Crónicas urbanas

Curando al Ángel

El pedestal del Monumento a la Independencia es restaurado por especialistas del INBA, quienes usan un gel desarrollado por ellos, pues los daños causados por vándalos ameritan un tratamiento especial.

La tarde del pasado 26 de febrero, después de la novena jornada global por los desaparecidos de Ayotzinapa, trabajadores del Gobierno del Distrito Federal, como sucede en estos casos, recogieron la basura y otros intentaron deslavar los letreros sobre Paseo de la Reforma, pero descubrieron que los agresores habían usado un peculiar tipo de pintura, por lo que desistieron, pues se dieron cuenta que podían deteriorar el monumento más simbólico de la ciudad y uno de los más importantes del país, donde quedaron plasmados varios lemas, uno de los cuales fue el más visible: “La justicia llegará cuando la sangre del burgués empiece a correr”.

El Monumento a la Independencia, conocido como “el Ángel”, dañado por los costados del pedestal, había sido uno de los más agraviados por un grupo de embozados, parte de los 60 que ese día marchaban y que, armados de tubos de pintura, ya habían pintarrajeado la estatua a Cristóbal Colón, ubicada en la glorieta del mismo nombre, donde trazaron dos palabras: “Fuera Peña”, que empleados del Gobierno del DF trataron de borrar, sin lograrlo, de modo que la mancha quedó extendida, junto con otras que también intentaron deshacer.

Unas 20 frases y la multiplicación del símbolo anarquista, con azul y rojo encendidos, iban quedando a lo largo de Paseo de la Reforma, por donde desfilaron padres, madres, familiares y gente solidaria que participó en la novena jornada de la marcha global por Ayotzinapa, a cinco meses de la desaparición de los 43 estudiantes. Pero fue el grupo de encapuchados que, dispersos y en bandadas, saltaban como chapulines y disparaban chisguetes de pintura en muros.

Los encapuchados, todos jóvenes, avanzaron y se distribuyeron en puntos estratégicos; dos de ellos, escuálidos, como la mayoría del cardumen, saltaban con mochila en la espalda y treparon por las escalinatas del monumento y trazaron: “La justicia llegará”, “Odio eterno contra el explotador”, “No es contra Ayotzi, es por nuestro futuro”, “Anarquía, faltan 43”.

Algunos letreros fueron trazados en la base de cantera que representa a la ley, con los nombres de Josefa Ortiz y Leona Vicario, mientras que en la columna de la justicia, que parecen sostener los nombres de José María Cos, José María Liceaga y Andrés Quintana Roo, quedó trazada la frase más visible, publicitada y rotunda: “La  justicia llegará hasta que la sangre corra”.

Una cuadrilla de empleados, como siempre ocurre después de finalizar una manifestación, se dispuso a barrer la avenida y difuminar letreros de muros, pero se percataron que era riesgoso hacer esto último, por lo que fue reportado a funcionarios, quienes tomaron la decisión de acordar con el Centro Nacional de Conservación y Registro para el Patrimonio Artístico Mueble, dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes, darle un tratamiento especial al Monumento a la Independencia.

Luego, hubo instrucciones, mediante escritos; uno de éstos fue emitido por la Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Inmueble Artístico de la delegación Cuauhtémoc, “la cual informa del inicio de los trabajos de limpieza y restauración de la Columna de la Independencia, derivado de las afectaciones que sufrió la misma. Por lo cual dichos trabajos tendrán la duración de un mes, solicitando tener acceso a dicho monumento, así como contar con vigilancia las 24 horas del día”.

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Y aquí están los restauradores de Bellas Artes, cuya labor puede ser observada por la gente. En otras ocasiones han sido requeridos para rehabilitar algunas esculturas, entre éstas algunas de Sebastian, que han sido vandalizadas; sin embargo, no tardan en hacer su trabajo cuando, otra vez, vuelven  a ser agredidas.

El Monumento a la Independencia, dicen, había sido respetado; ahora se preguntan por qué lo hicieron y por qué con tanta saña.

—Se había salvado, pero ahora estuvo muy agresivo —dice uno de ellos, mientras se ajusta la escafandra.

Los demás, enfundados en trajes blancos, como de astronautas, se disponen a difuminar la pintura impregnada; utilizan hisopos de madera y algodón, después de mojarlos en una mezcla de líquidos. Es una tarea que requiere mucha paciencia.

Hubo intentos de deslavar los letreros por parte de empleados de Servicios Urbanos del DF, quienes usaron cepillos de cerdas de alambre, pero supieron que podrían dañar este monumento, que data de más de un siglo, y pidieron ayuda al INBA, cuyos restauradores montaron un campamento el lunes.

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“Otros monumentos han sido vandalizados, pero el agravio que recibió éste, pues sí levantó mucha ámpula entre la población; los jóvenes que lo hicieron no saben realmente la connotación”, comenta Alfonso Hernández Hernández, subdirector de Patrimonio Cultural de la delegación Cuauhtémoc. “Nunca había sufrido pintas; es uno de los monumentos más visitados de la ciudad,  por nacionales y extranjeros”.

—¿Qué utilizan para hacer este trabajo?

—Bellas Artes desarrolló un tratamiento para retirar el spray, la pintura que va penetrando en la cantera; utilizan un gel que pernea en la porosidad y concentra las partículas de la pintura, las extrae y las hace aflorar; después las retira con otro gel; además, es benigno para la piedra, pues no la daña en su estructura molecular; no es abrasivo, sino adaptado a cada color; el rojo, por ejemplo, es el más agresivo. En pocos días levantaron este campamento. Es sorprendente la tecnología que desarrollaron.

—¿Otros monumentos históricos han sido vandalizados?

—Básicamente bienes inmuebles en el Centro Histórico, en todas las avenidas que cruzan las marchas, pero que no tienen el simbolismo ni la representación ni presencia histórica como este monumento a los héroes de la Independencia.

—¿Es la primera vez que lo vandalizan?

—No, ya ha habido daños; el pebetero, donde la llama votiva, que era alimentada con gas, fue dañado; todo el quemador de la llama, la tubería. Hay un vandalismo atroz por placas o pedazos de bronce, sin importar el personaje.

—¿Y este fue el acabose?

—Esto fue la gota que derramó el vaso, porque el monumento va a estar cerrado al acceso al público un mes, mes y medio, hasta que termine esta restauración.