Crónicas urbanas

Rescate animal, la brigada

Al inmueble que tiene la SSP-DF en Xochimilco llegan mascotas maltratadas o abandonadas, y las recomendaciones siempre son las mismas: “los animales no son juguetes” y “adopta, no compres”.

En la Ciudad de México abundan los maltratadores de animales; en forma paralela, mientras tanto, surgen denunciantes de ese delito y organizaciones protectoras, algunas de los cuales se coordinan con la Brigada de Vigilancia Animal, que en su albergue mantiene en resguardo a 45 perros y gatos, entre estos Taco, un french poodle, al que le reconstruyeron la mandíbula y parte de la cabeza.

En lo que va de este año, la brigada orientó a unas 23 mil personas, en relación con ese tema. El Consejo Ciudadano, por su lado, informa que desde mayo pasado, cuando empezó a operar la Línea de Maltrato Animal, atendió 3 mil 400 llamados, “con lo cual se recibe en promedio una llamada cada hora sobre problemáticas de maltrato y abandono de perros, principalmente”.

La brigada, que depende de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, cumplirá nueve años el próximo miércoles, y tuvo que ampliar su albergue temporal a 30 mil metros, en la delegación Xochimilco, donde protegen todo tipo de mascotas, la mayoría perros, que sufrieron maltrato o abandono, así como especies en peligro de extinción, que después son enviadas a dependencias federales.

Y ahí están, en ese predio, situado en la colonia Ciénega Grande, delegación Xochimilco, ex caballeriza de la Policía Montada.

Por lo pronto hay 45 perros y gatos, algunos en jaulas, así como un búho tuerto y un halcón de cola roja, y los perros que retozan al aire libre, entre estos Taco, rescatado en Tacubaya con la cabeza medio destrozada, que observan Víctor Javier Fernández de Castro, directivo de Brigada de Vigilancia Animal, y el médico veterinario Alberto Marín Campos, a quien le hacen fiestas y demuestran cariño.

Dos son los más juguetones.

Y se sienten consentidos.

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—Nueve años…

—Sí —comenta Fernández de Castro—.  En esta brigada tenemos personal altamente calificado, que tiene todos los conocimientos sobre el trato y manejo de especies, no nada más de perros y gatos, que pueden representar el grueso de los animales de compañía, sino también de otro tipo de especies de la vida silvestre.

—¿Qué tipo de denuncias reciben?

—La gran mayoría de las denuncias es por maltrato, aunque puede variar el concepto, pues mucha gente canaliza su sensibilidad hacia animales en situación de abandono, de riesgo, animales mutilados, peleas de perros, aves atrapadas;  también hay un número importante de falsas denuncias.

—¿Cuáles serían los casos más emblemáticos?

—Esta brigada está llena de anécdotas, llena de muchas historias de animales que han llegado aquí por una segunda oportunidad de vida, entre ellos el caso de Taco. Taco es un perro de la raza french poodle; fue recuperado en la colonia Tacubaya, de ahí su nombre, golpeado con un sadismo espectacular:  fue fracturado en múltiples partes de su quijada, de su mandíbula, y de la parte frontal de su cabeza, habiéndole desprendido totalmente la piel carnosa; la situación en la que llegó, realmente, era muy delicada; era un candidato que, por humanidad, se tenía que sacrificar por el grado de lesiones que tenía; sin embargo, la medicina veterinaria que se aplica aquí es muy especializada, de muy buen nivel, y, bueno, los veterinarios que aquí laboran, sensibles ante el tema, se prestaron para hacer un cirugía reconstructiva al animalito…

Y Taco arma la fiesta.

—Listo para ser adoptado.

—Hoy el perro que vive sano y está contento, está prácticamente listo para ser adoptado. Este es el caso de Taco.

—¿Cuando ustedes rescatan a un animal y encuentran al dueño, qué pasa?

—Acudimos a los domicilios, si nosotros calificamos la situación del animal de maltrato, dependiendo de la gravedad, procedemos con el agresor al juzgado cívico. Hasta el momento tenemos 18 personas remitidas en lo que va del año; recientemente, hubo una remisión, ya directamente al Ministerio Público,  por maltrato animal; 45 remisiones al juzgado cívico por venta de especies en la vía pública, que también está sancionado por la ley de protección a los animales. Manejamos una política de cero sacrificios. Esto quiere decir que tendremos que buscar los conductos y los apoyos en las organizaciones civiles para darles salida a todos los animales…

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Fernández de Castro relata el caso de una persona que manejaba alcoholizada y traía un perro en su vehículo.

—Es el caso de Rosa —dice, mientras señala una perra azabache de raza labrador que se revuelca y hace todo lo posible por llamar la atención de los presentes—, Rosa es un animalito que fue asegurado durante el operativo del alcoholímetro; el dueño fue a cubrir su sanción a El Torito pero nunca volvió por ella, que encontró su hogar aquí y hoy es la mascota oficial de esta brigada.

“Los animales —reflexiona— no son un juguete, y la consigna con la cual nos manejamos en esta brigada es la de ‘adopta y no compres’, porque los animales no son motivo de lucro, ni mercancía; hay que darles el trato de seres vivos, no de cosas”.

—¿Cuál ha sido el caso más emblemático de tráfico animal que han registrado?

—Hay muchos. Hace poco sorprendieron con el tráfico de un cocodrilo que viajaba en una caja de cartón. Iba de Mérida hacia Puebla. Tenían que hacer escala aquí en México para cambiar de contenedor. En ese trayecto encontraron que la caja se movía y dentro había un cocodrilo, por lo que dieron aviso a la Secretaría de Seguridad Pública.

—¿La gente puede quejarse con el policía de la calle sobre maltrato animal?

—Así es, si alguien en algún momento detecta que hay una situación de maltrato puede acudir con alguna autoridad y hacerle ver la falta en la que se está incurriendo para que se tome conocimiento. Vale la pena expresar que la Brigada de Vigilancia Animal es la única especializada para el manejo y trato de las especies.

El 99 por ciento de los reportes recibidos tiene que ver con problemas de abandono o maltrato de perros, según un informe del Consejo Ciudadano.

Forma parte de la respuesta de organizaciones protectoras de animales y ciudadanos conscientes.

Y un ejemplo, entre miles, es el caso de Taco, el de Tacubaya, que ahora juega con quien le salvó la vida: el veterinario Alberto Marín Campos.