Crónicas urbanas

Bond, ¿dónde está James Bond?

El mítico Agente 007, personificado por Daniel Craig, se mueve en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y mientras unos lo protegen, otros quieren verlo aunque sea de lejos.

La banderota tricolor flamea en medio del Zócalo, ahora acompañada de calaveras y esqueletos gigantes, los cuales forman parte del set para un filme que ya causa sensación; alrededor bulle un hormiguero, al margen de ese propósito, como la venta de bolsas para el mandado y diversos  productos, 10 pesitos, repite el vendedor, quien espeta en la salida del Metro; otros de su gremio invaden las escaleras del subterráneo que dan frente a Palacio Nacional, ahora rodeado de mamparas, por si algún imprevisto pudiera interrumpir la posible acción de James Bond, cuya presencia, por hoy, no es posible percibir. Nada más circula el rumor de que anda por aquí.

Por eso mismo aumenta el número de curiosos y curiosas, sobre todo éstas, algunas de manera discreta, pues hacen como si escudriñaran edificios viejos o la fachada de catedral; en realidad caminan, la mirada sesgada y pasos lentos, en espera de que brinque la liebre inglesa; o sea, Daniel Craig, el actor que encarna al agente 007, quien, dicen, deambula por estas calles, pues lo han visto asomarse por ventanas de un hotel de la calle 16 de Septiembre, aunque algunos aseguran que lo acompañaba su doble, con quien hacía cálculos desde las alturas para poder saltar.

La expectación ha crecido desde que se ha visto revolotear un helicóptero que parece de juguete, pero es real y aletea, cual libélula, entre edificios del Centro Histórico de la ciudad, en especial sobre 20 de Noviembre, tripulado con la pericia de un piloto militar, como aquellos que maniobran aparatos más potentes, un Black Hawk, por ejemplo, entre vaguadas de montañas en busca de plantíos de amapola para su destrucción. Pero esto último es la realidad; lo demás es ficción.

Desde hace días la plancha del Zócalo luce rodeada por vallas grises, no tan altas, vigilada discretamente por policías y empleados de la empresa productora, sin que nadie pueda informar dónde se hospeda James Bond, para quien se hizo este escenario de calaveras y catrinas, ya supervisado por Sam, Sam Mendes, director de Spectre, así llamada la nueva película, cuyo adelanto ya circula en internet, a pesar de que su estreno mundial será en ocho meses.

***

—Señor —escucha la pregunta uno de los aseadores de calzado que se colocan en la calle de Moneda—, ¿sabe usted dónde se hospeda James Bond?

—No, la verdad no, para qué le voy a mentir —responde el hombre, moreno hirsuto, mientras deja escapar una sonrisita irónica.

—Pero sí ha escuchado hablar de él.

Y vuelve a sonreír.

—Sí, claro, pero por aquí no anda; y que yo sepa, nadie lo ha visto —dice mientras agacha y mueve la cabeza.

—¿Y usted saben dónde anda? —se le pregunta a uno de los policías que vigilan alrededor de la Catedral Metropolitana.

—No, por aquí no se hospeda –arruga el ceño, se ajusta su chaleco antibala y señala hacia la plancha–, pero en el Gran Hotel Ciudad de México están haciendo la filmación, a lo mejor allá se hospeda.

Del otro lado, en el interior de la plaza cercada, un joven medita, radiotransmisor en mano, mientras escucha la pregunta:

—¿Sabe dónde anda Bond?

—No, pero mañana viene.

—¿A qué hora?

—No sé.

—¿Usted lo conoce?

—No.

—¿Y a Sam Mendes?

—Anduvo por aquí supervisando pero no recuerdo qué día —responde el joven que, está visto, tiene poco qué decir.

—Ahorita todavía están filmando en la calle de Tacuba, porque no les dio tiempo  hacerlo aquí —informa el empleado de una empresa contratada para cuidar la escenografía del Zócalo.

Y los pasos apuntan hacia la Plaza de Tolsá; y habrá que caminar bajo los portales, entre el habitual bullicio, donde se entremezcla un ejército de jóvenes; algunos blanden carpetas de menús baratos, a punto de guillotinar; otros acosan muchachas.

—¡Comida corrida en terraza por 53 pesos –ofrecen mientras atajan, en lugar de invitar, y abren las manos para intentar trasladar a probables comensales en vilo.

***

El espacio de Tacuba e Isabel la Católica está cerrado al tránsito vehicular, pues parece que Bond y su séquito se ha movido entre músicos ciegos que amenizan afuera de la estación Allende del Metro; otro ejército de subempleados, hombres y mujeres, ofrecen lentes y exámenes de la vista; de una plaza comercial, regenteada por ex vendedores ambulantes de Alejandra Barrios, disparan música estridente.

En la bocacalle de Bolívar hay mamparas que tapan el paso hacia Xicoténcatl, domicilio que por muchos años fue del Senado y donde hace unos días, dicen, James Bond libró derrumbes, y ahora vuelve al mismo escenario, resguardado por vigilantes de empresas particulares y la ayuda festiva de jóvenes “voluntarios”.

—¿Puedo pasar con Bond?

El guardia sonríe.

—Voy a la perfumería —dice una mujer, identificación en mano, y ladean la valla para que pase.

—Gracias.

Los guardias traen chalecos negros con la palabra Olkam en la espalda. Los curiosos se agolpan, hacen preguntas y miran hacia el Palacio de Minería, la Plaza Manuel Tolsá y el Museo Nacional de Arte, donde Bond arriesga la vida.

Y hasta acá, en la esquina del Museo Interactivo de Economía, se escucha una voz recia —¿La de Sam Mendes? — que dicta:

¡One, two, three... action!

Un letrero anuncia: “Acceso peatonal únicamente a residentes y trabajadores”. Entre 5 de Mayo y Eje Lázaro Cárdenas, hay varios camiones de RTP —Red de Transporte de Pasajero—, con un letrero al frente: Servicio Especial.

—¿Por qué están aquí estos camiones?

—No sé —responde uno de los tres  individuos que visten camisa con el logotipo de RTP, que aguardan en motos de la misma empresa.

—¿Trajeron a manifestantes?

—No —ataja rápido mientras sonríe el encorbatado chofer de un reluciente RTP, como todos los de la hilera—, traemos a la gente que está filmando.

—¿También a Bond?

Y sonríe.

La bocacalle de Filomeno Mata es vigilada por civiles de una empresa particular. Unas mamparas cierran el paso. Un letrero informa: “Estamos filmando. Los productores y personal queremos disculparnos por cualquier inconveniente causado durante la preparación/filmación de esta producción. Apreciamos su cooperación y gracias por su paciencia”.

Y otro rótulo: “Acceso peatonal; solo residentes y trabajadores. Palacio Postal, abierto al público en general, por Eje Central”.

El corazón del Centro Histórico —con saltimbanquis, mimos, restaurantes al aire libre y mesas cerveceras bajo sombrillas— es una fiesta.

Y otra vez el incesante griterío que acosa a viandantes: “¡Reparación de lentes, micas, armazones y laboratorio!”.

Y James Bond anda por todos lados, pero pocos logran verlo. Un día está en el Gran Hotel Ciudad de México; otro, en la plaza Manuel Tolsá; uno más en el Zócalo, donde un helicóptero mariposea y algunas mujeres suspiran por Daniel Craig.