Crónicas urbanas

Crispación en la plaza

El cerco al Monumento a la Revolución por parte de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación aún provoca molestias. Vecinos y comerciantes ya lanzaron la primera advertencia.

El circuito de Plaza de la República, con el monumento a la Revolución al centro, permanece cercado por toldos, debajo de los cuales acampan cientos de maestros desde hace 71 días. Hay cocinas, agua almacenada, baños, letrinas y panfletos. En una de las carpas, entre el cúmulo que se alarga, un cocinero destapa una cacerola con rebosante caldo de mariscos, mientras con la otra mano voltea una tilapia morena que sofríe.

—¡Pásele, pásele, solo queremos sacar los costos de recuperación!

—Se ve sabroso.

—Mojarrita de río.

—Para la otra.

Es la columna vertebral, el espinazo que soporta a integrantes de la Coordinadora Nacional de la Educación, CNTE, que se desparraman hacia banquetas, sobre las que se extienden techos de plástico, algunos ya apachurrados, desde avenida Insurgentes hasta unos metros antes de llegar al entronque de Bucareli y Reforma, lugar al que la mañana del pasado martes arribó un grupo de profesores, dispuestos a invadir un espacio ya liberado; pero alrededor de cien vecinos y comerciantes les cerraron el paso.

Hubo gritos y empujones. Los vecinos, la mayoría del edificio marcado con el número 127 de Plaza de la República, a quienes apoyaron trabajadores de la cantina Los Cinco Caudillos, reclamaron la inusitada invasión, ya que había un acuerdo con el Gobierno del DF para respetar ese espacio, luego del repliegue, antes del cual no solo invadieron arroyos, sino aceras y marquesinas en el tramo que abarca la entrada principal de un hotel y la explanada del edificio de la Lotería Nacional.

Eran las 8:30 de la mañana. Los veracruzanos ya habían bajado las fundas de los camiones. Dijeron que tenían permiso. Mentían. Fue cuando poco a poco se reunieron más vecinos de la colonia Tabacalera.

—Déjennos trabajar –pidió un empleado.

Un vecino los encaró:

—Saben qué: aquí ya no se pueden poner; y pase lo que pase, nosotros ya no vamos a permitir que se extiendan.

—Nos vamos a poner —terqueó un maestro.

—Ustedes no son maestros o váyanse al pueblo a dar clases —pidió un vecino, pero aquellos seguían con sus intenciones.

—Defendemos nuestras causas —argumentaron.

—Yo soy contador y abogado —se presentó uno de los vecinos—, si yo voy al pueblo de ustedes y me planto de la puerta de su casa, vas a salir y me vas a matar. Pues tú te plantas y es lo mismo que voy a hacer.

—¡Ya estamos hasta la madre de ustedes! —agregó otro.

Un grupo de maestros pidió apoyo a sus demás compañeros, quienes se dejaron venir; pero en ese momento ya había arribado un piquete de granaderos, uno de los cuales avisó a quienes se oponían al plantón:

—Nosotros vamos a tomar el control.

Y se formó la gresca.

Los vecinos aguardaron.

Los granaderos habían demorado demasiado en llegar, recuerda Alejandro Ruiz, gerente de la cantina Los Cinco Caudillos. "La gente llegó con ganas de entrar en acción, porque se hicieron de palabras", recuerda.

—¿Y ustedes qué hicieron?

—Bajamos la cortina.

Los granaderos detuvieron a tres de los revoltosos, uno de ellos líder magisterial, quien después apareció con un collarín.

***

—Ahora los maestros llegan preparados —comenta Alejandro Ruiz, oriundo de Oaxaca, quien se jacta de tener 40 años en el negocio de las cantinas y dar empleos.

—¿Cree que vuelvan a ponerse?

—No creo, porque los vecinos ya les advirtieron de lo que puede pasar si se vuelven a poner —responde Ruiz, quien se enorgullece de su origen oaxaqueño, "que salí de la nada"— y se duele que manifestantes azucen a los demás cuando hablan mal de los empresarios.

—¿Los han agredido?

—Al dueño de la Parrilla Argentina, que está en Lafragua, le dijeron: "¡Pinche gachupín, tú estás financiado por Estados Unidos!"

—¿Y qué tal las ventas?

—Los viernes, por ejemplo, yo tenía un lleno total, pero ahorita, fíjese, tengo 40 por ciento. De 20 meseros, ya me quedan 12.

Cerca de ahí está Tacos, Fonda Argentina, donde un mesero dice que "no es justo que secuestren los centros de trabajo, porque son fuentes de empleos".

—¿Cuántos dependen de usted?

—Tengo tres muchachos en la prepa y todos los días gastan, pero estoy a punto de decirles que se tomen un receso, porque o comemos o los mandamos a la escuela. Uno va al Conalep, el otro al Cetis y el tercero al Cebetis. Dos mujeres y un hombre. Son 50 pesos para cada uno de pasaje.

El restaurante donde trabaja, comenta el mesero, decidió lanzar una "promoción" de cuatro tacos al pastor o una torta, con agua o café, a 30 pesos, que al principio sí consumieron maestros de Oaxaca, pero quienes los relevaron no compran nada, pues ellos hacen su propia comida y llegan bien equipados.

Y no solo eso: asegura que ha sido testigo de borracheras, como la del pasado domingo, a las tres de la tarde, en las carpas de los veracruzanos. "Llegó el líder y sacó dinero para pagar las caguamas; después, llevaron dos bolsas con cervezas", relata. "Le echaron porras y dijeron: ese apoyo sí se ve, ese apoyo sí se ve".

Y eso lo crispa.

***

Y habrá que caminar y abrirse paso entre carpas sostenidas por una maraña de mecates que penden de postes y palmeras, y andar por los carriles donde al mismo tiempo transitan autos y peatones, pues las banquetas están ocupadas por pabellones, de los que cuelgan panfletos y botellas con letreros que piden "cooperación solidaria".

Y más:

"No a la militarización de Oaxaca", "Jornada de lucha por la defensa de la educación pública y el empleo, por la defensa del normalismo".

Los viandantes se atropellan entre sí debido a que tienen que competir con automovilistas por el angosto espacio.

Otro letrero: "Asamblea de Coordinación en pie de lucha, por una educación que nos enseñe a pensar, no a obedecer".

Y un largo manuscrito en una tira de papel que no se puede leer todo pero que comienza así: "Querido alumno: extraño tu risa, tus gritos, tu afecto, tus deseos de estudiar y aprender, siento mucho no estar contigo en esa aula, que es como tu casa..."

Otro letrero: "Vecinos, comerciantes y público en general: Santiago Catemaco y San Andrés les expresamos nuestra consideración y respeto, pero nuestra lucha es necesaria. Viva el Movimiento Magisterial".

Proliferan retratos de Mahatma Gandhi y un letrero: "Cuando la ley es injusta lo correcto es desobedecerla". Hay una carpa con el título de "Videoteca popular" y las figuras de Ernesto Che Guevara, Fidel Castro, Hugo Chávez, Lucio Cabañas, Genaro Vázquez, Evo Morales y Emiliano Zapata. En ese lugar también venden películas piratas.

Un letrero en tela plastificada y el logotipo de la Universidad Pedagógica Nacional: "Insurgencia universitaria. Queremos trabajo, educación pública y gratuita, no represión. Rechazo total a las reformas estructurales: educativa, laboral, hacendaria y energética".

Y también está inscrito el recurrente estribillo escuchado en protestas: "Alerta, alerta, alerta que camina, la lucha estudiantil por América Latina".

Más fotos de Zapata, Cabañas y un letrero: "Desgraciados los pueblos donde la juventud no haga temblar al mundo y los estudiantes se mantengan sumisos ante el tirano".

Y ese manuscrito en el respaldo de una extensa manta colgada a unos pasos de Insurgentes: "Amigo del DF perdón por taparte el paso, pero es para abrir tu conciencia".

O sea.