Tras bambalinas

"Mi nombre es Salvador"

Fernando Moguel, in memoriam

En el número 134 de la calle Saltillo, en la colonia Condesa, en la parte de atrás de una tienda dedicada a temas de sexualidad, sucede la magia.

Se trata del espacio alternativo Traspatio, una prueba más de que para el buen teatro no se necesita más que talento, una buena historia y una manera interesante de contarla.

La historia que aquí se escenifica, lamentablemente solo hasta hoy viernes, se titula Mi nombre es Salvador, y es una excelente puesta en escena que merece una temporada más larga y que vale la pena ser vista por todo mundo, pues habla del México de hoy, de los temas que día con día preocupan, interesan, viven en carne propia la gente de este país.

Escrita por Guillermo León y dirigida por Sarah Borbón, la anécdota de Mi nombre es Salvador sucede en el poblado de Nayarit (pero podría ser en cualquier sitio de nuestro país) en el que la migración, el narcotráfico y la pobreza son cosas de todos los días (como en cualquier lugar de México). Una familia compuesta por una madre emprendedora, luchona, con muy buen humor; un padre medio machista, pero que lucha día a día por sus hijos y su esposa, a quienes quiere más que a su vida; una hija quinceañera, mucho más preocupada por su fiesta, su vestido, su vals y por supuesto, su novio, que por sus estudios, y un hijo pequeño, precisamente Salvador, que mira su entorno con sorpresa y miedo, y que juega a matar con una pistola, tal y como lo ha visto cada día de su corta vida. La muy divertida anécdota familiar va creciendo y da cabida a otros familiares, amigos, conocidos que van pasando por ahí y llega hasta un ilustre nayarita, Amado Nervo, quien ve con horror y se lamenta de la terrible situación en la que se encuentra su estado y el país en su totalidad. Perfectamente armado y desarrollado, el montaje alterna las escenas de la familia, que ocurren en una cenaduría (de esas que abundan en provincia) y en las que el público juega las veces de comensales (incluso, al final reciben pequeños platos de pozole), con otros  momentos que a manera rompecabezas, complementan lo que va hilvanando la anécdota central.

Seis actores dan vida a todos los personajes, que cobran vida con unos mínimos cambios de ropa, que suceden en un minúsculo espacio en una esquina del escenario.  Brillante trabajo actoral de Betsy Villegas, Juan Pablo Rocha, Cecilia Azuela y Erick de la Vega, acompañados por el pequeño Erick de la Vega Jr. y por Rafael Gallegos.

Hoy última función de Mi nombre es Salvador a las 20:30 horas.

hugohernandez@mejorteatro.com