Crónicas urbanas

Libros antiguos, ideas nuevas

Las librerías de viejo enfrentan su propia crisis: su mercado está “sobresaturado” y en dos décadas quedarán muy pocas, además de que el "e-book" e internet les han robado clientes y lectores.

Forman parte de una estirpe de nueve hermanos, herederos de una tradición familiar que nació en el mercado de La Lagunilla, hace casi 80 años, y cada quien tiene una visión sobre los retos, alternativas y  el futuro de las librerías de viejo.

Dos de ellos coinciden:

“El mercado está sobresaturado”.

La mayoría está en la calle de Donceles, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde desfilan una tras otra. Los entrepaños acumulan ejemplares, algunos con precios de hasta 20 mil pesos, y pilas de manuales que ya no son negocio.

Propietarios de librerías en esta área de la ciudad también lo son de otras en Coyoacán, como Francisco López Casillas,  miembro de una familia que durante años se ha dedicado a la venta de textos viejos.

Desde hace tiempo, por ejemplo, este vendedor realiza promociones en sus establecimientos: regala un libro en la compra de otro, los días 14 de cada mes, y lanza ofertas especiales para cumpleañeros.

En “El tomo suelto”, comenta Francisco, circula todo tipo de clientela: desde intelectuales, estudiantes y amas de casa. “En general es muy grande la cantidad de gente que circula en este tipo de librerías”. Cliente asiduo, ejemplifica, es el doctor Javier Garciadiego, presidente de El Colegio de México.

—Personajes.

—Es gente muy querida por nosotros. Guillermo Tovar de Teresa —pone otro ejemplo Francisco López, en referencia al fallecido cronista de la Ciudad de México— era un excelente cliente de toda la vida; Carlos Monsiváis también. Hay muchos intelectuales que circulan por aquí. Para nosotros estos intelectuales son uno más, al igual que cualquier estudiante que viene.

—¿Compiten con el libro digital?

—Creo que estamos en un periodo de transición entre la digitalización y el libro impreso. Lo podemos ver en las ventas, que han disminuido en ese sentido; pero de que esta crisis vaya a conducir a la desaparición de 500 años de cultura del libro impreso, lo veo muy, muy difícil. Desde hace más o menos 20 años, la librería “El tomo suelto” —Donceles número 42, local A— ha desarrollado promociones a lo largo del año.

—¿Cuáles, por ejemplo?

—Tenemos una promoción de que todos los días 14 de cada mes son para compartir y damos dos por uno: en la compra de uno de mayor precio, el segundo va de regalo; otra, donde es el 35 por ciento de descuento durante todo el mes de tu cumpleaños. La última es un apoyo con algunas compañías de danza contemporánea: en la compra de un boleto, hacemos 50 por ciento de descuento.

—¿Han desaparecido librerías de viejo?

—Más bien hay una sobresaturación del mercado, una sobredemanda excesiva, porque mucha gente está deshaciéndose de sus libros. Ahora circula más gente, aunque ya no compra tanto como antes, cuando un estudiante compraba tres, cuatro, cinco, seis libros; ahora a lo mejor nada más uno. La idea es que la cultura del libro usado persista y para ello planteamos que tengan multiplicidad de lecturas de otras personas que se quieran acercar a este tipo de librerías.

Para Francisco, quien creció entre libros,  es casi imposible que éstos dejen de circular algún día. “Sería —cree este hombre— un verdadero crimen acabar con una cultura de ese tipo”.

Contrasta y coincide, en algunos casos, la opinión del dueño de la librería Regia, en Donceles número 48, Juan Antonio López Casillas, también propietario de otras, como “La última y nos vamos”, cuyo título, asegura, es una especie de adiós a este negocio en el que lleva 48 años. También creció entre libros.

—¿Cuál es la situación de los libros de viejo?

—Nos ofrecen muchos libros. Las tendencias en términos de acumular libros han cambiado. La gente ya no quiere generar bibliotecas grandes. Por otro lado —añade este hombre que creció en un ambiente de compra y venta de libros— la demanda ha disminuido. Por eso nos hemos visto en la necesidad de rematar muchas publicaciones. He acumulado a lo largo de años una variedad de libros que antes se vendían y ahora ya no los quieren y
los tengo que rematar, remarcar.

—¿Han desaparecido librerías de viejo?

—Siempre aparecen y desaparecen. Hay demasiadas. Mi familia ha estado en contacto con los libros y las librerías de usados toda la vida. Tengo ochos hermanos y todos tenemos varias librerías cada uno. Igual tengo primos y otros parientes que también tienen librerías de usados. El detalle es que usted tenga que dedicarse de una manera adecuada para tener un beneficio significativo.

—¿Internet es competencia?

—Las nuevas tecnologías han incidido en que la demanda de libros baje, definitivamente; los libros tienden a desaparecer. Todavía no hay una demanda clara del libro electrónico, pero la gente adquiere información mediante el internet.

—¿Hay crisis del libro de papel?

—Creo que sí y apenas empieza; dentro de 15 o 20 años pocas librerías van a subsistir. Las que van a quedar son las que vendan libros con cierta calidad, no solo de contenido, sino de factura; se van a vender libros, por ejemplo, ilustrados, quizá, y los antiguos; los que tengan algo más que textos.

—¿Entonces, las librerías de viejo tiene los días contados?

—Igual que cualquier librería. Las librerías de viejo, las librerías de nuevo. Todas tienen los días contados. Las librerías de viejo van a subsistir más bien como librerías de anticuarios, que van a ofrecer libros realmente valiosos y quizá también ofrezcan otras cosas, a lo mejor ofrecen antigüedades, obra de arte, no sé; van a tener que conjuntar varios ramos.

Son miradas y juicios de quienes forman un linaje en la venta de libros viejos, cuyo circuito principal está en el Centro Histórico de la Ciudad de México, aunque también en la colonia Roma y Coyoacán.

Un negocio que inició hace décadas en calles cercanas, como avenida Hidalgo y Belisario Domínguez, recuerda Juan Antonio, de 58 años, quien empezó a los 10, mientras señala con su índice tomos de hasta 20 mil pesos, como Geografía de México, de la Secretaría de Fomento, y otro de Justo Sierra: Juárez, su obra y sutiempo, que contiene litografías.

O este otro, Cómo nace y crece un volcán, de editorial Stylo, con dibujos del Paricutín, del Dr. Atl.

Juan Antonio López Casillas  predice el tipo de futuros compradores de libros de papel: “No van a ser lectores, sino coleccionistas”.