Crónicas urbanas

Esplendor y decadencia del Centro Histórico

La recuperación inició con el rescate de zonas y el despeje del comercio ambulante; ahora continúa hacia el famoso barrio de La Merced, donde el deterioro ha ido en aumento.


Las autoridades habían hecho intentos por rescatar antiguas zonas del primer cuadro de la Ciudad de México, incluida la convocatoria vecinal ‘Échame una manita’, en los 90, que consistió en despejar fachadas de edificios históricos, pero se requería algo más que un programa superficial, de modo que en los últimos años aceleraron la restauración de algunas calles como Regina, Mesones, Francisco I. Madero y, la más reciente, 16 de Septiembre, que convirtieron en peatonales. Fue el detonador para que ahora, con mayor empuje,  el rescate avance hacia el barrio de La Merced, donde está uno de los principales inmuebles históricos: el ex convento que lleva ese nombre, que fue el centro del viejo mercado que décadas más tarde sería cambiado.

Casa Vecina, de la Fundación del Centro Histórico, ubicada en Callejón de Mesones número 7, esquina con Regina, fue uno de los centros pioneros que surgió poco antes del rescate de esa zona, ahora peatonal, y donde se llevan a cabo actividades culturales y sociales. En el primer piso está el Proyecto Microurbanismo, cuyo director, Cristian del Castillo, lleva una bitácora precisa y un seguimiento de esa parte de la ciudad, y todo el panorama lo tiene bien claro en una maqueta adherida a la pared, donde pueden distinguirse las rutas y áreas de restauración.

Todo este corredor, comenta el arquitecto, detonó que hubiera proyectos de diversas categorías  y también repercutió hacia la zona de La Merced. La plaza de La Aguilita, añade, “se remodeló y restauró, se pintaron fachadas, se integraron materiales; y algo más actual el ex convento de La Merced, que está en remodelación y restauración”.

Enseguida señala con su índice las calles República de Uruguay, Manzanares y el cruce con Talavera, donde está Casa Talavera, “que está sufriendo un proceso de restauración, el cual tenía que ser muy específico por ser un predio de época”.

De ahí sigue el espacio denominado La Pasarela —expropiado por el GDF, pues descubrieron el delito de trata— donde construirán una plaza comercial en la que reubicarán a vendedores ambulantes.

También sobre Anillo Circunvalación ha habido trabajos de restauración de fachadas y banquetas, mismas que se han ensanchado; similar a lo que ocurrió en la calle 16 Septiembre, donde el arroyo vehicular se redujo y, añade Cristian del Castillo, “hay mayor protección para el peatón”.

Y habrá que caminar hacia el barrio La Merced.

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El promotor cultural Joaquín Aguilar es uno de los principales impulsores en la recuperación de espacios públicos. Trabaja en Casa Talavera, una edificación del siglo XVII, dependiente de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Aguilar se insertó en este “maravilloso proyecto”, como él dice, en 2005, después de haber recuperado otros espacios públicos, como el cine Francisco Villa, el Circo Volador y El Salado, ahora llamado Faro de Oriente.

—¿Cómo era  la zona?

—Nos tocó llegar aquí —rememora— en una época en que esta parte del Centro Histórico estaba devastada  por la informalidad, por la basura, por una desatención de las políticas públicas, por una exclusión a esta comunidad.

Y  se percató que los vecinos de Plaza Aguilita nunca habían entrado a Casa Talavera, por lo que iniciaron un vínculo con programas culturales, a través de los cuales se recuperaron y reactivaron espacios públicos.

—¿Cómo halló la plaza?

—La habitaban entre 60 y  80 indigentes; aquí venían, hacían el amor, se despertaban, se bañaban; o sea, era una escena muy violenta para la gente, para los niños. Iniciamos este proyecto de Radiobocina en esa plaza devastada, literalmente.

—Es parte de La Merced...

—Una zona que durante 600 años siempre ha sido utilizada por padrotes, funcionarios, líderes, mafiosos, por toda esta cultura del gandallaje. Entonces hay una gran desconfianza de la comunidad hacia las instituciones.

—Y viene un rescate, que beneficia a los vecinos y se dejan ver los edificios históricos.

—Lo más interesante de este modelo era anteponer el patrimonio arquitectónico —el 40 o 60 por ciento está en La Merced— y  visualizamos que la recuperación tenía que ver cómo generábamos esa corresponsabilidad ciudadana, y encontramos en la gestión cultural una herramienta maravillosa para lograr cambiar ese chip en el ciudadano. La recuperación de la plaza pública se inicia hace 12  años, antes de que el Fideicomiso del Centro Histórico comenzara este programa de recuperación. Después se  integran no solo el gobierno, sino la iniciativa privada.

Y aquí está la Plaza Aguilita, ubicada en la calle Talavera, donde tiene como vecina a la llamada “calle del Niño Dios”, con una hilera de estatuas en honor a religiosos, ahora  convertida en peatonal.

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Y más allá está el edificio conocido como “de La Manita”, entre Venustiano Carranza y Jesús María, donde el historiador David Contreras detalla cómo en los años 50 se despobló esta zona, pues el barrio universitario desapareció con la construcción de Ciudad Universitaria.

Y a la vuelta está la Plaza Alonso García Bravo, en cuyo predio fue edificado el ex convento de La Merced, ahora en restauración, frente al cual, Contreras, egresado de la Universidad del Claustro de Sor Juana, habla del esplendor, decadencia y rescate de esta zona.

En el Centro Histórico estaba el Barrio Universitario. Era la década de los 50. Todas las cátedras, lo que hoy llamamos ‘facultades’, explica Contreras, se encontraban aquí, pero hubo un éxodo de estudiantes cuando se inaugura Ciudad Universitaria. “Ahí viene una decadencia, un golpe fuerte para el centro”, detalla el historiador, quien realiza tours semanales por la zona. Del lado de La Merced es zona de comercio, desde siempre, y en la época de Benito Juárez es cuando  se reubica el mercado del Volador.

“Hablamos de un esplendor en la década de los 40, como punto de referencia”, comenta Contreras.  “Vuelve a tomar un aire a partir de los 60 y 70; de ahí, después del terremoto del 85, vuelve a vaciarse de habitantes”.

—¿Y cuándo empieza el rescate?

—A finales de los 90 comienza un rescate, ya más  a conciencia, y de nuevo un impulso para que la gente habite el Centro Histórico, porque  solo eran comercios, bodegas, mucho bullicio, pero en la noche se quedaba solo; ahora ya está el concepto de venir a vivir.

—¿Y del ex convento de La Merced qué se puede decir?

—Es de los más antiguos en esta área; después de los franciscanos, llegan los mercedarios. Era uno de los más esplendorosos. Enorme. Con las leyes de Reforma, 1857, viene la exclaustración de bienes y la desaparición de casi todo el convento. Nada más se rescata el claustro. Aquí nace Plaza de La Merced, ahora Plaza Alonso García Bravo.

—Y ahora lo van a remodelar.

—Hay otra reubicación de vendedores informales y un proyecto museístico. Uno de los personajes que estuvieron en el rescate fue el escritor y pintor Gerardo Murillo, Dr. Atl, quien llega ahí a pedir asilo, prácticamente, después de la Revolución, y se queda como encargado. Él tuvo que ver para que no se tirara ese claustro.

Y con este nuevo rostro urbano, algunos vecinos tendrán que partir, como Gilberto Gelasio Cervantes, de 58 años, quien nació en el edificio marcado con el número 6 de Plaza Alonso García, construido en 1870,  del cual solo quedará la fachada, dice, pues construirán una plaza comercial.

Por lo pronto él  y su esposa rentan un piso del edificio vecino, ya restaurado, donde inauguraron el restaurante El centro del sabor, con la especialidad de ensaladas. Su hijo es el chef.