Crónicas urbanas

San Pascual, músico y poeta

Forma parte de una legión de intérpretes que hacen poesía. Nació en el Distrito Federal, en el seno de una familia de la cual heredó los mismos gustos, y creció en Ciudad Satélite, Estado de México.

Su padre y homónimo, Pascual Reyes, tenía el gusto por el blues, el rock y el jazz, mientras que su madre, Irene Llanas, también melómana, prefería a Rocío Dúrcal y Juan Gabriel, entre otros intérpretes de bolero ranchero.

En ese ambiente creció quien años después sería conocido como San Pascualito Rey, que en su adolescencia había aprendido a pulsar la guitarra y tocar armónica, para después poner en práctica su aprendizaje. El siguiente paso sería componer letra y música popular con estilo propio.

Más adelante se arriesgaría a experimentar con la poesía, que ya asomaba en las letras de sus canciones, sin que eso significara dejar los arreglos musicales ni la cantada, que de niño fue transmitida por su padre.

"Siempre me gustó la vibración de la música", comenta Reyes. "Me acuerdo que mi papá cantaba cuando yo era chiquito; desde que gateaba me llevaba en la espalda a esos bailes grandes, y sentía, te digo, cómo transmitía la música".

Y así, desde 2000, se uniría a una generación de compositores e intérpretes que ha experimentado en otros terrenos, aunque la música siga siendo prioridad, como en el caso de Pascual Reyes, quien se crió en ese ambiente en el Distrito Federal y con el mismo ritmo creció en la vecina Ciudad Satélite, Estado de México.

O sea, sateluco por adopción.

Aunque nunca tuvo una idea preconcebida de formar una banda, a pesar de que en la universidad ya componía canciones, en junio de aquel año el destino lo colocó en su sitio, a partir de un comentario que hizo a un amigo, dueño de un incipiente estudio, integrado por computadoras personales.

—¿Qué le dijiste?

—"Oye, Gerardo, tengo unas rolas y quiero grabarlas, grábamelas, a ver qué pasa".

—¿Cuántas eran?

—Eran cinco, seis rolas, y órale; las programé en el teclado del que sería tecladista de San Pascualito Rey, Nexus, toqué la guitarra y por primera vez en mi vida cantaba, porque no sabía hacerlo; se grabó ese demo, se lo enseñé a mis amigos con los que palomeaba y me dijeron: "Las rolas están muy chidas, vamos a sacarlas para una fiesta".

—Y aprovecharon.

—Sí, había una fiesta en Valle Dorado, que le decíamos el Zorrapalooza, donde nacieron grupos como Yucatán A GoGo, Fenómeno Fuzz, San Pascualito Rey, Pink Punk, o sea, varios pasamos por ahí.

—¿Y qué decían las rolas?

—De fiesta las rolas no tenían nada, eran lo más aburrido que podías imaginarte, era música depresiva, oscura; en una fiesta no venían al caso, pero en fin, las tocamos. Este proyecto, este demo, era de cuatro, cinco canciones.

—¿Y ahí nace San Pascualito Rey?

—Sí, y le puse así porque un día, cuando era editor de una revista cultural en la universidad, encontré un artículo que hablaba de San Pascualito Rey y me llamó mucho la atención por varias cosas: era el santo de la buena muerte y yo hablaba un poco de la muerte del amor; porque era un santo pagano, que no tenía nada que ver con la Iglesia, sino que era un santo del pueblo, de los indígenas. Aparte, dije, soy Pascual Reyes... ¿por qué no le voy a llamar a esto San Pascualito Rey?

—¿Y ahora das un brinco a la poesía?

—Pues sí.

—¿Entonces, de músico a poeta...?

—Un poco, sí.

***

Fue así como germinó el libro de poemas Corazón minado, (HYTHM&BOOKS), con ilustraciones de Antonio Ledesma, Nostragamus, y prólogo del maese Jaime López, quien parafrasea en el texto: "La letra con ritmo entra".

"Me gusta la voz de Pascual Reyes, lo que escribe y el ambiente sonoro de su congregación. Cantar es hacer de la respiración un arte", escribe en el prólogo Jaime López, compositor y cantante, autor de la clásica "Chilanga banda".

Y agrega:

"El estilo es esa piedra en bruto que se va puliendo con el tiempo. Encontrar un toque personal en el lugar común no es enchílame otra, ¿o no, Pascual?

"Dudo, siento, luego insisto: si un poema es cantado, ya es algo; si es escrito, ahí la lleva; y si llega a ser bailado... ¡ya la hizo! Hay versos que se sostienen en el aire. Esos mismos, difícilmente soportan hacer tierra", agrega Jaime López.

"La canción habita en el tiempo, su escritura en el espacio", reflexiona el autor de "A la orilla de la carretera", y continúa:

"De los versos que caen en la página para que deje de estar en blanco, pocos permanecen, solo algunos resisten. Y otros se van por ahí libremente. Pero en ésas abre uno un libro y ahí están. Visualmente nos recuerdan que en el principio fue el canto".

Reflexiona y cita:

"Pero, ¿qué hay en un Corazón minado?... caricias y gemidos/regados/perdidos/algunos olvidados... escribe el poeta.

"Sí, ¿qué hay ahí?... debajo del vodka de mi padre/hay una servilleta con una leyenda/ haz lo que quieras y quiere lo que hagas... continúa el poeta"

***

Desde lo más alto de un fraccionamiento de Lomas Verdes, en Naucalpan, Estado de México, Pascual Reyes recuerda que la idea original de hacer un libro de poemas fue del cantante español Enrique Bunbury, quien prometió publicarlo, pues tenía la idea de montar una editorial, pero de pronto el proyecto "quedó en la nada" y lo retomó otra empresa, cuya gerente sabía de ese propósito.

—¿Entonces, de músico a poeta?

—Digamos que sí, sí hago poemas, ¿no?, versos, reflexiones; creo que respeto mucho el oficio de un escritor o de un poeta como tal, siempre he dicho, y en realidad me considero un cancionero, pero se dio la situación, la circunstancia de que mis letras se paraban solitas, con o sin música, y tenían vida propia...

—Y se hizo el libro...

—Como te decía, fue una iniciativa que nació de una intención de Enrique Bunbury, y fue Elena Santibáñez, la directora de Rythm and Books, la que se me acercó y me dijo que había escuchado de esta anécdota de Bunbury.

—¿Y ella qué dijo?

—Me dijo "qué piensas hacer" y le dije que nada, pues no soy escritor, y me dice, "oye, es que quiero publicarte un libro, sí, en serio", y me estuvo jode y jode, y, pues, para qué quieres, no soy escritor.

—Y se publicó.

—Pasaron tres meses y le envié una gran cantidad de textos. Un día me llama y me dice: "Oye, te tengo una sorpresa", y me enseñó el diseño, con prólogo de Jaime López, quien además, y quiero hacerle justicia, es mi cuarta influencia literaria, porque no sabía que él era músico, lo conocí leyendo su libro Lírica, y dije: "Puta, que cabrón escribe este wey"...

—¿Seguirás haciendo poesía?

—No sé, ahorita no tengo material, porque estoy enfocado en hacer lo nuevo de San Pascualito Rey —dice el líder de la banda, que el próximo 27 de este mes se presentará en el Teatro Metropólitan.