Tras bambalinas

"Edipo"

Aunque fueron escritas hace 25 siglos, siguen vigentes como si hubieran sido concebidas ayer. Se trata de las tragedias griegas que, como todo mundo sabe, a lo largo de los últimos 2 mil 500 años han traspasado los límites teatrales y hoy son referencia en múltiples campos de la actividad humana, tanto artística como científica.

Tal es el caso de Edipo, una historia que ha servido de base para múltiples reinterpretaciones, escénicas, como la que trajo a México, como parte del programa del Festival Cervantino, la compañía belga que encabeza José Besprosvany, nacido en México y radicado en Bélgica desde hace 30 años.

Se trata de un conmovedor espectáculo interdisciplinario, que utiliza el teatro, la danza, la música, la luz, las sombras y el video para contar de una manera actual y muy efectiva el relato del hombre que cumpliendo su destino sin saberlo, mata a su padre y se acuesta con su madre, con quien procrea hijos, que al mismo tiempo son sus hermanos, para finalmente sacarse los ojos, en castigo a sus culpas.

Cinco actores y cinco bailarines integran el elenco de esta puesta en escena que se representó en francés con proyección de subtítulos en español, y que permitió al público mexicano revivir una historia que, aunque es conocida por todos, conmovió por la perfección de una puesta en escena actual y diferente.

A partir del texto original de Sófocles, Olivier Kemeid, destacado dramaturgo quebecúa, escribió esta versión que en poco más de 90 minutos resume muy atinadamente la esencia de la misma. La acción transcurre en la época actual, a lo cual ayuda muy bien el minimalista video que se usa, pero que da a la puesta una dimensión épica, con lugares abiertos y gigantescos.

A esto hay que sumar cinco interpretaciones sólidas, exactas de cada uno de los cinco actores que dan vida a la trama y que como en las tragedias griegas alternan con las intervenciones del coro, que en esta versión, el director ha transformado en cinco bailarines que con una fuerza y una precisión maravillosos, dan vida a esa “voz de la conciencia” que debe cumplir el coro en toda tragedia.

Hay que destacar el manejo del teatro de sombras que usa el director para la puesta, y que acentúa el fatalismo que todo el tiempo está presente en la obra.

Resultó un verdadero hallazgo ver esta puesta en escena, que fue un botón de muestra de la calidad que sigue teniendo el Festival Cervantino, el más grande de nuestro país, y uno de los principales en el mundo entero.

hugohernandez@mejorteatro.com