Crónicas urbanas

Madero, la joya del Centro Histórico

Continúa el proceso de convertir en peatonales más arterias donde se mueven miles de capitalinos; en la antigua calle de Plateros, que transitan 150 mil personas, regularán la presencia de artistas callejeros.

La gente camina airosa, helados en las manos, como si corriera el año de 1913, cuando esta arteria aún se llamaba Plateros y era visitada por bohemios. La diferencia es que ahora es invadida por modernos bufones que desean divertir.

Ha pasado más de un siglo de que esta arteria dejó de llamarse Plateros para convertirse en Francisco I. Madero. Varios inmuebles se mantienen, como el de Los Azulejos, próximo al templo de San Francisco de Asís, que data de siglos atrás.

Es un día cualquiera sobre Madero, así conocida, aunque podría ser un viernes, sábado o domingo, cuando más se atiborra de peatones, que a veces rebasan los 150 mil, quienes la recorren del Zócalo al Eje Central, o viceversa, muchos por puro gusto y otros por necesidad. Es paso constante.

De repente hay trechos difíciles de esquivar; es como si de pronto le saliera un chipote en la panza de ese reptil que se desliza lento: se trata de la gente que se detiene a mirar el espectáculo que ofrece algún grupo de artistas urbanos.

Y no faltará el raterillo que aparezca en algún lado, pero será cuestión de tener cierta reserva, estar alertas, ser cuidadosos, sobre todo cuando se forman grupitos frente a los bufones, cuya actividad será regulada, a decir de Inti Muñoz, director general del Fideicomiso del Centro Histórico.

El funcionario se jacta del exitoso progreso de esta parte de la ciudad y otros espacios cercanos, que en los próximos meses también serán destinados al viandante, como la retaguardia de Palacio Nacional, cubierta de museos.

La mayor parte del centro estuvo abandonada, consecuencia de los sismos de 1985, con un largo periodo de oscuridad, el cual siguió con las crisis de los 90 y un periodo de 2008, aunque después sería retomado el rescate de este espacio histórico, declarado hace 27 años como Patrimonio de la Humanidad.

***

El comienzo del rescate fue cuando los arroyos de las calles simulaban zonas de guerra, debido a las retroexcavadoras y el golpeteo de máquinas que sacaban polvo y tierra, mientras hacían volar pedazos de concreto, lo que provocó que comerciantes protestaran por la escasez de ventas en sus negocios e incluso colgaran letreros, pues los consumidores apenas podían sortear los escombros.

Y llegó el peatón.

Pero falta.

El programa empezó en 2001, como parte de la regeneración urbana del Centro Histórico, donde a diario se mueven miles de personas, por lo que el gobierno decidió convertirlo en un espacio “público y plural”, comenta Inti Muñoz.

Unas 150 manzanas estaban ocupadas por comerciantes ambulantes, recuerda el funcionario, y admite que algunos de éstos, los llamados toreros, todavía ventean por aquí, como se puede ver sobre el Eje Central Lázaro Cárdenas y la propia Madero, así como en calles aledañas, que a la voz de alerta entran en comercios establecidos.

—Se apostó para que 80 por ciento del espacio público sea peatonal, pues se trata de que haya civilidad y convivencia; además, se repuso el alumbrado público y hay nuevos enseres, como mesas, sillas y sombrillas, propiedad del Fideicomiso del Centro Histórico, para que todo sea homogéneo –explica Muñoz, vía telefónica.

Se le comenta que al respecto hubo cierto descontento y desconcierto por parte de algunos dueños de comercios, a lo que responde que “se abusaba del número de enseres”, algo que sucedió en Garibaldi.

—¿Cuál es el balance?

—Exitoso, positivo.

Y aquí están algunas calles que cruzan Madero –llamémosle a ésta la joya del Centro Histórico–, como Gante y Motolinia, donde hay negocios al aire libre y la bulla, a veces carnavalesca, es constante por parte de consumidores.

***

Fue Regina el primero de los espacios peatonales que abrieron. Ahí, esquina con Mesones, nació Casa Vecina, de la Fundación del Centro Histórico, donde se realizan diversas actividades sociales y culturales.

Pero es Madero la joya del Centro Histórico; es considerado uno de los más importantes espacios públicos, con un promedio al día de 150
mil transeúntes.

—Hay artistas callejeros…–se le comenta a Inti Muñoz, sin el afán de cuestionar, sino más bien como una reflexión.

—La actividad de los artistas urbanos deben regularse –dice y deja entrever que esa es una tarea de la Secretaría de Gobierno del DF–. Ni excesos ni abusos. Debe haber un marco regulatorio.

Una calle de similar condición, paralela a Madero, es 16 de Septiembre, con la diferencia de que ésta decidieron hacerla semipeatonal, pues aquí hay seis estacionamientos públicos.

Los automovilistas no tienen otra alternativa de salida. También es muy transitada por peatones, que parecen ansiar más espacios para caminar, tema que saca a relucir Inti Muñoz, quien anuncia:

—En unas semanas más estará listo el corredor Moneda-Emiliano Zapata-Santísima. Habrá más.

—¿Cuántos?

—Treinta, cuarenta… corredores. Hay 7.5 kilómetros de espacio público.

En 14 años han invertido millones de pesos en la rehabilitación del Centro Histórico de la Ciudad de México, que incluye mil 200 inmuebles. “Es el más grande en el mundo”, dice Muñoz. “El principal espacio público, sin duda alguna. Hasta con 2 millones de usuarios al día”.

En un párrafo del documento denominado Plan Integral de Manejo del Centro Histórico de la Ciudad de México (2011-2016) se lee:

“El dinamismo cotidiano del Centro Histórico se evidencia con la llegada de más de un millón de personas diariamente, por lo que la movilidad se convierte en un tema central. El intenso tránsito de vehículos automotores rebasa en horas específicas la capacidad de la red viaria y limita la eficiencia del sistema urbano (…)”

“Parte significativa de los vehículos que circulan por la zona son automóviles particulares, muchos de ellos sin tener como destino el Centro Histórico y otros que realizan visitas relativamente cortas, saturando la red vial”.

Y no obstante hay remansos.

Porque el Centro es un imán.

Y el Zócalo es un ombligo que se estira sobre esa calle cuyo nombre colocó, un día de diciembre de 1914, el propio general Pancho Villa: “Francisco I. Madero”.

El Centauro del Norte había pedido una escalera y él mismo, con la pistola enfundada, se trepó en la esquina con Isabel la Católica, y, lloroso, colocó la placa con el nombre del llamado Mártir de la Democracia.