Crónicas urbanas

Delitos de temporada

El hurto de carteras, ordenadores, tarjetas de crédito y de servicio, junto con el robo de bolsas con mercancías, son los delitos más recurrentes en este periodo en la Ciudad de México.

Empezaron desde el mes pasado, noviembre, y continúan con mayor ímpetu durante el presente, tiempo de aguinaldos, cajas de ahorro y otras prestaciones, por lo que se mueven con cierta discreción en centros comerciales y  zonas en las que se concentran masas de consumidores, incluso a bordo del Metrobús, donde aprovechan las apreturas. Ha sucedido en la ruta que corre por Insurgentes.

Un pequeño descuido es suficiente para que manos extrañas, lenguas de escorpiones en busca de insectos, metan el dos de bastos, técnica  aún efectiva, y agarren carteras, en cuyo interior podrán hallar billetes o tarjetas de crédito; otros, de perfil similar,  caminan sobre amplios pasillos donde los compradores, en especial señoras, descuidan sus bolsas con mercancías mientras miran aparadores.

Y entonces, sin despertar sospechas, los cacos se arriman dotados de bolsas vacías que, en un abrir y cerrar de ojos, utilizan para meter las que roban y de inmediato se las traspasan  de mano en mano, de tal modo que cuando la víctima se percate del despojo, toda atolondrada, nunca sabrá que sus pertenencias ya recorrieron un gran espacio, que a esas alturas podría ser la banqueta de la calle lindante o una cuadra de distancia.

Pero hay más.

***

—Yo conozco a unos de mi barrio que a eso se dedican —dice un colono de la Morelos, quien describe esa práctica con mucha naturalidad.

—¿Y los aprehenden?

—Es difícil, pues algunos andan bien vestidos, hasta de traje, y nunca te podrías imaginar que son ratas, porque la verdad es que van bien acá —se ajusta la camisa, como para demostrar elegancia— y con  bolsas de marca...pero vacías.

También abundan, de la misma pinta, aquellos que se dedican a robar computadoras portátiles en cafeterías y restaurantes.

Un ejemplo de los lugares que sirven para practicar ese delito son los starbucks, donde incluso los empleados ya ofrecen candados y un alambre de acero para que clientes, “por seguridad”,  apersoguen sus aparatos a las mesas.

—Un día —relata el vigilante de un Starbucks del Centro Histórico— seguí a una rata bien vestida que se había robado una computadora.

—¿Y cómo se dio cuenta?

—El sujeto estaba sentado muy cerca de dos señoritas. Una de ellas había dejado su computadora a un lado y se puso a platicar con su amiga. Cualquiera hubiera pensado que era amigo de ellas; pero no. De repente el sujeto tomó la laptop y salió muy tranquilo. Iba bien vestido. Lo seguí y le quité el aparato en la banqueta.

— ¿Qué le dijo?

—Que esa computadora no era suya,  y me la dio. No corrió y  siguió su camino como si no hubiera pasado nada. Me regresé y se la entregué a la señorita.

—Por eso los candados.

—Y también las llaves.

***

Un peculiar delito es el llamado “uso indebido de tarjetas para el pago de bienes y servicios”. Pareciera una infracción sin mucha importancia, pero se expande en forma silenciosa, sobre todo en centros comerciales y tiendas de autoservicio,  de manera especial en la periferia de la ciudad, hacia donde brincan ciertas bandas del Estado de México. Algunos ya han sido detectados, como sucedió la semana pasada.

Eran las 15:00.

Ese día, lunes, dos patrullas, una con agentes de Investigación y la otra de policías de la Secretaría de Seguridad Pública, realizaban el operativo denominado “dinámico”,  cuando escucharon una orden por el radio: que acudieran a una tienda ubicada en bulevar Manuel Ávila Camacho, sucursal Toreo, delegación Miguel Hidalgo.

Llegaron al establecimiento y un policía auxiliar les susurró algo, mientras señalaba con el índice a un individuo que empujaban un carrito de autoservicio, mismo que había retacado de mercancía con la parsimonia de un anciano; sin que lo fuera, claro, pues calcularon que su edad frisaba los 25.

El vigilante les comentó en corto que el presunto había comprado un minicomponente, además de otros artículos, mismos que había pagado con dos tarjetas “de regalo”, las cuales tenían reporte de robo. Los policías caminaron tras el presunto y a medio camino observaron que otros dos,  mujer y hombre, se le acercaron.

Los tres presuntos se dirigieron hacia una camioneta Nissan, tipo urban, colores blanco y rosa, del servicio público de pasajeros del Estado de México.

Y ahí mismo, junto al vehículo, dispuesto en el estacionamiento del centro comercial,  esperaban otro dos hombres, quienes al ver que aquellos se acercaban con el carrito de autoservicio, abrieron la puerta posterior de la urban, en cuyo interior había diversos aparatos electrónicos, que aprisa comenzaron a acomodar.

Otro más descendió de la puerta delantera izquierda de un Nissan, tipo Tsuru, con los mismos colores, también del servicio público de pasajeros mexiquense, que estaba junto a la camioneta, y dirigió los demás.

Fue cuando los agentes de Investigación y el policía preventivo, preparados para cualquier emergencia, creyeron que era el momento oportuno para apersonarse frente a los sospechosos, quienes fueron cuestionados sobre la procedencia de la mercancía.

La mujer, chamarra de piel y cabello largo, de unos 40 años, se presentó como la dueña; los policías le pidieron los tickets de las compra de tales objetos y, enfadada,  respondió que los había tirado.

—Por qué hacen tantas preguntas; soy compañera… —dijo, mientras se identificaba con una credencial expedida por la Dirección General de Seguridad Ciudadana, Tránsito y Protección Civil de Naucalpan de Juárez, Estado de México.

Y en eso estaban cuando apareció el gerente de la tienda, quien testificó que los dos hombres y la mujer habían pagado con tarjetas de regalo expedidas por una empresa trasnacional, las cuales fueron robadas de una bodega localizada en Jardines de San Mateo, municipio de Naucalpan, “razón por la que el agente (…) procedió al inmediato y material aseguramiento de los dos sujetos del sexo masculino y de la mujer que los acompañaba —describe el reporte—, mientras que el policía preventivo (…) procedió al aseguramiento de los dos sujetos que se encontraban parados junto a la camioneta tipo urban,  y la agente (…) procedió al aseguramiento del individuo que descendió del vehículo tipo Tsuru”.

Las tarjetas decían “feliz cumpleaños”.

Y era un buen manojo.

En los vehículos había pantallas, sistemas de parlantes, hornos de microondas, minicomponentes, baterías de cocina, ollas de presión, etcétera.