Crónicas urbanas

Arne, el cazador

Hace días fue golpeado por el guardaespaldas de un empresario, pero aun así el 'city manager' de la delegación Miguel Hidalgo, que sufre amenazas y recibe aplausos, piensa seguir con la tarea designada.

El día que le informaron de su nombramiento, que él tradujo como city manager, Arne aus den Ruthen Haag, un hombre de acción, comunicó la noticia a su esposa, quien le dijo: "Oye, cabrón, hasta que vuelves a hacer las cosas por las que me enamoré de ti". El funcionario, siempre sonriente, cuenta la anécdota en la explanada trasera de la delegación Miguel Hidalgo, donde vecinos exponen sus problemas ante funcionarios y la misma titular de la demarcación, Xóchitl Gálvez, mientras él es felicitado y reparte el trabajo que corresponde a cada área. "¡Dales duro, Arne!", lo anima un vecino.

Todavía tiene entre diente y labio las huellas de golpes encajados por guaruras de un empresario que habían estacionado sus vehículos en lugares prohibidos mientras él transmitía imágenes e insultos de los infractores, quienes encima le arrebatarían el teléfono, para luego intentar censurar la acción, sin saber que ya todo circulaba y se replicaba en las redes sociales, donde pronto fue bautizado como #LordMeLaPelas, como el principal término del repertorio aplicado por el abusivo empresario.

El funcionario recuerda que en aquella ocasión los escoltas del empresario le dieron una paliza. "Tengo moretones hasta en las nalgas", dice Arne aus den Ruthen, siempre sonriente, quien en Facebook se presenta como "ingeniero industrial, avicultor y diseñador de sistemas", mientras que su cargo en Miguel Hidalgo, desde el 15 de enero, es de director general de Administración.

"Me toca hacer valer preceptos legales en la delegación, poner orden, y vamos a ser ejemplo en la Ciudad de México", se jacta quien ya gobernó en esta demarcación durante el trienio de 2000 a 2003, cuando intentó regular el comercio ambulante en la zona de Tacuba, sin lograrlo, pues topó con una resistencia compacta.

—Pero hay gente que no está de acuerdo, ¿cómo los calificas?

—Se llaman gandallas; la gente que acostumbra valerse de lo que es de todos, para beneficio personal, se le conoce como agandalle. En el diccionario de los mexicanismos así se describe.

—¿Y cómo mides ese gandallismo?

—Hay distintos niveles; por ejemplo, en el momento de apartar la vía pública, hay gente que pone un botecito de VelRosita —dice y sonríe— y hay personas que colocan un tambo de 200 kilos lleno de concreto. Hay gandallas de distintos niveles, pero pos a todo los vamos a aplacar.

—Ricos y pobres.

—Ricos y pobres, no tiene que ver con nivel socioeconómico, no tiene que ver con cultura. Incluso, también tenemos muchas embajadas. Las hemos empezado ya a meter en cintura porque se agandallan de la vía pública.

—¿O sea que nadie escapa, o pocos lo hacen?

—Más bien todos se contagian de este gandallismo, porque incluso ayer recogí cosas de la embajada de Noruega; Noruega —repite y sonríe— es uno de los países más civilizados del mundo... Entonces, llegando a México, hasta ellos se vuelven gandallas.

—¿Al país que fueres haz lo que vieres?

—Exactamente.

—¿Vivimos en un país de gandallas?

—Más bien el gobierno ha permitido que esta cultura del agandalle florezca y se empieza a copiar, y como dice bien el dicho: al país que fueres haz lo que vieres, empieza todo el mundo a imitar y a mimetizar estos gandallas.

—Recuerdo que cuando fuiste delegado hiciste un grupo especial para desalojar a los comerciantes de Tacuba.

—En ningún momento fuimos a desalojar; eso fue algo mal informado: llegamos a notificar el inicio de una obra pública, y hubo una resistencia violenta...

—Que además invadían la vía pública...

—Es un agandalle comercial... Buscamos poner orden en todos los sentidos. El 80 por ciento de los ambulantes está fuera de la ley. Tenemos que empezar a regularizar, no solamente eso, sino que haya cultura cívica: la gente pasea sus perros sin correa, no recoge la caca de los canes, pone botes en la vía pública, bebe y se orina en la calle, pone el sonido altísimo...

—¿Vas a competir para la jefatura de Gobierno?

—De ninguna manera —responde rápido y vuelve a sonreír—, no voy a competir a un cargo de elección popular en 2018. La figura del city manager busca justamente sacar de lo electoral el servicio público. Debemos tener un cuerpo profesional de gente que trabaje con independencia de los tiempos electorales.

—¿Entonces le estás echando el hombro a la jefa delegacional?

—No, estoy cumpliendo con mi trabajo. A mí me contrató la jefa delegacional, yo soy su empleado y mi función es servir a los habitantes de la Miguel Hidalgo.

—¿Eres el hombre fuerte de la delegada?

—Soy el hombre ordenado de ella —sonríe—; y a mí me corresponde poner orden en la administración, hacer que los servicios se despachen con oportunidad, y me toca también esta parte de llevar ante la justicia a los infractores de cultura cívica...

—¿La mano dura?

—Eh, no, es una mano que atiende lo que dice la ley al pie de la letra. Ya te diría —es de las pocas veces que hace una pausa larga—... la mano inflexible, no dura.

—¿El lugarteniente de la delegada?

—Pues —sonríe— llámale como quieras, soy una persona que se encarga de que las cosas ocurran y no me voy a poner a discutir ni a poner a ver si hay espacio de diálogo con alguien... A mí me tocan todas las áreas con las que no hay nada qué platicar...

—¿Hay gente que ha aceptado su error o todos son groseros?

—No, no, hay cientos de vecinos que saben que cometieron una falta y se disculpan en público. Yo te diría que son más los que aceptan su responsabilidad, que prometen no volverlo hacer, que los gandallas; diría que 5 por ciento son gandallas sin solución y a esos hay que aplicarles todo el rigor de la ley.

—Tienes muchos admiradores.

—Y muchos detractores también.

—¿Y cómo calificas a los detractores?

—Son infractores de la ley que no les gusta que los metan en cintura, pero a mí no me interesa quedar bien; no me contrataron para ser simpático ni para hacer amigos. Me contrataron para poner orden en las calles de la delegación.

—¿No tienes miedo a ningún atentado?

—Bueno, ya he sufrido atentados.

—¿Por cierto ya se disculpó el empresario?

—No he recibido ninguna disculpa de parte de la persona que mandó golpearme, ni tampoco he recibido los coches que me regaló en su transmisión en vivo; él dijo que me los regalaba, no los he recibido —dice y sonríe irónico.

—¿Es el prototipo del gandalla?

—Es una forma de agandalle. Podríamos hacer después un diccionario del gandalla y ponerlos en distintas categorías: desde el que pone su bote rosa de VelRosita, hasta el que ataca con coches de guaruras; así como entre los dinosaurios había el tiranosaurio rex y la lagartijita más sencilla.

—¿Algún perfil contra el que estés luchando?

—Todas están tipificadas en la Ley de Cultura Cívica, ahí viene el catálogo de las faltas y contra todos ellos estamos trabajando para que esas conductas, que no ayudan a la convivencia armónica, sean erradicadas de la delegación Miguel Hidalgo.

—Tienes buen humor, ¿no te asusta nada?

—Bueno, sí tengo miedo, como cualquier ser humano, pero no frena mis actividades cotidianas.

Es Miércoles Ciudadano en la delegación Miguel Hidalgo. Arne aus den Ruthen Haag, que nació en la Ciudad de México el 24 de noviembre de 1971, es uno de los funcionarios más solicitados.

La pugna en las redes sociales, mientras tanto, continúa, pues hay quienes lo apoyan y otros que lo denuestan; él se defiende con humor, porque, como twiteó, "el #VecinoGandalla, en prácticamente todas las ocasiones en que lo ordenen, acusará prepotencia y violaciones a sus derechos humanos. Así son".