, Tailandia, donde asistieron a un congreso de la Alianza Mundial contra la Trata de Personas. Llevaron una gruesa carpeta con la descripción de temas, como es el problema de los refugios que usan  en México para las víctimas de ese delito, así como la persecución de sexoservidoras y clientes en un país en el que la prostitución está tolerada.

Con domicilio en un viejo inmueble del barrio La Merced, una de las áreas del país con más prostitución, el colectivo Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer cumplió 20 años de ofrecer asesoría y ayuda a la población marginada, como son servicios médico, prevención del sida y  defensa de los derechos de prostitutas, varias de las cuales viven en la indefensión, pues han sido víctimas de trata.

Elvira Madrid y Jaime Montejo fueron ponentes en el citado congreso, cuya sede fue un país en el que prolifera la prostitución infantil. “Ahí se hizo —comenta Madrid— porque las organizaciones no pueden denunciar directamente, pues a sus miembros los mandan matar las autoridades coludidas con tratantes”.

Los integrantes de esa asociación civil hicieron una encuesta entre víctimas que han sido “rescatadas”, quienes “se quejaron mucho de los refugios porque es como si estuvieran presas; las privan de su libertad sin darles ahora sí que opción a lo que ellas quisieran hacer en cuanto a otras actividades; además, la mayoría de los tratantes no han sido castigados en México”.

—¿Y qué más investigaron?

—Otra cosa que nos impactó fue que aquellas menores de edad rescatadas, o apoyadas, no tuvieron ningún beneficio para que pudieran seguir con su vida sin problemas, ya que las dejan salir y otra vez vuelven a la calle, sin darles opciones a un trabajo o sacarlas adelante.

—¿En qué regiones de México?

—Todo lo que tiene que ver con la zona de La Merced y en Tapachula, Chiapas, la frontera con Guatemala, que es un paso para mucha gente que viene de Honduras, El Salvador y demás países; o sea, desde el sur hasta el Distrito Federal. Ahí se hizo una gran diferencia entre lo que es trata de personas y trabajo sexual, porque se está castigando de la misma manera.

En la reunión, denominada Alianza Global contra la Trata de Mujeres, los participantes reconocieron errores en el interior de sus organizaciones —requieren más espacio para sus instalaciones y tener más cuidado en la “entrega” de víctimas a las autoridades— y cuestionaron a personas que actúan con fines abolicionistas.

Las abolicionistas, comenta Elvira Madrid, cuentan con muchos recursos económicos, pero no ven la diferencia entre trabajo sexual y trata de personas, y aportan “cifras extravagantes, sin tener una investigación”.

—¿Cuál es la diferencia?

—El trabajo sexual es una persona adulta que entra por su propia voluntad y que defiende sus derechos humanos;  las personas objeto de trata son, generalmente, menores de edad; aunque a veces hay adultos que las enamoran, las venden, las engañan con promesas de equis empleo y al final las llevan a una esquina, ¿no? Esas dos cosas son totalmente diferentes. Es lo que se vio en este congreso internacional.

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Brigada Callejera publicó una serie de libros y folletos entre los que destacan  títulos como La trata de personas no es cuento: disfruta, aprende y actúa, definido como “un manual de sobrevivencia, un material indispensable para transitar por el México de abajo, tan violentado por el Estado, por el crimen organizado…”

También está el ABC de la trata de personas, con ilustraciones y un índice sobre Trata de personas y explotación sexual, Pornografía y el turismo sexual, Trata de personas a través de internet, Niños y adolescentes transgénero en situación de trata, Trabajadoras sexuales en México, víctimas del narco, etcétera.

—¿Ustedes qué hacen contra la trata en México?

—Labor de prevención —responde Elvira Madrid—, que es lo más importante. En el evento, por ejemplo, se criticó mucho que de 250 organizaciones solo tres teníamos trabajo de prevención; otro fue el problema de protección a la víctima, que una vez que denuncia debemos darle todo el seguimiento para que los tratantes no vayan a actuar contra ella, y pues también darles opciones…

Los integrantes de Brigada Callejera también concluyeron que “la mayoría de las sobrevivientes entrevistadas no fueron rescatadas por autoridades, sino que escaparon por su propia cuenta o con la ayuda de trabajadoras sexuales o clientes”.

Las víctimas, asimismo, “no cuentan con documentos de identidad, lo cual impide su acceso a la escuela y a empleos formales con seguridad social. Esta situación provoca que regresen al comercio sexual para ganarse su vida”.

La investigación —Hacia una mayor rendición de cuentas—, en la que también participó Rosa Isela Madrid, “nos permitió ver que las entrevistadas siendo víctimas fueron mujeres con iniciativa, con capacidad de tomar decisiones que fraguaron su libertad, con conocimientos que adquirieron durante su privación de la libertad,  que (…) les permitió liberarse de la opresión de los tratantes”.

Para el movimiento de organizaciones no gubernamentales antitrata, dice el texto, “las mujeres migrantes que laboran en bares y cantinas de Tapachula y otros municipios del Soconusco, en Chiapas, son todas víctimas de trata…”

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—¿Y qué opinas de las personas que tratan de prohibir los table dance? —se le pregunta a Elvira Madrid.

—Es algo muy erróneo; mira, lo quisieron hacer en Tapachula, en enero, donde cerraron todos los lugares y lo que provocó fue hacerlos más clandestinos; creo que más bien hay una doble moral en estas cuestiones. En el congreso internacional también se criticó que a veces todas las cuestiones legislativas meten lo moral y actúan de acuerdo con sus religiones; además, también hay mucha hipocresía porque ya vimos todas las fiestas que hacen los partidos políticos —dice, refiriéndose a las bailarinas y edecanes que acuden a las fiestas y el caso de los panistas.

—¿Será un fracaso la pretensión de abolir la prostitución?

—Pues se ha demostrado que donde lo han querido hacer, lo hacen más clandestino, pagan más extorsión y les quitan derechos a las compañeras.