Tras bambalinas

El Jefe tiene permiso

Como muchos estudiantes de Comunicación, conocí a Vicente Leñero por el Manual de periodismo, que escribió junto con Carlos Marín y que es infaltable en las escuelas donde se enseña esta disciplina.

Eran mediados de los 80, y por aquellos mismos años mi gusto por el teatro era ya una verdadera pasión. Gracias a ella pude ver en el teatro Tepeyac un montaje que aún hoy me emociona recordar. Se trataba de Lamudanza, con Silvia Mariscal y Octavio Galindo como protagonistas, bajo la dirección de Adam Guevara y un texto maravilloso, obviamente, del maestro Leñero.

Desde entonces cada vez que había en cartelera  una obra escrita por Leñero corría a verla.

Hoy, gracias a la magia de los libros, he podido recordar algunos de esos maravillosos montajes en Vivir delteatro, una compilación de ensayos que Leñero escribió entre 1968 y 2004, en los que detalla en tres etapas (obviamente designadas aquí Primera, Segunda y Tercera Llamada), su paso por el mundo de la dramaturgia y las puestas en escena correspondientes.

He de confesar que tengo en mi librero una edición anterior de este libro, que abarca solo las dos primeras etapas, y que por X o Z razones había solo hojeado. Una muy querida amiga, la profesora Lourdes López, de la FES Acatlán, sabiendo mi gusto por Leñero (como dramaturgo, novelista, reportero, guionista…) me obsequió en diciembre pasado la actual edición, ahora sí completa, publicada por el Fondo de Cultura Económica y estoy extasiado con la lectura; tanto, que no quiero que se acabe.

Con la maestría que tiene para escribir, Vicente Leñero mete al lector en cada una de los procesos que vivió con sus distintas obras, desde Pueblo rechazado, pasando por Los albañiles, Los hijos de Sánchez, El martiriode Morelos, La visita del ángel, y un largo etcétera.

A través de su ojo agudo, de su pluma irónica y de su elocuencia narrativa, nos acercamos a directores (como Ignacio Retes, Luis de Tavira, Julio Castillo), a actores (Ignacio López Tarso, Enrique Lizalde, Ofelia Guilmáin, Hécrtor Bonilla), productores (como Manolo Fábregas o Marcial Dávila), y a instituciones, teatros, gobiernos, y mil recovecos más del ambiente teatral.

Fascinante, emotivo, inteligente, divertido, revelador, muchos son los calificativos para Vivir del teatro, un libro que recupera el paso del gran Vicente Leñero por los escenarios, de los cuales, recientemente y ahora sí en forma definitiva, se despidió.

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