Tras bambalinas

"La vida es sueño"

Escucha uno el término ‘auto sacramental’ y la verdad se pone nervioso. ¿No me iré a aburrir? ¿le entenderé? Para fortuna, además del título (La vida es sueño), el autor  (Pedro Calderón de la Barca) y el ya citado género teatral, se anuncia también el nombre del director de escena: Claudio Valdés Kuri, uno de los creadores  más versátiles, interesantes, propositivos, innovadores y talentosos de escena mexicana de las últimas décadas, por lo que la garantía de calidad del montaje es casi previsible.

Junto con su compañía, Teatro de Ciertos Habitantes, Claudio se ha colocado como uno de los directores latinoamericanos más prestigiados, reconocidos y premiados en el mundo entero, mismo que empezó a recorrer en 1997 con su primer montaje, Becketo el honor de Dios, siempre causando impacto y sorprendiendo con un talento y una creatividad inagotables.

Y esas mismas virtudes están presentes a manos llenas en La vida es sueño, que hace temporada de jueves a domingo en el teatro El Galeón, atrás del Auditorio Nacional.

Un auto sacramental es una “composición dramática de un solo acto, propia de la literatura castellana y portuguesa del siglo XV, en la que generalmente se utiliza la alegoría y aparecen personajes bíblicos”.

La vida es sueño se ajusta perfectamente a esa definición, y así, ante los ojos del maravillado espectador desfilan personajes como La Luz, El Albedrío, La Sabiduría, o los cuatro elementos, que cobran vida en las soberbias, sin exagerar, interpretaciones de 14 actores que sorprenden por su talento y versatilidad,  pues no solo actúan, sino que cantan, bailan y tocan instrumentos musicales con un rigor y exactitud que hay que aplaudir.

Una vez más, Valdés Kuri sorprende con una lectura que acerca al espectador del siglo XXI un texto escrito hace 500 años. Sin perder su profundidad original, pero con un lenguaje visual, musical y sonoro de hoy, el auto sacramental La vida es sueño se muestra en toda su magnificencia y apabulla al espectador, que no puede más que sentirse pequeñito frente a la inmensidad de la creación y el universo.

Música moderna, sintetizadores, rayos láser, sones jarochos y bailes veracruzanos se entremezclan en una puesta en escena que es indispensable ver. 

hugohernandez@mejorteatro.com