Tras bambalinas

"Cada vez nos despedimos mejor"

Conocí a Diego Luna cuando aparecía unos minutos al final de la maravillosa puesta en escena De película, de Julio Castillo. Debe haber tenido 6 o 7 años. Desde entonces ha sido un gusto encontrarlo en sus trabajos teatrales, medio del que no se olvida, pese a que el cine lo ha convertido en la  estrella que es hoy día.

Moliere, Festen, Cock, Las obras completas de Shakespeare, son algunos de los montajes que vienen a mi memoria ahora que lo veo, si mal no recuerdo, en su primer monólogo: Cada vez nos despedimos mejor, un trabajo del cual Diego sale más que airoso.

Al actor hay que aplaudirle también  que le gusta apostar por obras que no son fáciles, y que gracias a su presencia (y a otros factores que sabe conjugar muy bien) se han convertido en enormes éxitos de taquilla.

Baste mencionar el apoyo que dio a la maravillosa obra Incendios, dirigida por Hugo Arrevillaga, que de una modesta temporada saltó a convertirse en el éxito del año; lo cual es doblemente meritorio  si se toma en cuenta que se trata de una obra completamente alejada de lo que se conoce como teatro comercial.

En Cada vez nos despedimos mejor, el primer atractivo es sin duda la presencia de Diego. Lo cual se comprueba apenas aparece en el escenario y el público lo recibe con una ovación.

Por fortuna, eso es solo el arranque, pues lo que el público se encuentra es un maravilloso texto y una magnífica puesta en escena.

Escrita y dirigida por Alejandro Ricaño (sin duda el dramaturgo mexicano más interesante y sólido de su generación), Cada vez nos despedimos mejor cuenta dos historias paralelas: la de Mateo y su pareja, con quien tiene una serie de encuentros y desencuentros desde 1979, cuando ambos nacen en el último minuto de la década, y por otro lado la historia de las últimas tres décadas y media de México, de sus hitos políticos y sociales.

Gracias al talento de Ricaño, ambas historias se hilvanan perfectamente, y cada una de las menciones histórica-sociales que hace el protagonista, entran exactamente en la anécdota que nos está contando.

Un acierto más de esta puesta en escena es la música, compuesta por Alejandro Castaños y ejecutada en vivo por Darío Bernal, lo cual le da al montaje un ambiente mucho más cercano y fresco.  

hugohernandez@mejorteatro.com