Crónicas urbanas

Huertos urbanos del futuro

proyectos de agricultura han beneficiado a 10 mil habitantes. Un caso especial es el invernadero de la Magdalena Mixhuca, donde se producen 40 toneladas de vegetales, que se donan a comedores públicos.

Los 41 proyectos de agricultura urbana —61 por ciento encabezados por mujeres— han beneficiado a 10 mil habitantes. Están en diferentes zonas, la mayoría en delegaciones consideradas como rurales; un caso especial es el huerto de la Magdalena Mixhuca, donde cada año se cosecha un promedio de 40 toneladas de productos, los cuales se distribuyen en comedores públicos de la ciudad.

Forman parte del Programa de Agricultura Urbana a Pequeña Escala, de la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades, que hace poco suscribió un convenio con la Secretaría de Desarrollo Social, también del Gobierno del Distrito Federal, para donar a los comedores públicos y comunitarios los productos que se cosechen en huertos urbanos, como el ubicado en Iztacalco.

Este invernadero, el más grande, de mil 800 metros cuadrados, que abarca dos naves, se localiza en el Centro de Educación Ambiental Mario Molina, en el centro deportivo de la Magdalena Mixhuca, donde se cultivan jitomates, chile manzano, rábanos, cilantro, pepinos, acelgas, albaca, col, brócoli, apio, espinaca, calabaza, chícharo, hierbabuena, manzanilla y epazote, entre otros productos.

Las autoridades, según información oficial, destinaron alrededor de un millón de pesos para, asesorados por la Universidad Autónoma Chapingo, realizar trabajos de rehabilitación, como la instalación y automatización de un sistema de riego, cambio de cubiertas plásticas, establecimiento de sustratos de camas y bolsas para la producción, reparación de canaletas y restitución de una cisterna.

Una de las peculiaridades de estos huertos, en contraste con los tradicionales, es que aquí no se usan fungicidas o insecticidas, además de que está restringido el acceso a las naves, pues, entre otras cosas, se impide entrar con zapatos sucios, por lo se deben enjuagar las suelas sobre un tapete humedecido con un líquido especial.

La Secretaría de Desarrollo Rural asesora a personas que quieran hacer huertos en azoteas, patios, escuelas, ya que dentro de sus funciones está fomentar la agricultura mediante prácticas agroecológicas y manejo orgánico, que cumplan con una regulación oficial, informa Óscar Juárez, de la Subdirección de Proyectos Especiales y Vinculación Comercial de esa dependencia del GDF.

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Se trata de promover la agricultura sustentable en el caso urbano, comenta Juárez, y fomentar la producción orgánica entre ciudadanos.

"Que los proyectos sean viables y factibles", resume el funcionario, quien acompaña durante un recorrido por el invernadero.

De este tipo de huertos hay tres en la ciudad. El principal es éste, ubicado en la Magdalena Mixhuca, espacio cedido por la delegación Iztacalco; el segundo, en el DIF de Iztapalapa, conocido como La Fortaleza, y uno más en la Unidad Habitacional Emiliano Zapata, en Álvaro Obregón.

En el huerto de Iztapalapa, por ejemplo, cultivan frutos y cuentan con una farmacia de hierbas medicinales, dice Óscar Juárez, para luego hablar del situado en el Centro de Educación Ambiental Mario Molina, donde también la delegación Iztacalco tiene un sembradío, pero a cielo abierto.

—¿Y qué se produce aquí?

—Esta es una nave de policultivos. Aquí estamos produciendo jitomate, chile manzano, hortalizas, como pueden ver, lechugas, acelga, ejote, así como pepino y también algunas yerbas aromáticas.

—¿Y qué hacen con esta producción?

—En noviembre pasado se firmó un convenio con la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal para que la producción que se obtiene aquí se les entregue y ellos, a su vez, la distribuyan en los comedores comunitarios para la gente de muy escasos recursos.

—¿Y de cuánto es la cosecha?

—Aquí cada 15 días cosechamos entre 500 y 800 kilos.

—¿En qué consiste el convenio con la Universidad Chapingo?

—En 2014 la universidad nos apoyó para la construcción de estos invernaderos. Ellos se hacen cargo, de éste en específico, de llevar el mantenimiento y la cuestión técnica. En los otros dos es más asesoramiento y acompañamiento para que se puedan dar de manera eficiente los cultivos.

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En la otra nave, el ingeniero agrónomo Benito Acevedo, de la Universidad Autónoma Chapingo, informa que antes de entrar es necesario desinfectarse las suelas de los zapatos, que luego deslizamos sobre un colchoncito humedecido con un líquido aprobado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Es para eliminar bacterias, hongos y otros organismos microscópicos.

Aquí hay 3 mil plantas de jitomates, cada una con seis racimos y un ciclo de producción de seis meses. Habrá que caminar entre plantas que casi se juntan bajo extensas carpas de plástico. Son regadas con un sistema de goteo, en el que no se desperdicia agua. Ni más ni menos.

—¿Cuál es el asesoramiento?

—Principalmente en el control de plagas y enfermedades, nutrición, riego, manejo de cuestiones climáticas.

El especialista en fitotecnia, basado en un modelo holandés, que ya usan agricultores sinaloenses que exportan sus productos, habla de las ventajas que tiene este tipo de invernaderos en comparación con las siembras a cielo abierto:

"Una de ellas es que aquí producimos el doble, el triple, el cuádruple de lo que se produce allá afuera, y en menor superficie".

—¿Y otra?

—Con estos sistemas hidropónicos ahorramos agua, que es un problema mundial; y energía eléctrica, pues controlamos el clima. Estos plásticos, por ejemplo, tienen 30 por ciento de sombra. Allá afuera hiela y aquí tenemos una temperatura un poquito más alta; aquí es una zona donde graniza mucho y esto nos protege. El granizo rompe los frutos y rompe las hojas.

—¿Y una más?

—Aquí son frutos de mayor calidad.

—¿Por qué?

—Porque allá afuera pueden utilizar productos químicos muy residuales o muy agresivos para el ambiente; aquí lo controlamos con productos naturales, sanos, libres de pesticidas. Es la ventaja. Es un sistema muy dinámico porque podemos tener muchos círculos de cultivo. En este caso tenemos jitomate.

Este invernadero es un modelo del Programa de Agricultura Sustentable a Pequeña Escala en el Distrito Federal, donde azoteas, patios, terrazas, escuelas y otros espacios considerados ociosos pueden ser aprovechados para el cultivo de huertos urbanos y de esa forma obtener productos básicos para el autoconsumo.