Crónicas urbanas

Zanjas y agujeros de nunca acabar

La delegación Cuauhtémoc está llena de baches que provocan el enojo de peatones y automovilistas, y contibuyen a la contaminación.
A esto se suma que la CFE realiza obras que terminarán en 2017.

Es aquí y allá, de norte a sur, de este a oeste, como gritan los que vienen de otros rumbos, envueltos entre el neblumo y el polvo de la ciudad cuyos baches y cunetas, las anteriores y las que abren ahora, son de nunca acabar, sin ninguna explicación a la vista, a pocos metros y más allá de avenidas turísticas.

Los bordes del corazón, en la delegación Cuauhtémoc, son picoteados por cuadrillas cuya procedencia habrá que hurgar en el ciberespacio, pues un día están aquí y otro allá, adelante; luego, vuelven a golpear sobre el mismo espacio, bloquear calles y obstruir sin informar. El ruido es perenne. Punzante.

Trascabos enanos mordisquean banquetas, de manera especial en la zona céntrica, mientras lanzan chorros de humo casi a ras del concreto destrozado, que tiñen más el gris que tira a negro y plomizo, depende, para formar una acumulación de partículas encapsuladas que es posible palpar.

Es aquí y allá, los ojos rojos y lacrimosos, dolor de cabeza, cansancio crónico, mucosidad que va y viene de fosas nasales a garganta, nubes grises en pulmones, carraspera de habitantes sin gentilicio, a la deriva, entre láminas y humo de automotores que pitan y frenan sin parar y hacen bailar al policía de labios y cachetes inflados; y camiones transportadores de basura que eructan sin miramiento.

Y ese traqueteo de nunca terminar, que va y viene entre las colonias Juárez, San Rafael, Centro, con baches lunares, y otras más de la Cuauhtémoc, delegación cuyos alrededores han sido invadidos por cuadrillas de pala, pico y máquinas que a dentelladas hacen oquedades para después taparlas con gruesas láminas de acero que al paso de autos hacen retumbar inmuebles y ruidos sin cesar.

Un día sí y otro también hay que abrirse paso entre telarañas y nubes que culebrean sobre banquetas y arroyos, donde máquinas con puntas de acero resquebrajan y abren hoyos que después rodean de tablas y muros anaranjados, todos de plástico movible, dispersos, a la deriva, sin que informe lo que hacen batallones de hombres que visten chalecos y cascos del mismo color.

—¿De dónde son?

—De otra empresa.

—¿No son de la cefeé?

—Para la cefeé.

O sea: CFE.

Firmas concesionarias.

Pero no hay anuncios a la vista.

Las aceras, de por sí rotas y agrietadas, lucen pedazos de fierro a flor de tierra donde hace tiempo, otros gobiernos, sembraron anuncios y ahí quedaron las bases, sobre zonas remendadas con chapopote en plastas dispares.

Es la colonia Juárez, alrededor de la Secretaría de Gobernación, donde el paisaje es rematado por vendedores de partes de autos cuya clientela estaciona vehículos en doble y triple fila.

Y esas láminas y rejas de acero heredadas por gobiernos panistas alrededor del llamado Palacio de Cobián, día y noche vigilado por piquetes de federales, para atemperar los ánimos de quienes amenazan con arribar y derribar.

***

Las cuadrillas golpean y extraen tierra, hurgan, meten y sacan tripas de plástico, acomodan algo, quién sabe qué, y vuelven otra vez. Topos anaranjados acumulan tierra, taponan calles, vuelven, se van, regresan, vuelven, se van.

Automovilistas aceleran en sentido contrario, a veces atacados por resolana y polvareda juntas. Sobre la calle amontonan tubos de plástico. Ruge el punzón eléctrico sobre la banqueta. Un trabajador empuña el rotomartillo cuyo aguijón de acero fragmenta la acera. Hay pilas de arena.

Es la colonia Juárez, pero la escena se repite en otras. Un trabajador escarba con pala, otro lo hace con una barreta, un tercero atenaza el rotomartillo. De sus rostros escurre sudor. Lodillo. Algunos usan gorras y guantes de carnaza con los que también se limpian. El traqueteo es incesante. Piedra y tierra salen de sus botas.

Queda un angosto espacio por el que apenas transitan vehículos de rodar lento. La desesperación de algunos automovilistas los hace avanzar un metro y luego frenan, sin importar quedar a media calle, en el cruce, entre automotores y un sinfín de pitidos que nada resuelven.

Es viernes por la tarde.

Muy cerca de la Secretaría de Gobernación, sobre la calle de Abraham González, escarba una máquina; a su lado, un camión torton lanza chapopote a la góndola de un tráiler. El calor aumenta y se expande.

Dejan caer capas para aplanar la calle. Rellenar. Nivelar. Es lo que suponen los mirones. Otras veces, sin embargo, han hecho cosas similares y quedan los chipotes, jorobas que hacen rebotar chasis de carros en su tránsito.

***

Habrá que hurgar en internet sobre el origen de lo que sucede en calles de las colonias afectadas —Tabacalera, Centro, Juárez, Anzures, Cuauhtémoc y Roma—, pues ningún anuncio a la vista informa. Solo hay sospechas y rumores.

Son obras de la Comisión Federal de Electricidad, eso dicen algunos, sin que a la vista haya anuncios de la paraestatal; sí, en cambio, en su página electrónica, que publica varias preguntas y respuestas: "Puedes identificar las obras de la CFE por la señalización propia de la empresa".

Y apostilla:

"Actualmente en la zona otras empresas están realizando obras: Axtel, Sacmex, Metrored, Metronet, Cablevisión, Transtelco, Izzy, Sistema de Videovigilancia del Gobierno del Distrito Federal (C4), Telmex, Gas Natural Fenosa, las realizadas por los desarrollos inmobiliarios, entre otros".

Las instalaciones eléctricas, señala la CFE, "tienen una antigüedad de entre 50 y 60 años, por lo que la capacidad de abastecimiento ya es insuficiente" para "las necesidades de la zona", por lo que se verán beneficiados 43 mil usuarios.

Las obras, que iniciaron el 24 de octubre del año pasado, señala, "están organizadas por etapas; la última concluirá en diciembre de 2017". "El proyecto de modernización de la red eléctrica requiere una inversión de mil 432 millones de pesos, que serán ejercidos de 2014 a 2017".

En cuanto a que varias veces abren y vuelven a abrir el pavimento y banquetas, la CFE desglosa: "La obra se avanza en etapas y hasta que se cumple con la última se pueden cerrar las calles y banquetas como estaban antes de la obra".

Las fases son:

"Obra civil, que consiste en la excavación para instalar nuevo cableado, transformadores subterráneos y registros; obra electromecánica, consiste en la instalación de cableado subterráneo y colocación de transformadores; reemplazo de equipo de medición".

Por eso.