Crónicas urbanas

Del DF a una morgue italiana

El Peruano dejó rastros de sangre en una fonda de la colonia Santa María la Ribera, delegación Cuauhtémoc, donde, con ayuda de otro compatriota suyo, acuchilló a un connacional. Fue el 10 de junio de 2012. Éste formaba parte de los 73 homicidios dolosos ocurridos durante ese mes en la Ciudad de México; concretamente en la segunda demarcación —después de Gustavo A. Madero—, con más incidencias delictivas. Uno de los presuntos se instaló en la península itálica.

Y el que había cruzado fronteras, se sabría meses después, era Luis Alberto, El Peruano, de 58 años, quien tenía su domicilio en la colonia Buenavista, no muy lejos del lugar en que se había cometido el asesinato; su presunto cómplice, John Ricardo, de 35, residía en la vecina Tabacalera. Un circuito por el que se movían sin desplazarse demasiado, pues los puntos entre sí están a tiro de piedra.

Los policías encargados de investigar el caso también indagaron que una tercera persona involucrada en el asesinato, de nombre María, de 47 años, tiene su domicilio en la colonia Nueva Santa María, delegación Azcapotzalco; tampoco radicaba tan lejos de esa franja territorial, no obstante pertenecer a otra demarcación, pero bien conectadas por calles y avenidas. Era estrecha la relación entre ellos.

Toda la información era obtenida por agentes comisionados en la indagatoria, sobre todo uno de ellos, quien se movió en los alrededores del escenario rojo, es decir, un restaurante peruano, e hizo sondeos entre vecinos y comerciantes del rumbo, pero percibió cierta molestia. Esto ocasionó reticencias.

Y exploraron más indicios sobre la muerte de Luis Enrique, de 36 años, y resultó que durante esas vueltas detuvieron a Carlos, como uno de los probables responsables, quien aportó escasa pero suficiente información para poder corroborar que su compatriota, Luis Alberto, había emigrado a Italia.

El presunto también reveló que había escuchado rumores entre connacionales en el sentido de que su compatriota había fallecido en aquel país, pero ignoraba más detalles. El siguiente paso fue solicitar información al consulado peruano sobre una persona llamada Luis Alberto Murillo Carril, que al parecer fue confundido con el nombre de Luis Roberto Murillo Carrillo.

Autoridades diplomáticas del país sudamericano, de acuerdo con el reporte policiaco, fechado el pasado 14 de octubre, detallaron que Luis Alberto Murillo Carril “falleció en la ciudad de Milán, Italia, el día 13 de abril de 2013, y sus restos fueron repatriados a Perú el 14 de junio del mismo año”.

En la respuesta, casi un año después del homicidio, se añadían datos curiosos del que resultó ser un pájaro de cuenta, quien murió en el hospital Fatebenefratelli, de Milán, al que “ingresó por abuso alcohólico que luego devino en un paro cardíaco”. La tardanza en ser identificado fue porque tenía doble identidad.

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Ese día, 10 de junio de 2012, poco después del mediodía, Luis Enrique hizo intentos por comer en una fonda de la colonia llamada Flor de la canela, pero al final decidió saborear un “cevichito” en Santa María la Ribera.

Llegó en su coche, que luego estacionó, a eso de las 13:30, escogió una mesa del fondo y se sentó de espalda a la pared, con la mirada puesta en la entrada principal. El hombre estaba contento porque pronto regresaría a su país.

Y se puso más jubiloso porque vería a su esposa y a sus hijos, entre ellos una mujer, que cumpliría 15 años. De eso y otras cosas familiares platicaba —según el reporte oficial— aquel hombre de 36 años, propietario de un negocio en la colonia Tabacalera.

De pronto levantó la vista y pronunció una palabra, algo así como “chisguete”, sin alterarse, mientras veía entrar a tres sujetos, uno de los cuales, el que iba al frente, empuñaba un cuchillo en la mano derecha. Los otros parecían escoltarlo.

Y si mediar palabra, el que traía el cuchillo comenzó a picar a Luis, primero en la pierna izquierda, mientras los cómplices de aquél, que apuraba la agresión, lo sometían para que tuviera todas las ventajas.

Los delincuentes enfilaron hacia la puerta, donde los esperaba una mujer, quien vigilaba la entrada, mientras la víctima se desangraba en el piso.

Unas personas lo auxiliaron para que pudiera sentarse en una silla de la cocina, pues pensaron que los agresores regresarían, pero luego se dieron cuenta de que habían desaparecido; una de ellas, según el reporte oficial, pudo alzar a la víctima y la llevó hacia un auto y, auxiliado por dos muchachos, lo acomodó en la parte de atrás.

Esa misma persona se puso al volante y enfiló hacia el hospital Rubén Leñero. En el camino explicó de la situación a unos patrulleros y estos le abrieron paso. Llegó al nosocomio y puso a la víctima en una camilla.

Regresó a la sala de urgencias y apareció un doctor, quien le informó que al revisar a Luis, éste ya había muerto.

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Autoridades del Consulado General de Perú en México, informaron a la Dirección de la Policía de Investigación, de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, en respuesta a una solicitud de información sobre incidentes del ciudadano peruano Luis Roberto Murillo Carrillo, que solo encontraron referencia sobre Luis Alberto Murillo Carril, nacido en 1954, pero no del otro nombre.

Y, sin embargo, el nombre de Luis Alberto Murillo Carril, junto con otros de nacionalidad peruana, está inscrito en un documento de la indagatoria, donde se pide su localización, “en calidad de probables responsables”.

“Cabe mencionar que el mencionado ciudadano ingresó al servicio de emergencia y sin informar sus datos personales —añade el texto, fechado el 25 de junio del presente año—, motivo por el cual, luego de su fallecimiento, intervinieron las autoridades policiales quienes le tomaron las huellas dactilares, resultando ser Luis Alberto Murillo Carril, nacido en Perú el 20 de julio de 1954, y fichado por la policía italiana. Según la policía científica de Milán, dicha persona había declarado en otras oportunidades llamarse Germán Godoy…”