Tras bambalinas

"La fierecilla tomada"

A finales de los años 70, Héctor Bonilla triunfaba en grande en el teatro San Rafael con un musical que hizo historia: El diluvio que viene, que en aquella primera histórica temporada superó las mil 800 representaciones.

En aquellos entonces, México entero hablaba de ese mágico montaje en el que incluso “Llovía en el escenario”. Como “El Diluvio…”, el buen teatro, y muy especialmente el teatro musical, tiene ese poder, esa capacidad: hacer posible lo que parece imposible, hacer realidad la más extraña de las ficciones, hacer vivir al público todas las experiencias, hasta las más singulares, que a ritmo de música, baile, luces y vestuario, cobran el más alto de los vuelos.

Por todo ello es que resulta más que atinado ver precisamente a Bonilla, y ni más ni menos que en el teatro San Rafael, en un musical que habla, por si fuera poco, de la magia y el poder transformador (casi sanador) del teatro… especialmente el musical.

Se trata de La fierecilla tomada, un musical escrito por Bob Martin y Don McKellar, y estupendamente adaptado por Enrique Arce, en el que un teatrófilo, amante de los musicales, comienza a recordar uno de los más entrañables montajes que vio en su juventud (precisamente el que se llama La fierecilla tomada) y la inaudita trama, los acartonados personajes, la sorprendente escenografía cobran vida en la sala de su casa.

La obra es un agasajo especialmente a los que amamos el teatro musical, pues es casi una tesis que explica esa pasión que despierta el género, por “insulso y superficial” que pueda parecer a algunas personas.

Bonilla está estupendo como El hombre del sillón, un personaje que, aunque suene a lugar común, parece haber sido escrito especialmente para él. Un personaje al que le crees cada una de las anécdotas que cuenta, que conecta a la perfección con el público y lo mete a su mente, para que junto con él revivan cada uno de sus emotivos recuerdos.

Estupendos también Jacqueline Andere como la chaperona cínica y alcohólica; Mauricio Martínez, cantando y bailando maravillosamente, y Roberto Blandón como el estereotipado galán.

Chantal Andere, Norma Lazareno, Moisés Suárez, Mónica Sánchez Navarro y Eduardo Ibarra completan muy bien el elenco estelar.

Felicidades a los jóvenes productores, Guillermo Wiechers y Juan Torres, por el arriesgue de montar esta obra.  Ojalá que haya suficientes amantes del teatro musical en nuestro público para que esta temporada  sea un éxito.

hugohernandez@mejorteatro.com