Crónicas urbanas

Entrenar perros en la Condesa

es una familia que alecciona y pasea a canes en la capital del país; cada mañana sale del Estado de México para recoger mascotas de diferentes razas a los domicilios que lo requieran...

La de entrenador de perros es una actividad que ha crecido en la Ciudad de México, de manera especial en ciertas colonias como la Condesa y otras cercanas, donde es normal observarlos mientras cruzan calles y recorren banquetas seguidos de tranquilas manadas, como lo hace Ángel Ensástiga, quien desciende de una estirpe dedicada a ese oficio desde hace décadas en un municipio del Estado de México.

Inició su aprendizaje hace 12 años, cuando tenía 16, acompañado de parientes y amigos. Desde entonces, comenta, sale cada madrugada de Cuautitlán Izcalli, cerca de Tepotzotlán, a bordo de una camioneta, y enfila por Periférico; luego sobre Aquiles Serdán, para después enderezar por Avenida de las Granjas. Frente a un domicilio recogen a Negrita, una pastor alemán, y a Tayson, un american pit.

Es la primera escala.

De ahí aceleran hacia la Condesa, su principal clientela, y domicilios de la Anzures, Del Valle y San Miguel Chapultepec, como si se tratara de un camión escolar, donde realizan la misma operación con perros de diversas razas. Cada uno se distribuye el trabajo. Más responsabilidad para los experimentados. Conocen los perros. Tienen códigos. Saben cómo hablarles. Bisbisearles. Jalar la correa.

Y obedecen.

Tita, siéntate ya, loca.

Y Tita queda quieta.

Saben cómo tranquilizarlos, si es que se tornan inquietos, situación que ocurre cuando algún externo se aparece en plan de provocador. De modo que al perro debe enseñársele a ganarse la libertad. Los privilegios. Es lo que dice Ensástiga, quien no está de acuerdo en que se les vea como hijos. Tampoco deben ser vistos como mascotas, cuya categoría está reservada, entre otros, para peces y conejos.

—Usar el sentido común —aconseja.

—¿Por ejemplo?

—La mayoría de las personas cometen el error de soltarlos en el parque. Por eso te digo: los perros se tienen que ganar sus privilegios. Y sí —añade, mientras muestra pequeñas cicatrices de mordidas en los brazos— hay veces que los traen en edades muy adultas y tú les tienes que ordenar el carácter en un proceso de mes y medio.

—¿Es una responsabilidad ser entrenador?

—Sí, claro, el perro necesita sentir la seguridad de su líder: firme, sin ser agresivo. Bajo nuestra responsabilidad hay de 50 a 60 perros. Para 16 personas.

Son un grupo de tantos.

Y los traen con correas.

***

Su labor de recoger perros es de 6:30 a 8:30 de la mañana. Enseguida, hasta las 10, el entrenamiento. "Formándolos, un echado, quieto, sentado, quieto; después, clase por clase, a uno por uno", comenta Ensástiga, quien lleva a cabo su tarea en los parques México y España, de la Condesa.

Ellos no son los únicos que se dedican a esta labor. También hay otros paseadores. Ensástiga calcula al menos 500 perros. También ha aumentado el número de familias con canes. Cree que son entre uno y dos por cada casa en la Condesa.

—Pero no todos los dan a pasear.

—Hay personas que salen al parque con sus perros; otros vienen a jugar. ¿Problemas? Como todo, ¿no? Hay personas a las que nuestra labor les cae bien, les agrada; otras no toleran los canes y te empiezan a decir cosas.

—¿Tuvieron algún problema con el envenenamiento de perros?

—No, no, y se me hizo muy raro por la cantidad de perros. De todas las imágenes que pusieron, la verdad, no conocí ni uno.

—Era gente que traía a pasear sus perros.

—Sí, a la mayoría de los que les pasó... Es que los soltaban. En el Parque México hay un área exclusivamente canina. Está bien y mal.

—¿Por qué?

—Porque al dueño lo hicieron un poco flojo. Llegan, sueltan al perro y se ponen a leer un libro o un periódico, o incluso con su celular. En realidad es como soltar un niño de tres años.

***

Y aunque cuida de todas las razas, comenta, abundan labradores y schnauzer. Le agrada que cada vez haya más gente que adopte o recoja perros, pero aclara que es mucha responsabilidad, y sugiere asesorarse con un especialista.

Hay familias que tienen varios perros, comenta Ensástiga, quien recomienda que tengan de dos a tres canes como tope por cada casa, pues resulta "realmente difícil" la acumulación. Claro, añade, "ahora sí que si se portan mal, hay trabajo para nosotros".

—¿Y cuál sería el perro más nervioso?

—Puede ser un schnauzer. Eso incluye mucho desde la etapa de crecimiento. De la segunda semana a la doceava pasan a un periodo que se llama socialización.

—¿Qué recomiendas?

—Que de preferencia los desteten de tres meses en adelante.

—¿Por qué?

—Por lo mismo que le digo: pasan un periodo de socialización.

Don Sullivan es de los entrenadores de perros que más admira Ángel Ensástiga. "Tiene una teoría muy buena: no trata a los perros como humanos, pues desde que empiezas a hacerlo el problema realmente lo tienes tú, no el animal... Es imposible suplantar el cariño de un humano con un can, pero estos sí necesitan mucha atención, porque son muy sociables y territoriales".

—¿Y César Millán?

—Muy bueno, pero él se dedica como a dar terapias: aconsejar al dueño, darle pautas. Eso está muy bien.

—A escala internacional, ¿cómo calificas a César Millán?

—Con un ocho.

—¿Y en México, quiénes?

—Sí que desconozco.

—¿Ustedes son mejores?

—No, siempre puede haber mejores.

—¿Cómo se catalogan?

—Regulares. Somos responsables. Enfocados en lo que hacemos: entrenarlos y pasearlos. Y más que nada cuidarlos.

—Y ya conocen a cada perro.

—Al principio, como los compañeros de la escuela: no conoces a nadie, cómo te llamas, y se te olvida su nombre, y vuelves a preguntarle penosamente al cliente, ¿no? ¿Cómo se llama tu perro? Y vuelves a lo mismo. Y así consecutivamente.

—¿Llegas a familiarizarte con ellos?

—¿Con los perros?

—Con los perros.

Piensa, duda, titubea, suelta.

—En algunos casos.

—¿Guardas distancia?

—Sí, mucha. Debes representar un semblante de autoridad.

Es uno de los tantos paseadores de perros, a quienes ya es común observar al frente de manadas, de manera especial en colonias como Roma, Condesa y Juárez, entre otras de la capital del país, donde ya son parte del paisaje.

Y sí, dice Ensástiga, les va bien.

Hay ayudantes, incluso, que se independizan, algo que le gusta a Ensástiga, a quien desagrada que otros entrenadores suelten los perros en el parque.

Lo dice mientras ve retozar perros.

Sin ningún control.