Tras bambalinas

'La última palabra'

Hace poco más de una década, un amigo fan del teatro musical me invitó a una reunión de amantes de los musicales que una vez al mes se juntaban para intercambiar grabaciones, programas de mano, anécdotas, etcétera.

Fue simpático, pero no lo suficiente para seguir asistiendo. Sin embargo, aquella tarde conocí a varias personas con las que, con el paso del tiempo y gracias a nuestro amor por el teatro, he establecido una sólida relación.

Una de esas personas es Eloy Hernández, incansable promotor teatral, quien poco a poco se ha ganado un lugar en este nada fácil ambiente, con proyectos cada vez más sólidos y ambiciosos. Y prueba de ello es La última palabra, un montaje estupendo que se presenta únicamente los lunes en el foro principal del Teatro Helénico.

Se trata de una muy singular comedia que aborda uno de los ámbitos más oscuros de la realidad nacional: la impartición de justicia.

Escrita por Luis Agustoni, dramaturgo argentino de quien vimos hace algunos años su estupenda obra Los lobos, que también abordaba oscuros temas políticos, La última palabra es una puesta en escena redonda: texto, dirección, adaptación, actuaciones y escenografía son brillantes.

La obra cuenta el encuentro (enfrentamiento) de tres magistrados y una secretaria de actas del Tribunal Superior de Justicia, quienes deben deliberar sobre el caso de una mujer acusada de matar a su marido en defensa propia. Al estupendo texto hay que agregar una muy atinada adaptación, realizada por Roberto D'Amico, quien traslada todo estupendamente a la realidad mexicana.

Excelente la dirección de Angélica Aragón, quien da al montaje el ritmo adecuado y lleva al espectador de la risa a la indignación, la emoción y la sorpresa, en un muy bien logrado subibaja de sentimientos.

Obviamente para lograrlo la directora se vale de cuatro estupendos actores: Roberto D'Amico (exacto como siempre), Víctor Huggo Martín, Pablo Perroni (cada trabajo mejor), y Adriana Llabrés (con paso firme hacia delante en cada trabajo).

El único pero que le pongo, que es una nimiedad, es la canción con la que cierra la obra. No tiene nada que ver con el montaje.

La última palabra es un buen ejemplo de un trabajo teatral encabezado por alguien que no busca los reflectores para sí, sino para el espectáculo, en este caso Eloy Hernández, acompañado por Mariano Ducombs, como productores. 

hugohernandez@mejorteatro.com