Tras bambalinas

Un corazón normal

Habrá quien piense que el Nueva York de principios de los años 80 no se parece en nada al México de 2013. Sin embargo, no es así. Luego de ver Un corazón normal es evidente que las similitudes son muchas más que las diferencias.

Escrita por Larry Kramer, Un corazón normal cuenta los primeros días en la ya larga historia del sida y el impacto que este mal tiene en un grupo de personas en la llamada Gran Manzana hace poco más de 30 años.

Guardadas todas las diferencias espaciotemporales, lo que sucede en la anécdota que cuenta Kramer en esta puesta en escena en mucho se parece a lo que sigue sucediendo en países como el nuestro en torno al tema del sida: prejuicio, discriminación, rechazo, falta de apoyo, desinformación, que solo se contrarrestan con la solidaridad y el respaldo de unos cuantos.

Cierto es que hoy en día la investigación médica ha tenido avances cuánticos en los tratamientos y la información está disponible para quienes la quieran, pero el prejuicio y el rechazo hacia quienes portan este mal siguen siendo el principal problema, como se  plantea muy claramente en esta obra.

Al mismo tiempo conmovedora y divertida es esta puesta en escena, dirigida por Ricardo Ramírez Carnero (de quien he visto estupendos trabajos) y a la que solo pondría yo un pero: la forma tan precaria en la que en la que se resolvieron los cambios escenográficos: utileros entran y salen cargando sillas, mesas, alfombras, etc., lo que termina por entorpecer y alentar el ritmo dramático.

Si usan el video para crear algunos espacios, ¿por qué no lo usaron más intensivamente y eliminaron ese entrar y salir de muebles y utilería?

Respecto a los actores, en general todos muy bien: Hernán Mendoza, Pilar Boliver, Eduardo Arroyuelo, Juan Ríos, Pedro Mira y Claudio Lafarga, con la misma eficacia y solvencia que les hemos visto en infinidad de trabajos.

Felicitación especial para Édgar Vivar, quien está llegando a 50 años de actividad escénica, 25 de los cuales todo mundo los ubicamos fácilmente por su trabajo en televisión; pero don Édgar, lejos de sentarse en sus laureles, se mantiene activo en proyectos como éste, muy lejanos de la comodidad televisiva.

Un reconocimiento también a los jóvenes productores ejecutivos de Un corazón normal, Agustín León y Lissy Castro, por su trabajo.

hugohernandez@mejorteatro.com