Crónicas urbanas

Bicicletas de la muerte

“Bicis” blancas o fantasmas, así las llaman las organizaciones que las colocan en lugares donde  ciclistas han muerto atropellados. Hay entre 12 y 13 instaladas, pero el número de fallecidos puede ser mayor.


Unos pedalean y culebrean por ciclovías, calles, banquetas, camellones o carriles exclusivos para el Metrobús,  en grupos o solos, libres, ágiles, sorteando obstáculos; otros, con auriculares puestos o hablando por teléfono, en ostensible violación a reglas, ya sea porque tienen prisa o por hacer gala de su audacia.

Y allá van, acá vienen, por aquí pasan, hombres y mujeres, niños y adultos, cada vez en aumento, montados en sus bicis de diferentes formas y marcas, en una ciudad donde predomina el uso del automóvil, cuya cantidad rebasa los 3.5 millones, algunos manejados por conductores que no respetan normas.

Es parte del panorama de una ciudad en la que se incentiva, es cierto,  el uso de la bicicleta, pero sin infraestructura suficiente y exigua conciencia. Porque ya es conocido que el mayor número de muertes es por atropellamientos. Las estadísticas oficiales, sin embargo, no especifican cuántos ciclistas fallecen.

Organizaciones civiles ignoran a cuánto asciende el número exacto de ciclistas atropellados, mucho menos que hayan muerto por dicha causa,  pero dirigentes de Bicitekas, el colectivo más conocido, recuerdan que una de las primeras veces que supieron de un caso,  en junio de 2009, fue a través de un correo electrónico Ernesto Corona dice que el accidente ocurrió en avenida Universidad y Gabriel Mancera, colonia Del Valle.

La historia fue relatada por el novio, quien vivió la tragedia de Liliana Castillo, por lo que a partir de ese hecho  hubo protestas para exigir justicia y respeto a los ciclistas, así como retomar las instalaciones de bicicletas ‘blancas’, también denominadas ‘fantasmas’, en lugares donde mueren ciclistas.

Desde entonces, comenta Ernesto Corona, organizaciones afines han colocado entre 12 y 13 bicicletas blancas en el Distrito Federal, aunque “originalmente no son las que se podrían haber instalado, ya que debido a la capacidad de trabajo y de coordinación para poder instalar una bicicleta blanca, no nos damos abasto y la comunidad ciclista ha sido rebasada realmente…”

Todos los casos son “bastante fuertes”, añade Corona, quien menciona el de Liliana como un signo de injusticia e impunidad:

—El caso con ella —detalla— es que al momento de pasar el accidente, a pesar de que tenía cosas que la identificaran, queda reportada como no identificada ante el Ministerio Público; además,  al entrar al Hospital de Xoco, solo aparecía el registro de una chica que al parecer se había caído de la bicicleta, nada más, pero no un accidente de la magnitud que tuvo.

Y ese hecho, dice, contribuyó a que hubiera más inconformidad, no solo por los accidentes, sino por lo que hay detrás: “exceso de velocidad, avenidas donde el mismo diseño permite que uno acelere en el automóvil, tal vez la falta de educación de la misma gente que utiliza las vialidades: peatones, ciclistas, automovilistas; todos, ¿no? Y por eso es que se decide poner las bicicletas blancas; de Liliana, en especial.

Y otras más.

Bicicletas como cenotafios.

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Bicitekas es uno de los colectivos  que comenzó a instalar lo que denominan “un memorial para los seres humanos que han perdido la vida mientras circulaban en su bicicleta”. “Un recordatorio de la tragedia”. “Una demanda de respeto a peatones y ciclistas”. Y uno de sus integrantes, Sergio David, intervino la bici más reciente.

Sucedió en la colonia Condesa, entre las calles Nuevo León y Sonora, donde fue arrollada Jenny, explica Sergio David.

—¿Cómo hiciste esa intervención?

—Nos trajeron la bicicleta; estaba intacta, ¿sabes?, no tenía nada, ni un raspón, era increíble ver la bicicleta de Jenny y no verle nada, ni un raspón. No entendíamos cómo ella había sufrido un accidente que le había quitado la vida en un vehículo que estaba intacto.  La bicicleta queda como testimonio de algo que no debe volver a pasar. La entendemos como una herramienta de transformación social y creemos que también es importante que la gente entienda que estamos aquí…

El joven ciclista ahonda:

—Entendemos que las calles y los demás espacios públicos son compartidos  por más vehículos, pero nosotros nos movemos en bicicleta y no tenemos más que nos proteja que nuestro cuerpo. La bicicleta es algo que resuelve el problema vial. Entonces es lo que nos lleva a participar en la intervención de la bicicleta de Jenny.

—¿Tuviste un sentimiento,  algo especial, mientras la intervenías?

 —Pues pensaba en mí, en mi familia, en mis amigos, en todas las personas que usan la bicicleta como medio de transporte, y pensaba que sí, que sirve, que es un llamado, que es un grito de decir: “aquí estamos, somos visibles, nos ven, ¿no?, dennos chance”.

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Otro activista del ciclismo es Gerardo González, del Escuadrón del Norte. Ha instalado tres cenotafios en recuerdo a los caídos.

El más reciente fue el 1 de marzo de 2013, entre avenida Ferrocarril Hidalgo y Victoria, delegación Gustavo A. Madero.  

La bici blanca instalada era de Ricardo Segura, de 58 años, quien todos los días, durante veinte años, pedaleó desde Valle de Guadalupe hasta la colonia Guadalupe Tepeyac, donde trabajaba. Recorría ocho kilómetros.

—Un viernes de mala suerte —describe Gerardo—, venía por esta avenida, Ferrocarril Hidalgo, y un tráiler lo embistió. El operador huyó. La muerte de don Ricardo, hasta donde sabemos, no tuvo justicia.

—Y colocaron la bici.

—Quince días después de su muerte. Lo hicimos el Escuadrón del Norte, los familiares y otros ciclistas. Realizamos un recorrido cargado de mucho simbolismo, muy fuerte emocionalmente, porque la familia así lo pidió: “Pongamos la bici blanca, pero hagamos el recorrido que mi padre hacía”, propuso el hijo, y nos lo aventamos un domingo. La colocamos para que no se nos olvide que los ciclistas también somos muy vulnerables, y un recordatorio a las autoridades que deben poner más atención, deben hacer un poco más campañas de difusión sobre los derechos del ciclista.

—¿Qué tanto ha avanzado la cultura del ciclista?

—Sí ha avanzado, pero no tanto como nos gustaría: desde el gobierno de Marcelo Ebrard ha evolucionado poco a poco. Hay zonas, como en la Roma y la Condesa, donde respetan un poquito más al ciclista. El problema es cuando te sales de esa burbuja y te vienes a las delegaciones periféricas, como Gustavo A. Madero, Iztapalapa, Azcapotzalco, incluso Cuauh-témoc y Venustiano Carranza. Nos hace falta aún más; y como ciclistas, debemos conocer nuestros derechos, reconocer nuestros errores, porque somos muchos ciclistas impertinentes y, sobre todo,, tener ganas de convivir todos en la calle: peatones, ciclistas y automovilistas.

Es la Ciudad de México, donde peatones, ciclistas y automovilistas compiten por espacios públicos, pero al final pierden los más vulnerables.