Tras bambalinas

"Rueda mi mente"

Yo, como la mitad del público teatrero mexicano, conocí a Patricio Castillo en aquella histórica primera temporada de El diluvio que viene, que a finales de los años 70 arrancó sus representaciones hasta superar las mil 800.

Desde entonces, lo he visto en una veintena de montajes, pues si bien ha trabajado en todos los medios, Patricio Castillo es esencialmente un hombre de teatro. Comedias, musicales, melodramas, piezas, con igual talento y entrega enfrenta cualquier género en el escenario.

Y para un hombre de teatro nada hay más satisfactorio y complicado, que un monólogo. Ya habíamos tenido oportunidad de ver a Patricio solo en un escenario en una obra sobre Einstein, por lo cual no es una novedad. Sin embargo, en esta ocasión resulta doblemente entrañable e impactante porque se trata de una historia que uno siente propia, pues cuenta una anécdota que nos puede suceder a cualquiera.

Se trata de Rueda mi mente, obra que aborda el gravísimo problema de la pérdida de la memoria, como producto de la edad, hasta convertirse en Alzheimer.

Escrita por Alejandro Licona, Rueda mi mente arranca como una comedia, muy divertida, ocurrente, en la que Habacuc, un escritor está por arrancar un día más en su vida; sin embargo, el destino le juega una mala pasada y de repente todo se le  trastoca, por lo que lo vemos enfrentarse a situaciones inesperadas y sorpresivas que en un primer momento nos producen risa.

“¡Están exagerando!”, se escucha en murmullo la opinión de uno de los espectadores; y sí, lo pienso yo en un primer momento; pero conforme avanza la trama se da uno cuenta que la situación que plantea la puesta  va mucho más allá de la distracción y la edad, es una enfermedad, que agobia y destruye la vida de quienes la padecen y de su entorno, como se ve en esta obra dirigida por Alfonso Rigel.

Bravo para Patricio, quien transmite esa gama completa de   sentimientos por los que transita Habacuc al darse cuenta de sus olvidos.

Rueda mi mente es de esas obras que poco a poco van metiéndose en el cerebro, el corazón y el ánimo del espectador. Fui a verla con mi amigo Arturo, y al salir no dejamos de hablar del tema, pues la puesta en escena te impacta y te orilla a reflexionar sobre un asunto con el que todos, sin excepción, estamos ligados de alguna manera: la vejez y sus estragos.  

hugohernandez@mejorteatro.com