Tras bambalinas

"El último teatro del mundo"/II

Desde siempre me ha maravillado el proceso por el cual un artista crea de la nada su obra. Sea músico, escritor, pintor, dramaturgo, poeta… no dejo de preguntarme y sorprenderme por el cómo es que se les ocurren tales o cuales situaciones, ritmos, combinaciones…

Cuando como público vemos una obra terminada, tiene sentido, pero qué pasa antes: ¿cuál fue su génesis, cómo se les ocurrió esto en vez de lo otro? ¿Cuáles son los resortes que les permiten ir hilvanado ideas, sonidos, colores?

Esta reflexión mínima me viene a la cabeza una vez más luego de ver El último teatro del mundo, un musical concebido, escrito y dirigido por José Manuel López Velarde, a quien seguramente mucha gente ubica por sus brillantes trabajos anteriores (Mentiras y Si nos dejan, entre otras); con el apoyo de Íker Madrid, compositor de la maravillosa y singular música de esta puesta en escena.

El último teatro del mundo es una tierna fábula en la que López Velarde hace una muy atinada reflexión sobre temas como la vocación, la búsqueda del sentido en la vida, la función del arte e, incluso, del nacimiento mismo del teatro, todo esto en una anécdota muy elaborada, pero nada complicada y con la que el público se siente perfectamente conectado.   

Buena parte del mérito del lazo que se establece entre el espectáculo y el público corresponde a Íker Madrid, de quien yo conocía sus enormes talentos como actor y cantante, e incluso como pianista, pero que me ha dejado con el ojo (o el oído) cuadrado con su desempeño como compositor.

Mención especial para los singularesinstrumentos que se usan en la puesta en escena, y de los cuales no revelaré más para no arruinar la sorpresa.

Sin duda, la dupla López Velarde-Madrid entrega con El último teatro del mundo, uno de los musicales originales más sólidos de nuestros escenarios.

Una ovación, también, para Paloma Cordero, protagonista absoluta de esta puesta en escena. Ya habíamos gozado de su maravillosa voz en Mentiras y Mary Poppins, pero aquí Paloma se consolida no solo como una portentosa cantante, sino también como una sorprendente y versátil actriz al dar vida materialmente al unísono a tres personajes.

Bravo para los otros cuatro participantes en este mágico montaje, Mauricio Hernández, Marco Paredes, Pablo Rodríguez y Paloma Hoyos.

El último teatro del mundo, un montaje que toca el corazón, en un nuevo y estupendo espacio escénico: La Teatrería, ubicado en Tabasco 152, en la colonia Roma.

 

hugohernandez@mejorteatro.com