Tras bambalinas

Microteatro

Qunice por 15 por 15. Esa es la regla. No, no se trata de una fórmula matemática. Es  la premisa que rige el tan de  moda Microteatro, que hoy triunfa en la Ciudad de México; para ser más exactos, en el número 13 de la calle Roble, en la tradicional colonia de Santa María la Ribera.

La aventura comienza desde la entrada donde, en un tono totalmente desenfadado, amigable, una especie de recepcionista te da la bienvenida y te explica en qué consiste el “espectáculo”:

Se trata, dice, de 13 obras que suceden en distintas habitaciones de aquella casa (algunas simultáneamente); cada montaje dura 15 minutos, sucede en un espacio de 15 metros cuadrados y es para un máximo de 15 espectadores. De cada montaje hay tres o hasta 4 funciones por noche.

Este formato, surgido en Madrid hace menos de un lustro, viajó luego a Miami, y de ahí saltó hace un par de años al DF, donde ha tenido una sorprendente aceptación.

De las 13 obras que se ofertan, el espectador puede seleccionar hasta un máximo de seis para ver en una noche. Puede ser solo una o escoger un combo de tres, o uno de seis. Al comprarlo recibirá además una bebida en cortesía y, mientras la disfruta, se encontrará en la pequeña cafetería, o en el lobby, a alguno de los actores o directores o dramaturgos, pues muchos andan por ahí esperando su momento de entrar a escena.

Por tus vicios es el tema en torno del cual giran las historias que ahora se presentan, y que surgieron de una convocatoria a la que puede inscribirse cualquiera con seudónimo, para que no haya preferencias en la selección. Esto arroja una muestra variopinta (en edad, preparación, origen, etcétera) de dramaturgos, al igual que de actores y directores.

Ahora, por ejemplo, puede verse una obra como I castrati, escrita por la experimentada y premiada Bárbara Colio, o una como #BFF, del novel Sebastián Torres, quien además actúa también en la misma.

Marta Luna, Beatriz Moreno, Laura de Ita, Sergio Bonilla, Tizoc Arroyo, Carlos Orozco, Valeria Vera o Amanda Farah son algunos de los muchos nombres que aparecen en los carteles que, cual menú en un restaurante, promocionan las obras para que el  público las seleccione y deguste las que quiera.

Nada fácil debe ser coordinar este circo de 13 pistas, pues cada montaje requiere de escenografía, iluminación, audio, camerinos, boleteros, acomodadores, y todos los rubros inherentes a un montaje teatral. Y todos, por lo que vi, suceden con la precisión de un reloj suizo.

hugohernandez@mejorteatro.com